En un principio no sabía qué
decir, era una encerrona y todos me miraban. Estaba en la peor empresa imaginable.
No me gustaba el trabajo, odiaba sus
horarios y por supuesto, me caían fatal todos mis colegas. El jefe que
se llamaba Don Juan era el peor de todos, se había metido en mi vida de manera
imperdonable.
Pero delante de aquél cura, con los compañeros por testigos y con
un irresistible Don Juan a mi lado poniendo delicadamente un diamante en mi
dedo, dije que sí, sí quiero.
No parecían tan odiosos, al final.
Asun©8 de enero de 2017
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