mi música

Algo sobre mi

Algo sobre mi:

En lo que yo soy ahora han influido tanto las circunstancias de mi vida, como las personas que han desfilado por ella.


Entre las personas, los primeros mis padres. Mi padre, que por desgracia ya no vive, es la persona más honrada, justa y responsable que he conocido. Parece un tópico, sobre todo porque ya no esta, pero es la realidad, jamás le vi apartarse de lo que era correcto y repito honrado.

Mi madre, pues parecida a mi padre, una persona íntegra y con infinito espíritu de sacrificio hacia los demás y una sensatez y sensibilidad que hace que sea imprescindible pilar de la familia.

Mis hermanos, cuatro, todos chicos, bueno como es normal tenemos nuestros mas y nuestros menos, pero en general nunca llegó la sangre al río y sé que detrás de mi están todos, los cuatro para recogerme si caigo. Y lo mismo para cada uno, siempre estamos, incluso antes de que se nos llame.

Y una tía que es casi mi segunda madre.

Y después mis amigas, las que conservo desde que tenía 11 meses (si, meses) que fue cuando llegamos al barrio de Madrid, allá por los años... me cuesta decir mi edad, no es que me sienta mayor, pero si digo la edad lo voy a parecer.

Y ya solo quedaría nombrar el resto de personas que he ido conociendo y que casi todas han sido buenas y han dejado una imborrable huella dentro de mi. (las menos buenas también dejaron huella, por desgracia)

Me queda por mencionar a mi propia familia, quiero decir la que creé yo misma junto a mi marido, y se compone, de momento de él y mis dos hijos. Digo de momento porque ellos están ya en edad de empezar a vivir su propia vida,el mayor hace tiempo que la comparte con alguien, aunque todavía vive en casa con nosotros y la pequeña ya tiene también un proyecto (y que pena me da que se hagan tan mayores). Pero todo forma parte de un ciclo, que es el de nuestra existencia.

Y a esto añadiremos lo que tengo propiamente mío, que algo habrá también, aunque soy bastante simple e influenciable, con lo cual me acoplo a casi todas las situaciones y no me ha ido mal de esta manera.

Si habéis aguantado este pequeño tostón y os quedan ganas podéis leer algo de lo que escribo, que es como yo sencillo y simple.

------Gifs Animados - Imagenes Animadas

Me habéis visitado todas esta veces...

Seguidores

Visita también mi segundo bog: http://rosquillasalpoder.blogspot.com.es/

------Gifs Animados - Imagenes Animadas

POR FAVOR NO OLVIDES NUNCA DEFENDER LOS DERECHOS HUMANOS

POR FAVOR NO OLVIDES NUNCA  DEFENDER LOS DERECHOS HUMANOS
POR FAVOR NO OLVIDES NUNCA DEFENDER LOS DERECHOS HUMANOS

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER
8 de Marzo: LAS MUJERES MOVEMOS EL MUNDO.

Mi otro blog

Mis libros preferidos.

Mis libros preferidos.
Este blog tiene otra página con los libros que me gustan o voy leyendo este año.

viernes, 5 de octubre de 2012

Crisis




Todo está en crisis,
crisis económica, crisis financiera,
crisis de valores, crisis de poetas.

Crisis de sinceridad, crisis de alimentos,
crisis de seguridad, crisis sanitaria,
crisis de aliento.

Crisis de risas, crisis de sueño,
crisis de verdad, crisis de talento,
crisis con prisas.

Crisis de recursos,
no tengo ni un bolígrafo siquiera,
y en medio de mi crisis,
se me escapa este poema.

©Asun, junio 2011

domingo, 30 de septiembre de 2012

Un reto que debo conseguir


Esta semana con motivo del día internacional de las Personas Sordas, el 25 de septiembre, he recordado y sentido ansiedad al pensar en:
Otra de las cosas que no puedo quedarme sin aprender es el lenguaje de signos, llevo años mostrando interés por este colectivo, y aún no he visto cumplido este deseo.
Me parece algo mágico contemplar una conversación entre dos o más personas que se comunican en lengua de signos.
Yo la verdad le veo muchas más ventajas que inconvenientes. Lo comprobé un año en el que momentáneamente fui muda.
Desarrollé mi propio lenguaje de signos con mi marido e hijos, y tengo que reconocer que estos últimos me obedecían más instantáneamente que cuando les soltaba cuatro gritos. Y además a distancia, simplemente con tener contacto visual, les decía todo, independientemente de que se encontraran muy lejos, o hubiera especial ruido en el ambiente. Y con la ventaja de que nadie más sabía lo que nos estábamos diciendo.

A mí me encantó la experiencia, por eso estoy deseando cumplir este sueño: aprender el auténtico LENGUAJE DE SIGNOS.

®Asun 29 de septiembre de 2012 

miércoles, 26 de septiembre de 2012

La llegada del otoño


  La llegada del otoño es siempre para mi, repentina e inesperada. Algo totalmente ilógico, pues desde la más tierna infancia hemos aprendido las estaciones de año: Primavera, Verano, Otoño e Invierno.
     Pero es inevitable, de repente un día me levanto con una oscuridad inusual, es la hora de todos los días y aún no ha amanecido. Y los árboles del parquecillo de enfrente de casa se mueven en una danza alocada muy distinta a esa perezosa quietud a la que me habían acostumbrado durante la canícula.
     Salgo a la calle y mis pies todavía casi descalzos en las sandalias veraniegas, notan una desagradable humedad, ha empezado a caer una mansa lluvia, mansa pero fría, y sus gotitas se clavan como diminutos alfileres en la piel, que añora la calidez del sol y su caricia festiva.
     A media mañana, compruebo que no solo se ha nublado el día, sino mi ánimo, parecen haberse apagado las luces de la fiesta, y los ecos de las risas despreocupadas y veraniegas, son ya solo ecos.
     El alma se encoje un poquito sobre sí misma y suspira satisfecha, ya ha aceptado el encuentro con la sosegada tranquilidad, un poquito melancólica, que le trae la nueva estación. Y se despereza respirando el aire fresco inundado de nuevos olores, a lejanas tierras mojadas, y se abre a nuevos sonidos, los de hojas que caen lentamente y crujen bajo pisadas rápidas.
     La llegada del otoño, es siempre para mi repentina e inesperada, pero es como la vuelta a casa después de largos meses de viaje, no recordabas lo mucho que te gusta estar allí, pero cuando has llegado no sabes como pudiste estar lejos. Igual que la llegada del otoño, no recordaba sus sensaciones, pero en cuanto me envuelven, se cuanto las echaba de menos.




Asun© 26 de septiembre de 2012

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Equipo Paralímpico Español


    Hoy quiero hacer desde aquí un reconocimiento. Espero y creo que ellos tendrán muchos y merecidos reconocimientos, pero desde aquí les demuestro mi admiración y mi cariño por lo que me han hecho sentir.
Estoy hablando de los deportistas paralímpicos, de todos los países, pero claro, al ser yo española, tengo un poquito más cerca a los míos, los de España.

    Y además porque he tenido la suerte de verlos a todos, tan jóvenes, tan guapos, tan llenos de vida, y por su puesto tan orgullosos, y hasta he tenido en mis manos alguna de sus medallas.
¡Qué sensación!, lo primero decir que son bastante pesadas, literalmente, pesan casi medio Kilo cada una, y tienen un buen tamaño. Nada que ver con esas que tenemos en casa, que hemos ganado en alguna carrera popular, o en las fiestas de nuestro pueblo.

     Nada que ver, estas eran de verdad, las auténticas, las que hemos visto ganar con tanto esfuerzo y con tanta emoción, con lágrimas en los ojos, ellos porque ven una recompensa a tanto entrenamiento y superación de dificultades. Y lágrimas mías, porque sin poder evitarlo me emociono al sentir que la vida siempre merece la pena, seamos como seamos, cada uno con sus diferentes capacidades, todos tenemos un sitio.

    Y estos jóvenes lo tienen en lo más alto del podio, pero no solo de los podios olímpicos sino del podio de su vida.

¡¡ Un fuerte aplauso para vosotros!!

martes, 28 de agosto de 2012

Tranquila, estará bien.(África)



      Por fin estaba amaneciendo. 
     Aunque no sabía por qué se alegraba. Tenía que pensar en lo que iban a hacer. Quedarse en la aldea no había sido muy buena idea, pero la noche había hecho bajar mucho la temperatura, y en medio de la oscuridad, y dada su nula experiencia en orientarse en la sabana, esta les pareció la mejor decisión. Volvió a pensar en las linternas, aquél “magnífico” pack de supervivencia comprado en Madrid, parecía tan completo y había demostrado ser tan inútil en el momento de necesitarlo, que no pudo por menos que sonreír. Aunque algo de culpa tuvo él por no revisar que todo funcionara o llevara pilas cargadas. Lo cierto es que nunca pensó que tendrían necesidad de usarlas.
      Y recordó el instante de intentar alumbrar aquél bulto que se movía lentamente en la orilla de aquella especie de vereda, que llevaban horas siguiendo. El bulto estaba tapado, casi parecía arropado, por unas cuantas hojas de esa planta que crecía por doquier y se asemejaba a la del tabaco.
De pronto el bulto pataleó y un llanto brioso y fuerte se hizo un hueco entre el frío y la oscuridad de la noche, para llenar todo el espacio. De todas las cosas que hubiéran imaginado encontrar, esta ocuparía el final en una lista de páginas y páginas.
- Es un bebé.
- Dios!! Cómo va a ser un bebé?
- Es una niña, y por su llanto yo diría que tiene una magnífica capacidad pulmonar.-Me miraste con esa mirada tan tuya de quererme fulminar y quitarme de tu vida para siempre.

Hicieron lo único que podían hacer, mirar atentamente a la niña, les pareció que estaba entera y sana, ninguno de ellos eran padres, y no tenían ninguna experiencia en bebés, pero les pareció que tendría unos tres o cuatro meses. Y claro lloraba, supusieron que  de frío y de hambre. La recogieron.

     Y reanudaron la marcha, después de darle un poco de agua con una cuchara, la niña se calmó y dejó de llorar. Luego un olor intenso a quemado, mezcla de maderas, lo inundaba todo. Siguieron caminando con muchísimo cuidado, y tropezaron con aquella especie de aldea.
    Fue impresionante, horrible, e impresionante. Todo estaba arrasado, era como una película, pero por desgracia real. Con todas las precauciones, ya todo lo hacían con extrema precaución, avanzaron por lo que parecía la “calle” principal, a un lado y a otros restos de cabañas reducidas a cenizas. De sus habitantes no había ningún rastro. Lo cual les alegraba y preocupaba por igual.
Después desapareció por completo la luna y la oscuridad ganó terreno, no avanzaban apenas y temían tropezar con cualquier cosa. Así que en una de las chozas que se mantenía bastante en pie, y después de comprobar torpemente que estaba vacía, se refugiaron y los tres, incluida la pequeña, se apretujaron entre sí, como comprendiendo que solo muy juntos podrían sobrevivir a esa noche de pesadilla.

    Volvió a la realidad con el llanto del bebé.

    Ya se veía bastante bien, aunque el sol apenas era una bolita roja saliendo por detrás de la extensión infinita de colinas y vegetación.

    Volvieron a darle agua, y se maravillaron de que la criatura agradecida les dedicara una sonrisa y se callara de nuevo plácidamente.

    Sin venir a cuento y sin quererlo fue él, el que empezó a llorar, mansamente, sin ser apenas consciente.
- Perdóname, perdóname, te he traído a un viaje absurdo, te he arrastrado a este maldito sitio, no sé como vamos a salir, y qué vamos a hacer con esta niña, se nos morirá…
Lloraba, lloraba sin parar, abrazado a sus rodillas, en un balanceo rítmico.
- Basta! Cállate!- le gritó ella, un poco sorprendida por su propia fuerza y determinación- No tengo que perdonarte nada, ya soy mayorcita, estoy aquí porque he querido, tu no  me has arrastrado, ni tienes la culpa de lo que nos pasa. Lo que pasa es que nos han vendido una película que no existe. Yo también creía que África eran unos crepúsculos maravillosos, unos amaneceres de impresionante aire puro y limpio y unos animales dando saltitos como en un inmenso zoo, puestos ahí solo para que nosotros disfrutemos de ellos. Pero mira África debe ser esto. Guerra, aldeas quemadas, niños en la cuneta, y odio, odio que lo impregna todo. Y la niña no se nos va a morir. Tranquilo, seguro que estará bien.

     Después de que ambos se calmaran un poco, miraron en sus exiguas provisiones algo que pudiera servir de alimento a la pequeña, porque el agua, que hasta ahora la había saciado tanto, en breve no sería suficiente. No se les ocurría nada, pero ella propuso hacer una especie de papilla triturando unas galletas y añadiendo un poco de agua. Ya que el principal alimento de los bebés eran las papillas de cereales y por su puesto la leche. Mientras hacía este improvisado desayuno para la niña ella empezó a hablar, como pensando en voz alta:

- Tendrá que servir, porque aquí no tenemos farmacia de guardia, ni centro comercial, donde encontrar todo lo necesario para cuidar a una niña de esa edad. No tenían pañales, chupetes, mordedores para sus encías, cunitas, hamaquitas, tronas, bañera especial, biberones, esterilizador de biberones, palillos de oídos, agua de mar para sus naricita, colonia suave, gel adecuado, bodis de una pieza, gotas para los gases y cólicos del lactante, capita para sacarlos y secarlos después de su baño diario, toallitas perfumadas para su culete, mantita ligera para sus siestecillas entre horas…

- Bueno me parece que esta niña es bastante más lista que nosotros, y sabe que todo eso que tú llamas necesario, no lo es en realidad. Mira como come, espera échale un poquito más de agua, parece un poco espesa. Mira, yo creo que esta niña es de otra raza, pero no porque sea mas negra que el tizón. No me mires así, sé que es preciosa, es lo mas bonito que jamás he visto, pero me refiero a que a pesar de tener unos pocos meses, sabe lo que es necesario y lo que no, sabe vivir.

- Desde luego, sabe vivir y aprovechar sus oportunidades, pero yo espero que no le siente mal esto que le estamos dando. Y que no se nos vuelva a hacer caquita, que no me quedan más que un par de clínex.

     La niña quedó satisfecha y ellos continuaron su camino, después de comer también un par de galletas cada uno.
Ninguno se atrevía a comentar lo que era evidente. No sabían a donde conduciría aquella senda, y esperaban no tropezar con ningún animal salvaje, ni con ningún convoy o patrulla o como demonios se llamase a los integrantes de las tribus que habían arrasado aquella aldea.

     La suerte estuvo de su parte. A lo lejos divisaron una carretera, y aunque empezaba a hacer un calor insoportable, consiguieron llegar a ella y pronto una camioneta paró al adelantarles.

     Recelosos se acercaron a ella. La conducía un hombre blanco. Les habló en inglés y se presentó como colaborador de una ONG, no tenían mucha elección y decidieron aceptar la invitación a subir y llegar con él al poblado más próximo, donde podrían enlazar con Gitarama y desde allí ir a Kigali.

     Como era de esperar les preguntó por la niña. Y una vez en la ciudad les invitó a dejársela a él. No sabían que hacer, seguramente era lo mejor, pues él vivía allí, conocía mejor el terreno y aunque era un poco inusual la situación, por lo que les explicó, nadie se entromete en la vida de lo nativos si no es estrictamente necesario, él vería como hacer.

     No se la dejaron, ambos comprendían que se hubieran desprendido de un gran problema, pero no fueron capaces, él dijo que era por la mirada de angustia que le dirigió ella, pero los dos sabían que ninguno quería abandonarla.

     Compraron leche en una de las casuchas del pueblo, echándola directamente en una de sus botellas de agua mineral. Y rezaron para que estuviera en condiciones óptimas. Volvieron a hacer una papilla parecida a la de la mañana, pero con leche esta vez, y la niña se la comió con un gusto y un apetito envidiables, y de nuevo hizo sus caquitas y demás necesidades. La limpiaron con todo el esmero y cuidado del mundo, con los dos únicos pañuelos de papel que les quedaban, y al atardecer montaron en el único autobús que llevaba a la capital, y que salía dos veces al día, en la mañana, y ahora al atardecer.

      Llegaron exhaustos, los tres. La niña, tan buena hasta ahora, comenzaba a dar señales de impaciencia. Entraron en el hotel donde se alojaban, el recepcionista les miró con desaprobación, sin duda pensaría algo extraño al verles con el bebé y supieron que pronto tendrían allí a la policía local.

     Tenían miedo, comprendían que la situación no estaba clara, antes de salir habían  leído las recomendaciones acerca de no viajar por su cuenta fuera de los parques naturales y de las zonas abiertamente turísticas. Pero les venció la imprudencia y el romanticismo absurdo de su idea africana, y sobre todo la seguridad que tienen innata la mayoría de los occidentales, de que nada les puede ocurrir, de ser los más civilizados del planeta y de que todo el planeta se rige por sus civilizadas normas y leyes.

     Pero aquí todo eso había dejado de tener sentido.

     De nuevo fue ella la que tomó la iniciativa. Llamó al teléfono de Dar-El-Salaam, que era su contacto consular más cercano, y pidió instrucciones sobre cuál debía ser su modo de actuar.
En contra de lo que hubieran deseado les apremiaron a ser ellos mismos los que se presentaran en la oficina central del Gobierno de la capital, y voluntariamente entregaran a la niña explicando ante todo que la habían encontrado casualmente y no en ese lugar donde realmente la encontraron, sino en cualquier otro donde es normal que un turista se mueva.

     Aunque no querían, sabían que debían hacerlo y no demorarse, sentían el peligro y el miedo correr velozmente junto a la sangre en sus venas, y un reloj invisible descontaba los minutos en una frenética cuenta atrás.

     Salieron, tomaron el primer taxi de la entrada del hotel y anunciaron la dirección al conductor. Este dudó un momento al verles con su preciada mercancía, esa niña, que ella apretaba contra sí. Pero por fin arrancó y les condujo hacia allí.

     Entraron y después de identificarse pidieron hablar con alguna autoridad relevante. Si algo caracteriza a estos países es su estricta organización militar en todo lo referente al gobierno y la policía, de modo que pronto se vieron escoltados y en presencia de alguna personalidad, a juzgar por su uniforme y solemnidad en el trato.
Explicaron la historia, arreglada como habían sugerido desde Tanzania, y después de unos momentos interminables. Su interlocutor asintió y en un perfecto inglés les dijo que todo estaba correcto y claro, se quedaban con la niña, que sería entregada a los servicios sociales. Y les despidió recomendándoles, educadamente, que dieran por terminado su viaje.

     Se marcharon manteniendo una aptitud despreocupada y tranquila, que era exactamente lo contrario que sentían en su interior. Subieron a otro taxi y volvieron al hotel. Recogieron todas sus pertenencias, pagaron la cuenta, y en el mismo taxi, que les esperaba a la entrada, se dirigieron al aeropuerto.

     No tenían cerrado el billete de vuelta, así que tomaron el primer vuelo a cualquier ciudad europea que saliera. Esta resultó ser Bruselas, como era de esperar, ya que Ruanda en su día había estado tutelada por Bélgica. Pero el vuelo no partía hasta primera hora del día siguiente.
No les importó, esperaron allí, entre el tumulto de viajeros, parecían sentirse así más seguros y acompañados.

     En Bruselas, sin salir del aeropuerto y por suerte, enlazaron con un vuelo a Madrid, comieron una hamburguesa, sin noción del tiempo, viajaban ajenos a todo, no habían cruzado palabra entre ellos, y no tenían ningún control sobre su aspecto físico, y apariencia, que empezaba a resultar evidentemente desastrosa.

     Descendieron en la T4 de Barajas. 
    Y aún sin hablarse, dieron la dirección de la casa de él. Nada más abrir la puerta y depositar el equipaje en el salón, se dejaron caer en el sillón y como si explotara un globo, ella comenzó a llorar, y él llorando igualmente, la abrazó, y contestó a sus gritos de “la niña, la niña”, con un tembloroso:

 “Tranquila, seguro que estará bien”.



Asun© 27 de agosto de 2012 

miércoles, 22 de agosto de 2012

Fiesta en el pueblo.

     Estábamos en Agosto, pleno verano, aunque en el pueblo el ambiente empieza ya a estar más fresco.
     Como si se hubieran contagiado de alguna epidemia extraña todos los pueblos celebran sus fiestas, uno detrás de otro. No todos a la vez porque quieren asegurarse la asistencia del público, unos para que sea más divertido, otros para que la iglesia esté más llena, otros por el negocio puro y duro, y los románticos por si encuentran a su definitiva pareja.

     El caso es que la alegría parece flotar en el ambiente, las peñas ya has sacado sus camisetas, algunos las estrenan porque son nuevos, nuevos casi en todo, pero más que nada en la vida y tienen la urgencia de llegar cuanto antes, no pueden evitar vivir con prisa, así será su primera peña, su primera noche entera fuera, y puede que su primera y contundente borrachera.
     Los más mayores sin embargo se debaten entre disfrutar de estos días y el pensar que quizá sea su última procesión, su último mirar como se ha vestido fulanita o lo estropeado que está aquel otro, vaya bajón que ha dado, con lo guapo que era a los veinte años!
     Por fin llega la noche y se oyen los primeros compases en la plaza y como no son aún las 12, la hora de cenicienta, pero no la hora de irse a su casa, sino la de que se venga,  los músicos tocan pasodobles, rumbas, chachachás y ritmos de esos tan antiguos.
      Pero aunque falten, de momento, las cenicientas y los jóvenes príncipes, la plaza está llena. ¿Has visto? Comentan, este año sí que hay gente, mira “los del río” han venido todos, pero ¿dónde se meterán? Si puede que entre hijos, novios, maridos y niños sean más de 50 y la casa, la casa es como es, más bien pequeña. ¿Y los de la alameda? Cada año más antipáticos, ¿te das cuenta?
     Y de repente entre baile y baile llega la tormenta, que inevitablemente todos los años está invitada a la verbena. Lo típico, rayos, truenos y centellas y un chaparrón que arruina peinados, maquillajes, vestidos, zapatos y en los peores casos huesos, reumas, cabezas, bronquios y tantas otras dolencias.
    Y para los príncipes y principesas lo peor de todo: se arruinó la orquesta y no solo la de verdad, vamos la de los músicos de carne y hueso, sino la otra: la virtual, la enlatada, que por otro lado es la que más les gusta a ellos porque así se aseguran el escuchar lo suyo, lo más nuevo.
     Pero por hoy se acabó el festejo: el último trueno o relámpago, no se sabe cuál del los dos, ha destrozado el tendido eléctrico.
     De repente todo en silencio, a oscuras, todo el mundo descompuesto. Menos los que viven en la plaza, esos están contentos pues al menos esta noche van a dormir con la tranquilidad de Enero.

Asun© Agosto de 2011

martes, 14 de agosto de 2012

Un verano extraño y diferente

     Este verano de 2012 ha sido así para mí, extraño y diferente. Diferetne porque ha sido el primero que he estado sin mi hija, y estar sin mi hija ha sido extaño, extrañísimo.

     En este verano en el que cada día aumenta el número de personas desempleadas y la famosa prima, se empeña en ser mas de "riesgo" que nunca, mi hija se ha empeñado en trabajar. Y como casi todo lo que se propone, lo consigue, porque lo hace a conciencia, haciendo gala de su preparación y responsabilidad. Por su sentido de responsabilidad, pensó que si las tasas universitarias subían casi el doble en el próximo curso, ella no podía quedarse de brazos cruzados ante el doble esfuerzo que sería para nosotros, sus padres. Bueno eso y que este año tiene el famoso viaje del paso del ecuador, el que tradicionalmente se hace cuando se ha pasado de la mitad de la carrera.

     Y aquí estamos en la playa como todos los años, con un mes por delante y sin la niña.

      Pero no es como todos los años, no es la misma casa ni la misma playa. En la casa hay una puerta, la de su habitación, que si está cerrada ofrece una extaña visión, y si está abierta la ofrece aún peor, se ve el vacío, se toca el silencio.

     Y la playa no es la misma tampoco, no es el mismo agua, no es su  sal, ni su  transparencia, no son sus espumosas olas incansables en su ir y venir, dejando a nuestros pies un rastro de blanco merengue, como si del borde de un pastel se tratara.

     Y no es el mismo viento, brisa suave que quiere acariciarte y envolverte en su frescor húmedo, y peina nuestros cabellos haciéndolos ondear delicadamente.

     Ni siquiera es el mismo sol, tan claro, amaneciendo como una bolita anaranjada, y llenando de color elhorizonte en una explosión de vida, como si todos los días fueran el primero, y fuera la primera vez que el mar se viste de azules, y las nubes de blancos y a la arena le presta una suavidad especial, cuando la deja libre de la humedad de la noche, tan seca y suelta como los finos polvos de talco, cediendo bajo nuestros pies.

     Pero nada es lo mismo, porque en el agua no juegan sus brazos al nadar, en brazadas suaves, mientras su rostro se hunde y vuelve a salir, respirando acompasadamente, deslizándose, arañando apenas la superficie del mar.

     No es lo mismo el viento, porque entre los cabellos que juega a enredar no están los suyos, que se volvían cada día más dorados, en contraste con su piel, cada día mas morena.

     Y el sol no pone reflejos en sus ojos, para pasar un tono de verde a otro, y dejarlos casi transparentes.

     Y la arena espera atrapar una huella conocida, pero que no va a llegar este año, porque su figura no se dibuja cada mañana en su correr por la orilla, en un ejercicio breve y elegante.

     Nada es igual este verano, tan diferente y extraño.

Asun 14 de Agosto de 2012

jueves, 5 de julio de 2012

Un paseo en moto


- Sube que te llevo a casa.
- Si hombre, que te has creído tu eso.

     Pero me monté, en realidad estaba deseándolo desde hacía tiempo.
Cerré los ojos un instante mientras pensaba que si me viera mi padre me mataba. Y si me viera mi madre se moría. Asique  solo me queda esperar que ninguno de los dos se enterara de que estaba aquí. Abrazada a este chico, a su espalda, puede que mas pegada a él de lo que sería necesario. Y sintiendo el viento que se lleva mi pelo hacia atrás, y que mis piernas se comían todo el sol del atardecer y eran la envidia de los que se cruzaban con nosotros en la carretera.

     Me pareció que si aquello no era la felicidad, tenía que estar muy cerca.

     Pero como todo lo bueno y maravilloso, este instante no duró más que lo que un municipal tardó en hacernos bajar, echarnos una bronca de cojones, y llamar a nuestros padres para que pagaran el multazo que nos acababan de meter y nos llevaran a casa, mientras ellos inmovilizaban la moto allí mismo, por no llevar casco, ni papeles, ni carnet de conducir ni siquiera el DNI, ninguno de los dos, siendo además menores.
     Cuando mi padre llegó se me caía la cara de vergüenza, y sobre todo porque llevaba razón cuando me decía que estaba loca y que nos podíamos haber matado a semejante velocidad, sin casco y mirando mi pantaloncito que a duras penas me tapaba un poco más que el culete, no hacía más que repetir, y tu así, así… sin acabar la frase.
Me prometí que jamás volvería a subir en la moto con ese tontaina.

- Subes?
- Tu eres tonto, o eres tonto?

Pero después de mirarle y ver cómo me sonreía, cerré los ojos y subí, al menos hoy llevaba pantalón largo…


Asun® 5 de Julio de 2012

martes, 3 de julio de 2012

Carta para mi amor

“Carta para mi amor, mi principio y mi fin”

     De repente, te veo aquí en la cocina, preparándome el té y para ti el vaso de leche bien caliente y con miel, de todas las noches. Te miro, te mueves despacio, no tenemos prisa.

     No tenemos prisa, precisamente ahora que tenemos tiempo, que estamos solos, y tenemos la certeza de que nadie va a interrumpirnos, ningún niño llorará para que le saquemos de su pesadilla, ni gritará con impaciente urgencia que tiene sed, ni se asomará apoyado en el quicio de nuestra puerta, en el peor de los momentos imaginables para separar a dos personas que no son dos personas sino una, en una confusión de brazos, piernas y bocas que se buscan, con deseo y devoción.

     Cuántas maldiciones derramadas por ti, y pensadas por mi, en esos momentos, malditos niños, ¡cuándo serán mayores y se irán de casa!

     Y el tiempo detenido, hasta que todo volvía a quedar en silencio, y la magia nos envolvía de nuevo y un roce de pieles hacía volar las manos, que necesitan tocar todo, acariciar, hundir, sentir que ese otro cuerpo está allí, dispuesto para ser principio y fin del otro.

     Y precisamente ahora, los niños se han hecho mayores, y se han ido de casa, y no tenemos prisa.

     Y te sientas a mi lado, y me ofreces mi taza, y me dices: “cuidado que quema mucho” y no te das cuenta de que es lo mismo que me repites cada noche. Y yo te contesto:” Umm, sí, sí, ¡qué rico!” y no me doy cuenta de que es lo mismo que te digo también cada noche.

     Pero te miro, y veo que aunque así en la cocina, y con este repetido gesto frente a mi té y tu frente a tu vaso de leche, la magia nos está envolviendo de nuevo, y está haciendo volar nuestras manos, para rozarse y sentir, así sin prisa, que después de casi medio siglo, nuestros cuerpos siguen siendo principio y fin uno del otro.

      Y solo espero que durante mucho tiempo más, aún con una mirada, sigamos bebiendo del hechizo de sabernos tan dulcemente unidos.


Un infinito beso de tu amor, tu principio y tu fin.

Asun®3 de julio de 2012

jueves, 28 de junio de 2012

Historia de un espejo


Hola, aunque parezca raro soy un espejo, ¿Qué los espejos no hablan?, serán otros, yo sí. Vivo en esta casa hace mucho tiempo, desde que me trajo la dueña, mi querida amita Marina. Con Marina vive también su novio Jaime, ambos son muy jóvenes, pero un día decidieron que estando tan bien juntos, debían dar el siguiente paso y no vivir ni un minuto más separados.

Ella me descubrió en una tienda de esas donde se vende de todo y casi todo al mismo precio. En realidad no me descubrió ella, sino que yo la elegí. Se puso delante de mí y miró su reflejo y el que yo le devolví le gustó mucho. Porque los espejos podemos ofrecer la imagen que queramos de cada persona que viene a ponerse frente a nosotros.

Tenemos un sentido especial que nos hace ver su interior y según convenga damos un reflejo amable de cada uno, quizá un poquito más delgadas para alguna dama preocupada con su cintura. O aumentamos un poco la sensación de altura en algún caballero apurado, damos una dulzura especial a unos ojos un poco tristes, o un aire de confianza a los muchachos en esas edades donde solo ven fastidiosos granos en su rostro.

A Marina le devolví un reflejo aún más radiante del que ella traía, no me esforcé mucho, la verdad, pues su cara sonriente y sus ojos llenos de vida me atraparon sin remedio. Y la enamoré, pasó su mano por mi contorno y decidió que era perfecto para su vestidor. Desde entonces todas las mañanas me encargo de que su imagen sea perfecta antes de salir a enfrentarse con el mundo.

De esto hace ya más de cinco años. Y he tenido que hacer muy poco para mejorar a mi amita, porque ella está siempre preciosa, pues lo que yo veo en ella es su felicidad, desde su imagen revuelta después de una noche de pasión, hasta su bostezo de cansancio, cuando vuelve del trabajo con la lengua fuera.

A veces se viene a ver también Jaime, su amor. El me desconcierta un poco, yo veo algo detrás de sus ojos de hombretón joven y sano, es una sombra, que se acentúa cuando la mira a ella. Demasiado posesivo, me dice mi instinto. Sin embargo Marina refleja una luz especial cuando ve esos ojos de Jaime fijos en su cuerpo. Y a mí se me derrumban los argumentos en contra de él, porque solo deseo verla siempre así, brillando.

Hace unas semanas que veo en mi amita, un velo que cubre su cara, es muy tenue y recuerda al que la envolvía en los días amargos de la enfermedad de su padre, y que le robaba su alegría hasta el día en que él falleció, y se volvió tupido y negro, desfigurando su imagen. Luego se recuperó y volvió a brillar. Pero ahora ese tul oscuro empieza a empañar sus ojos de nuevo.

Y no hay nadie enfermo, incluso sé que la vida le sonríe en su carrera, pues se mira con diferentes vestidos, y zapatos, que es algo con lo que ella disfruta tanto, cambiando su aspecto para resultar más guapa y atractiva.

Hoy Marina me ha asustado, su maquillaje es excesivo, pero a mi no me engaña, yo veo por debajo de él y por encima de su forzada sonrisa. Y lo que veo no me gusta.
Me da miedo ese color violeta que se confunde con la sombra de ojos, esa que pretende iluminar su mirada, pero solo da un toque más de oscuridad al profundo abismo que se abre ante ella.

Hace varios días que mi amita no viene a mirarse, se viste de espaldas a mí. Y aún así noto sus lágrimas quemando mi superficie.
Sin embargo en un descuido he visto su rostro, se miró de reojo, no puede verse de frente, no resiste contemplar su reflejo, que yo, ya no puedo suavizar, sus ojos están definitivamente apagados, en una cara que no reconozco, sus labios hinchados y un profundo corte en la ceja.

Ha cerrado la puerta tras de sí, pero alguien la abre de una patada fuerte, impresionante. Es Jaime, pero parece otro. Su cara refleja un desprecio que no soy capaz de devolver. Solo puedo contemplar la escena, ni siquiera reflejarla.

Marina está desarmada, no ofrece ninguna resistencia, simplemente espera. Espera convencida de que es su destino, con el mismo convencimiento que tuvo, cuando esperaba sus besos, de que viviría junto a él para siempre. Ahora sabe que ese para siempre termina aquí, solo puede esperar morir junto a él.

Y se deja hacer, deja que la ira de él concentrada en sus manos apriete su cuello. Mientras su último aliento empaña mi superficie e intento retener esa imagen cual macabra fotografía de un triste final.



Asun© 28 de junio de 2012

sábado, 23 de junio de 2012

Amor con síndrome


     El amor está en sus manos, en sus sonrisas, en su cuerpo. Está en ellos por separado, pero juntos, están aún mas llenos.
     Mucha gente los mira, ellos caminan ajenos, nada les importa, ya no tienen miedo.
Y ¿porqué iban a tenerlo?, si acaso que lo tengan ellos, los que por decirse a sí mismos “normales” se creen con mas derecho y gustan de llamarles los del  síndrome de esto, o de aquello.
     Al llegar a la esquina se despiden con un gesto tímido, un abrazo tierno y una mirada que encierra un te quiero. Quizá mañana ensayarán un torpe beso.



Asun© 20 de junio de 2012 

sábado, 16 de junio de 2012

Blanco sobre negro, tierra sobre cielo.


 
     Eva hacía todos los días el mismo camino de ida y vuelta al trabajo.

Casi a la misma hora bajaba al metro, ese mundo subterráneo de trenes que van y vienen, que abren sus puertas impersonales, pero llevan en sus entrañas miles de vidas individuales, que se despojan de su identidad para formar una masa conjunta. A primera hora veía rostros maquillados, labios recién pintados, gominas en los cabellos y mezcla de olores a lavandas, jazmines, aromas de jóvenes a vainilla, cocos y frambuesas, y entre todos ellos a veces, un olor rancio que se comía a los demás, olor a sudor primario, que se cuela desde la ventana abierta de la pobreza, la ausencia de educación o la dejadez. 

     Y a las tres, la vuelta a casa, podría hacer el camino con los ojos cerrados, otra vez en el metro. Conocía cada pintada de las paredes, cada peldaño roto en sus escaleras y cada una de las mercancías expuestas en esas mantas de vendedores anónimos e ilegales, sin rostro que nadie identifique o reconozca.

     Entre todas estas caras hacía tiempo que Eva buscaba una, con urgencia y deseo, con la desesperación y necesidad con que se busca el oxigeno del aire en cada respiración.

     Necesitaba encontrarla desde que sin querer había invadido uno de estos cuadrados de tela cuajados de bolsos y cinturones, una mañana cuando el ir y venir de los viajeros del metro era especialmente ajetreado. Recibió un empujón y aunque hizo lo imposible por mantener el equilibrio, había caído sobre el colchón de falsos Loewes y Cartiers. El alto africano que lo presidía, la levantó, cogiéndola con sus manos enormes y su fuerza enorme, murmurando algo en cualquier idioma desconocido, con inconfundible tono de enfado e indignación.

     Ella avergonzada y dolorida en cuanto se vio de nuevo en pie alisó su falda contestando un casi inaudible “lo siento, perdón” y señalaba a la gente mientras se frotaba el codo. En  realidad se había dado un buen golpe, alguna hebilla de algún cinturón o bolso había arañado su fina piel dejando un rastro rojo en su blancura. 

     De nuevo las manos grandes y oscuras se acercaban a ella, que hizo ademán de retirarse, asustada, y levantó los ojos, hasta encontrarse con los de él.

     Blanco sobre negro. Tierra sobre cielo.
     Fuerza sobre dulzura. Miedo contra miedo.

El miedo de ella a sus ojos tierra, a su tez oscura, negra. A su fuerza rotunda.
El miedo de él a los ojos cielo de ella, a esa piel clara, fina, blanca. A su fragilidad de paloma asustada.
     Después del breve cruce de miradas Eva se dejó ayudar confiada y entregada a aquel abismo de fuerza y juventud, del que era un muchacho como ella y se sintió segura.
     El aflojó el ímpetu de su brazo, hasta ofrecer casi una caricia, rendido ante esa suavidad desconocida en una piel, que le había conmovido y despertado el deseo de su cuerpo joven, el mismo deseo que vio en los ojos de ella.

     Se despidieron con un torpe adiós, y con un nuevo roce de manos.
Y cada día se buscaban, hablaban un poco, se estudiaban, aprendían a entenderse y esperaban que la vida les ofreciera la ocasión de demostrar que hay un mundo posible por encima de la realidad del blanco sobre negro, tierra sobre cielo.




Asun®16 de junio de 2012

miércoles, 13 de junio de 2012

Mis lágrimas


A veces quiero llorar y no puedo,
Derrotada,
me siento mecer.
Lágrimas que se quedan dentro,
y nunca dejan de doler.
(*.
      *.)
(*.
A veces lloro cuando no quiero.
Manantial,
 agua que no cesa.
Lágrimas que vienen y no espero,
y nunca dejan de caer.
~..~..~..~..~..



Asun ©13 de junio de 2012

domingo, 10 de junio de 2012

Mi columna hoy Domingo 10 de Junio


Crónica de un rescate anunciado.
     Yo no soy economista. Soy ciudadana de a pie, pero en cierto modo también soy economista, ya que dirijo (gestiono) mi casa.
     Que nos iban a “rescatar” y que nuestra gestión económica era un fracaso, lo sabía yo hace meses.
     Porque hace meses que los españoles nos estamos rescatando unos a otros:
-Pensionistas que rescatan a sus hijos, que desempleados, mantienen a sus familias con la ayuda de la pensión de jubilación.
-Padres que ven como sus hijos regresan a casa después de una corta falacia de emancipación y vuelven con el fracaso de su proyecto personal de vida a sus espaldas.
-Jóvenes que a pesar de todo estudian en las universidades, sabiendo que tendrán que vivir lejos de su país si quieren ver el fruto de su esfuerzo.
 -Hermanos que se rescatan unos a otros.

     En mi caso, hace meses que estoy “al rescate” de alguien de la familia. Tocó fondo, y hubo que tomar una decisión rápida y eficaz, como en nuestra querida España.
Y como en España, su fracaso fue la crónica de una caída anunciada, porque el secreto de una buena gestión económica pasa por no gastar más de lo que se ingresa, y anticiparse a acontecimientos futuros imprevistos, por medio de previsiones dotadas de contenido (económico).
Y como en España, mi rescatado vivió por encima de sus posibilidades, no supo administrar sus recursos, y apostó mal, poniendo en peligro todo su patrimonio y arrastrando a los que dependían de él, su familia. Luego explicó eso sí, que todo fue fruto de las circunstancias que le rodeaban, pero esas mismas circunstancias me rodeaban a mí y yo soy la rescatadora.
Por eso sabía yo que nos tendrían que intervenir.
La diferencia es que mi rescatado no está siendo humillado, utilizado, ni despojado de su dignidad y soberanía por mí. Y por descontado no tendrá que devolver lo dado, ni con intereses, ni sin intereses, pues a mi rescate se le llama solidaridad.

      Y el de mi querida España, no sé qué nombre tendrá, pues como dije al principio, yo no soy economista.

Asun® 10 de junio de 2012

miércoles, 6 de junio de 2012

Iría y los niños.


Iría y los niños.

Iría estaba muy contenta. Acababa de terminar su carrera universitaria y había encontrado su primer empleo. Lo cual no era muy corriente en la época actual. Se trataba de un puesto de educadora en una escuela infantil. Algunos hubieran pensado que para trabajar en una guardería no había hecho falta tanta carrera, pero ella sabía que en la educación estaba el futuro y sobre todo que los pilares que sostendrán a una persona se generan en la primera edad.
     A pesar de no contar con experiencia laboral alguna, supo que había puesto ella mucho más entusiasmo en la entrevista que su futura jefa. Esta además no se interesó en ofrecerle una imagen atractiva del puesto de trabajo que le ofrecía, tuvo que ser ella la que aportara el deseo y la esperanza de que cristalizara la relación laboral entre ambas.
    Por fin salía de firmar el contrato, y se despedía hasta el día siguiente, en que empezaría a trabajar. Se propuso que todo fuera perfecto, no habría esfuerzo que escatimar por su parte para que su nueva etapa fuera fructífera.
     Se moría de impaciencia y nervios al llamar a la puerta de la escuela en su primer día de trabajo. Saludó a la Directora, y a su compañera, que con ella misma, formaban la plantilla. Eran las 7 de la mañana, en solo media hora empezarían a llegar los primeros niños.
     Pero no fue ella la que salió a recibirlos, a pesar de sus ganas por hacerlo comprendió las explicaciones de su jefa, no los conocía y era mejor que no fuera ella la que les abriera la puerta.
     Le indicaron que fuera a la cocina y allí empezó con los preparativos del desayuno que tomarían a medida que llegaran. Tuvo la impresión de que las cosas no estaban debidamente ordenadas, no solo allí, sino en el gran salón donde los niños debían pasar la mayor parte de su tiempo. Salió de la cocina y lo observó todo, había juguetes casi por todas partes, y la zona que supuso era para comer no le pareció muy cómoda.
     Volvió a la cocina, y preparó, atendiendo a su propio sentido común y a unas breves notas pegadas a las puertas de los armarios superiores, diferentes tipos de desayunos.
     Luego no hubo tiempo de nada, los niños llegaron casi todos en una misma tanda, y se juntaron llantos, toses, y gritos. Sin embargo una vez pasada esta primera hora, echaba de menos el barullo y sobre todo las risas, mirando desde la distancia de la cocina se diría que aquellos niños habían perdido la espontaneidad.
     Llegó el final del día, y como al principio, quiso salir a despedir a los niños y de nuevo la misma excusa, que no los conocía y no era buena idea. Así que los observó desde la distancia y vio que no parecían sentir la marcha, no es que esperara que no quisieran irse, pero no mostrar ni el mínimo cariño en la despedida, le chocó un poco.
     Volvió a la cocina, que parecía iba a ser su sitio natural, ordenó de nuevo lo manchado en la tarde y vació el lavavajillas, que ella misma había puesto con el menaje de la comida y desayunos. Después dispuso en la encimera lo necesario para los desayunos del día siguiente, recordando el desorden encontrado esa misma mañana, y procurando dejar todo, si no listo, al menos bastante adelantado.
     Oyó como se despedía su compañera, y también echó de menos unas palabras con ella, ¿no debía haberle preguntado que tal su primer día?
     Finalmente vio que también la Directora se ponía su abrigo y la venía a buscar para que hiciera ella lo mismo, y poder cerrar. Le preguntó como había pasado ese primer día de trabajo, gracias a Dios, sin embargo apenas escuchó su contestación.
     De camino a casa ordenó todas las impresiones, emociones y sentimientos que había tenido a lo largo de aquella agotadora primera jornada de trabajo.
    Iría era así metódica y pragmática, pero a la vez cariñosa, servicial y preocupada por todos los que la rodeaban. Desde el momento en que conocía a alguien se echaba sobre sus espaladas la responsabilidad de contribuir a su felicidad y bienestar. Pero este sentimiento se veía acrecentado cuando se trataba de niños. Por eso estaba deseando que amaneciera y volver a la guardería para ver a los niños.
    Extrañamente recordaba todos los nombres y era prácticamente capaz de ponerles cara y solo quería ver esas caritas siempre sonriendo, porque no podía imaginar nada más maravilloso que la franqueza y sinceridad de esas boquitas dejando ver unos dientes de juguete.



- Los papás de Jaime quieren verte, y también los de Sara, y los de Paula.
La directora se lo decía con voz autoritaria y seca, pero Iría sabía que no había nada que temer. Habían transcurrido dos meses desde su llegada a la escuela, y el cambio en todos los sentidos era insospechado.
     Los niños reían, y también lloraban, pero con una energía de niños sanos, contentos, con la seguridad de estar atendidos y ser queridos.
     Había cambiado también la disposición de los espacios, ahora se podían distinguir perfectamente tres zonas: la de los juegos, la de las comidas y una tercera para el descanso. Y los niños sabían claramente lo que se esperaba que hicieran en cada una de ellas, y lo que era más sorprendente después de unos días de metódico orden y horarios, todos lo respetaban bastante bien.
    Con ese mismo método y energía impuso su criterio en la cocina, las cosas debían estar el menor tiempo posible fuera de su sitio o sucias, si se recogía todo sobre la marcha y se dejaba listo para el día siguiente, pronto empezaron a ver que el tiempo cundía mas, y con menos esfuerzo. Sin contar con la apariencia siempre agradable a la vista de limpieza y eficacia.
     Así ella podía dedicarse mucho más a lo que realmente le apasionaba, estar con los niños, cuidarles, conocerles, enseñarles, en definitiva a educarles, llevarles a través de juegos y canciones, a descubrir sus habilidades, su carácter, conteniendo a los que necesitaban límites y animando a los que pedían un empujoncito.
    No era extraño que todos quisieran sentarse a su lado, que les diera de comer, que les dijera “sana, sana…” para que mágicamente sus heriditas y golpes se curaran de inmediato. Y ella encantada acudía a sus requerimientos, les saludaba a la entrada “buenos días princesa o súper campeón y ella era la última que les despedía a la salida.
Por ello acudió sin miedo a ver a los papás de aquellos niños que la estaban esperando y escuchó satisfecha su pregunta:
-¿Pero qué les das para que te quieran de esta manera?, Ya podías compartir tu secreto, porque además ¡te hacen caso!


Asun®6 de junio de 2012

domingo, 3 de junio de 2012

Se veía venir


 










Que no puede ser,
Que se veía venir
Que tu eres muy tuya,
Y yo soy muy de mí.

Que eres lo que más me importa,
Y yo lo que más te importa a ti,
Pero me dejas con cara de idiota
Cada vez que te lo quiero decir.

Y luego me buscas,
El remordimiento no te deja dormir,
Y yo de tus excusas,
Hago un chiste y no paro de reír.

Mejor cada uno por su lado,
Sin duda mucho mejor así,
Cretino, soso, atontado,
Cursi, ridícula rosa de pitiminí.

Ahora soy feliz,
De la que me he librado,
Pero ¿Qué hará ella sin mí?
Y sin mí ¿qué hará ese pesado?

Que no puede ser,
Que se veía venir,
Imposible estar contigo,
Imposible vivir sin ti.


Asun®3 de junio de 2012

viernes, 1 de junio de 2012

Mi gran secreto





Una nube en tus ojos,
Tormenta en mi corazón.
Una lágrima tuya,
Mi ahogo, mi dolor.

Una sombra en tu expresión,
Oscuridad para mi vida,
  Sin  tu sonrisa,
 Yo no existiría.

El roce de tu mano,
Caricia segura
                                                                                     Tu caminar a mi lado,
                                                                                      apoyo que todo cura.

                                                                                       Tus palabras,
                                                                                       Mi alimento.
                                                                                        Tú, mi gran amor.
                                                                                           Tú, mi gran secreto.


Asun®1 de junio de 2012

martes, 29 de mayo de 2012

La niña España



Nació la niña entre algodones,
hija de la opresión y la vergüenza,
vestida de esperanza y perdones,
tocada de corona su cabeza.

Infancia feliz y caprichosa,
todo era poco para ella,
cabecita loca, juventud impetuosa,
¿Hasta cuándo brillará tu estrella?

Apenas con treinta y cuatro años,
se apagó tu efímera belleza,
haciendo balance de daños,
arruinada y sumida en la mayor pobreza.

Tocó la niña fondo,
la princesa parece muerta,
llanto y quejido hondo,
mira hacia atrás y recupera tu fuerza.

Quiere la niña estrenar nueva ropa,
hecha de justicia, honradez y conciencia,
reconocer a quien la engaña,
apartarse quizá de Europa:
Y ser solo España, ser su propia dueña.

Asun®27 de mayo de 2012

viernes, 25 de mayo de 2012

La pareja más apasionada.


La pareja más apasionada.

      Me vuelves loca, loca, ya lo sabes. Ese movimiento hacia delante, hacia atrás. Tu cuerpo flexible dominando el mío. Me haces seguirte a donde quieras llevarme, ajustándome a tu ritmo suave o frenético.
     Así te sigo, jamás imaginé lo que mi cuerpo era capaz de hacer y estoy segura de que solo lo puedo conseguir junto al tuyo.
     Comprendo que esto ya sobrepasa la pasión y llega hasta la locura. Rozamos el cielo, o al menos yo.
    Ya  se que para ti no soy la única. Y seguramente sientes lo mismo con todas, aunque a mi me guste pensar que la complicidad y la química que desprendemos, y esa atmósfera que creamos cuando giramos unidos, no la consigues con ninguna otra.
    Porque para mi no hay duda, soy tu más apasionada e imposible de igualar, pareja de baile.
~-.~-.~-.~-.~-
Asun® 25 de mayo de 2012

lunes, 21 de mayo de 2012

Rap de los 25 años




No me digas más
Esa palabra,
La crisis,
No me interesa,
Tengo 25 años
Y me da pereza.

No hay dinero,
No hay trabajo,
Lo que no hay
Es vergüenza,
Tengo 25 años
Y me da pereza.

Mi padre
Cansado,
Mañana cierra
Su empresa.
Tengo 25 años
Y me da pereza.

Mi madre
Empleada
En la limpieza,
Va a siete casas.
Tengo 25 años
Y me da vergüenza.

Me da pereza
Tener 25 años
La vida deshecha
Sin dinero,
Sin trabajo,
Y con vergüenza.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Asun®20 de mayo de 2012