mi música

Algo sobre mi

Algo sobre mi:

En lo que yo soy ahora han influido tanto las circunstancias de mi vida, como las personas que han desfilado por ella.


Entre las personas, los primeros mis padres. Mi padre, que por desgracia ya no vive, es la persona más honrada, justa y responsable que he conocido. Parece un tópico, sobre todo porque ya no esta, pero es la realidad, jamás le vi apartarse de lo que era correcto y repito honrado.

Mi madre, pues parecida a mi padre, una persona íntegra y con infinito espíritu de sacrificio hacia los demás y una sensatez y sensibilidad que hace que sea imprescindible pilar de la familia.

Mis hermanos, cuatro, todos chicos, bueno como es normal tenemos nuestros mas y nuestros menos, pero en general nunca llegó la sangre al río y sé que detrás de mi están todos, los cuatro para recogerme si caigo. Y lo mismo para cada uno, siempre estamos, incluso antes de que se nos llame.

Y una tía que es casi mi segunda madre.

Y después mis amigas, las que conservo desde que tenía 11 meses (si, meses) que fue cuando llegamos al barrio de Madrid, allá por los años... me cuesta decir mi edad, no es que me sienta mayor, pero si digo la edad lo voy a parecer.

Y ya solo quedaría nombrar el resto de personas que he ido conociendo y que casi todas han sido buenas y han dejado una imborrable huella dentro de mi. (las menos buenas también dejaron huella, por desgracia)

Me queda por mencionar a mi propia familia, quiero decir la que creé yo misma junto a mi marido, y se compone, de momento de él y mis dos hijos. Digo de momento porque ellos están ya en edad de empezar a vivir su propia vida,el mayor hace tiempo que la comparte con alguien, aunque todavía vive en casa con nosotros y la pequeña ya tiene también un proyecto (y que pena me da que se hagan tan mayores). Pero todo forma parte de un ciclo, que es el de nuestra existencia.

Y a esto añadiremos lo que tengo propiamente mío, que algo habrá también, aunque soy bastante simple e influenciable, con lo cual me acoplo a casi todas las situaciones y no me ha ido mal de esta manera.

Si habéis aguantado este pequeño tostón y os quedan ganas podéis leer algo de lo que escribo, que es como yo sencillo y simple.

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POR FAVOR NO OLVIDES NUNCA DEFENDER LOS DERECHOS HUMANOS

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DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

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Mi otro blog

Mis libros preferidos.

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Este blog tiene otra página con los libros que me gustan o voy leyendo este año.

domingo, 18 de octubre de 2015

“Maldito seas ( )”

Asistía al entierro de una anciana vecina de mi madre. Curiosa iba leyendo la letanía de epitafios de las tumbas, casi todos iguales, impersonales o empalagosos.
     Muy cerca, en la siguiente sepultura, rezaba uno que llamó mi atención.
“Maldito seas …”
     Algo en él indica que falta una tercera palabra. Intrigada me separo un poco de mi comitiva para verlo más de cerca, pero me detengo porque hay una mujer en la lápida. Como si mi mirada le hubiera tocado en el hombro, se vuelve y me contempla. Avergonzada dibujo un lo siento con mis labios. Me mira desde unos ojos asombrosamente vivos y jóvenes, en contraste con un rostro arrugado. Asiente con la cabeza y extiende la mano para repasar con un dedo tembloroso y artrítico, el contorno de las palabras: maldito seas… y la tercera antes borrada y ahora tan nítida como las anteriores “amor”. Me recorre un estremecimiento, creo comprender la dimensión de la leyenda, toda la pasión del amor y el dolor de una vida de ausencia, caben en esas tres palabras.
     Con emoción contenida vuelvo los ojos hacia ella, comprobando que ha desaparecido, igual que la tercera palabra.

     Entonces, aturdida, reparo en la fecha: 1815.
Asun©18/10/15
IMAGEN DE LA RED
Relato para Esta Noche te Cuento, puedes verlo y comentar AQUÍ

martes, 13 de octubre de 2015

Cumpleaños

  
     El puñetero ojo de la cerradura era demasiado pequeño. No conseguí ver nada. Pero los ruidos procedentes del cuarto eran suficientemente reveladores. Traqueteo de muelles, gemidos y hasta algún gritito sofocado.  Me fui de casa no dando crédito. No podía ser. No, él no, jamás. Y menos el día de mi cumpleaños.
     Volví ya muy entrada la noche, con mil mensajes y otras tantas llamadas ignoradas. Él me esperaba y parecía preocupado de veras, entonces vi una caja que se movía, rodeada de un gran lazo rosa. Dentro mi regalo, que jadeaba y daba grititos agudos.

— No sabes la pelea que tuvimos hasta que lo conseguí meter ahí.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Cincuenta y tres

      ¡Cuánta fuerza y qué poca puntería! Era lo que me decía mi padre, cada vez que despachaba a algún mozo con cajas destempladas. Siempre fui tan temperamental como impetuosa. Para bien o para mal, invertía el orden de los factores. Primero actuaba, luego pensaba y el resultado si que alteraba el producto. Con los años aprendí a contar, hasta diez, hasta cincuenta, me volví dócil, pacientemente sumisa. En boca de los demás, simplemente con él encontré la horma de mi zapato. Hasta hoy.

      Cincuenta y uno, cincuenta y dos… suficiente, se acabó. O lo mato yo, o tendré que morir en sus brazos.

Asun©16/09/15

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Olviditos

     Al abrir el contenedor, se dio cuenta de que estaba empezando a olvidar el nombre de las cosas. Miraba aquellos objetos sin poder nombrarlos. Esto le atormentaba sobremanera. Sin embargo recordó tranquilamente, para qué los había utilizado. Algo  fino de afilado corte, que acarició, igual que cuando lo hundió en el corazón de ella. Un cabo de cuerda, fuerte y ancha, con la que le inmovilizó brazos y piernas. Un mechón de algo rubio. Una especie de fundas, de las cuales solo necesitó una para introducirla antes de tirarla al canal.
     Imposible, no era capaz de recordar.


     A media mañana, apesadumbrado volvió al sótano, repentinamente miró al contenedor y triunfal dijo casi gritando: Baúl, cuchillo, soga, pelo, bolsas.

Asun©2 de septiembre de 2015

viernes, 21 de agosto de 2015

La bicicleta de la señora Carmen.

  En cuanto supo que tenía nueva vecina, doña Carmen llamó a mi puerta para presentarse. Era una mujer preciosa, a sus ochenta años largos conservaba un distinguido porte y me sorprendió comprobar cómo congeniamos de inmediato.

    Tanto que decidimos adoptarnos. Al fin y al cabo a mí me faltaba una abuela, ya que no había conocido a la mía materna y ella decía no tener hijos y añoraba la compañía de algún nieto.

     Sin embargo, mi madre no entendía esta complicidad.

     Mi madre era  adusta y desconfiada, quizá porque perdió a la suya cuando era muy niña en traumáticas circunstancias.

     Una tarde Carmen me regaló uno de sus mayores y mejor conservados tesoros: su bicicleta. Una reliquia de los años 40, pero tan limpia y dispuesta, como si nunca hubiera dejado de usarse.
Resultado de imagen de bicicletas de los años 40
     Como no me cabía en casa me convenció para que la guardara mi madre. Aunque precisamente ella aborrecía, sin saber exactamente por qué, las bicicletas. Carmen insistió: “Tú dile que venga, que esta le va a gustar”.

     Cuando la vio, dudó unos segundos pero pasó su  mano por el lomo metálico, acariciándolo,  como si ya conociera ese tacto. Luego miró a Carmen y temblando dijo: “¿eres tú?”



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lunes, 17 de agosto de 2015

Momentos//Reencuentro

Amanece, voy a tu encuentro.
Saludan mis pies, sonríe mi cuerpo,
Te acercas, aún con respeto, improvisas una caricia tierna.
Ha pasado tanto tiempo.

Buscas mis huellas, juegas alrededor, dudas.
¿Serán de ella?
Son profundas y tú extrañas aquellas, tan livianas como eran.
                                               
                                              Soy yo, si.
                                         Cargada de  vida, que ya me pesa.
                                                 Momentos.
                                                   Un grano de arena, una cresta de espuma,
                                                   Una brisa que se transforma en viento.

                                               Amanece, vienes a mi encuentro.

                                              


lunes, 20 de julio de 2015

La losa

Algo no iba bien. No era el vestido que le quedaba perfecto, aunque fuera el de su cuñada que se había casado cuatro años antes. No eran los invitados, que acudieron a la cita, adecuadamente vestidos, la emoción pintada en sus caras. Todos la querían y deseaban sinceramente su felicidad. Igual que su familia. Pero algo no iba bien. ¿Qué pasaba? ¿Qué sensación era esa? Respiró, se tomó un segundo para responderse. Dejó la mente en un blanco tan inmaculado como su vestido y contempló la única imagen que se repetía en un bucle interminable: Una compacta losa cayéndole encima.

Asun©3 de julio de 2015
Imagen de la red

jueves, 11 de junio de 2015

Tranquila, mamá.

   
 Toses en la habitación de su madre la sacaron de su duermevela. Aguardó unos minutos calibrando el grado de ahogo y la frecuencia de los ataques. Un acceso, un suspiro hondo y otro aún más profundo que el anterior.
     Mecánicamente se levantó, se calzó las zapatillas. La temperatura se había desplomado, aunque, camino de la habitación, no era eso lo que la hacía temblar.
     Su madre seguía en la misma posición en que la había dejado al acostarla, excepto por la mano que caía descuidadamente fuera de la cama, como sin vida.
     Al encender la lamparita le descubrió un mohín, un puchero infantil, pero que resultaba grotesco en su arrugado rostro. Le acomodó la almohada y le retiró un mechón blanquecino, rebelde. Metió de nuevo su mano bajo el edredón y le secó un hilillo de saliva que se escapaba por la comisura de su torcida boca. Finalmente depositó un beso dulce y breve en la frente al tiempo que susurraba, acunándola con ternura, “tranquila mamá, estoy aquí, yo siempre te protegeré”.

     Luego regresó a su habitación luchando con los monstruos que la acechaban en el pasillo, apremiándola con susurros envolventes, para que hiciera “descansar” por fin a su madre.
 Su madre seguía en la misma posición en que la había dejado al acostarla, excepto por la mano que caía descuidadamente fuera de la cama, como sin vida.

     Al encender la lamparita le descubrió un mohín, un puchero infantil, pero que resultaba grotesco en su arrugado rostro. Le acomodó la almohada y le retiró un mechón blanquecino, rebelde. Metió de nuevo su mano bajo el edredón y le secó un hilillo de saliva que se escapaba por la comisura de su torcida boca. Finalmente depositó un beso dulce y breve en la frente al tiempo que susurraba, acunándola con ternura, “tranquila mamá, estoy aquí, yo siempre te protegeré”.
     Luego regresó a su habitación luchando con los monstruos que la acechaban en el pasillo, apremiándola con susurros envolventes, para que hiciera “descansar” por fin a su madre.
Asun©11/06/15

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sábado, 30 de mayo de 2015

No al acoso escolar.

Acoso. La RAE nos da la definición de  esta palabra: Acción y efecto de acosar, y acosar: Perseguir, sin darle tregua ni reposo, a un animal o a una persona. Perseguir, apremiar, importunar a alguien con molestias o requerimientos.
No sé si habrá un acoso mejor o peor que otros. Pero entre todos me parece especialmente doloroso y cruel el acoso escolar.
Es difícil trazar una línea entre lo que pueden parecer bromas normales entre escolares, ya se sabe los niños son especialmente irónicos y crueles. Si pero dentro de esta premisa de normalidad debe haber un límite. Cómo saber cuándo se ha pasado este límite, no es fácil, dependerá de cada caso individual, dependerá de quien lo sufre y de quien lo realiza.
Pero cuando un niño vuelve a casa asustado, no quiere ir más al cole, o cambia en sus actitudes y ritmo de estudios y de actividad escolar y extraescolar, hay que pensar que algo está pasando.
He tenido la ocasión de acercarme a esta problemática a raíz de leer a una mujer, blogera como yo, y escritora con libro publicado. Pero sobre todo madre, y madre que sufre a través de su hija este problema. De su mano he sabido algo más y quiero compartirlo.
Lo podéis escuchar de primera mano a través de un programa de radio donde ella daba la entrada para abordar el problema:

Yo os hago un resumen aproximado de lo que allí se dice, y como yo lo he entendido:
¿Cómo actuar? ¿Qué hacer y por dónde empezar?
He sabido de una triple A, pautas para enfrentarse al problema:
- Acoger: Debemos escuchar a los niños, y dar importancia a lo que nos cuentan. Siempre que un niño se queja, tiene razones para ello. Quizá no debamos magnificar el asunto, y no delante de ellos, pero debemos desplegar todas las antenas y observar el alcance de los hechos.
- Apoyar: hay que hacer ver a los niños que estamos a su lado, que estamos vigilantes. No solo nosotros, los familiares, los amigos. Hacerles entender que no es culpa suya. Pero también dejarles el protagonismo a ellos. Ellos son los acosados, y ellos tienen que salir de la situación, con nuestro apoyo incondicional. Pero ser ellos los que sepan que han salido adelante, poniendo freno por sí mismos.
- Actuar, por último, y después de escuchar, prestar nuestro apoyo, debemos actuar, generalmente los niños acosados, son eso niños. Por tanto menores, por ello somos los padres los que tomaremos las iniciativas pertinentes, a través de los cauces propios para ello. Pero los chicos deben saber que se está haciendo, que hemos iniciado el camino para la solución.
Este camino empezara por los más cercanos al niño:
-El profesor tutor, se le pondrá en conocimiento la situación.
-Jefes de estudios, coordinadores pedagógicos.
-La dirección del centro.
Si las aptitudes de todos ellos son esquivas, no nos convencen, son en suma superficiales y no nos dan un compromiso de actuación, la petición se hará por escrito y se esperara una respuesta.
-El registro: Si hay demora en la contestación, se formulará de nuevo la exposición del caso y se pasará por el registro.
Este escrito deberá contener de manera clara todos los datos posibles. Cuándo, y con qué frecuencia ha pasado, dónde (patio, pasillos). Concretando al máximo quién lo hace, de forma concisa pero contundente. Sin olvidar la educación, pero pidiendo una actuación al respecto. (Yo solicito que el centro actúe, tome medidas, etc.)
-La inspección: se adjuntarán todos los documentos que tengamos sobre el caso, posibles notas escritas acosando. Testimonios de compañeros, o incluso de padres de alumnos que saben algo del tema.
- Comisarías de Policía, recomendablemente las de policía nacional, pero también las autonómicas.
- Fiscalía de menores, que corresponda según la zona.
Tanto en comisaría, como en la fiscalía se denunciará a las personas acosadoras, con nombre y apellidos, incluso si son menores, se indicará el nombre y apellidos si se conoce quienes son.
Se puede denunciar también al centro, aduciendo que no han dado respuesta a nuestras peticiones.

Y más o menos este puede ser el camino a seguir en caso de que desgraciadamente nos encontremos viviendo esta pesadilla.
Ánimo a todos los niños que en este momento estén pasando por ello.

Como todas, esta batalla también se puede vencer.

Solo me resta decir que hay organizaciones que se ocupan de ayudar, informar y de algún modo prstar ayuda sobre todo esto.

Su web es: http://www.noalacoso.org/
Su teléfono: 683 559 883





domingo, 10 de mayo de 2015

Doce cañones

Marie observaba a Antoine. Le había visto enmudecer paulatinamente y al mismo ritmo aumentar las arrugas que enmarcaban su frente. Tras tantos años vividos a su lado conocía cada centímetro de su piel y cada sentimiento de su corazón por ello sabía que le ocurría esto cada vez que entregaba un encargo.
     No importaba si era una hermosa reja o una simple sartén. Todas las piezas salidas de sus manos, que tenían una inconfundible calidad y delicadeza, eran para él como hijos paridos de sus entrañas.
     Los hijos que ella no había podido darle.
Sus manos tan rudas y grandes, dulcificaban y daban vida a los metales.
     Si por algún revés del destino él  tuviera que elegir entre ella y la fragua, Marie sentía una punzada en su corazón al saber la respuesta. Punzada que se convertía en puñalada certera, cada vez que le veía acariciar el resultado de su último encargo.
      Una obra de colosal dimensión y bellísimo conjunto. Doce magníficos cañones, que el mismo Napoleón vendría a recoger.
Pero ¿podría él entregarlos?
     Supo la respuesta la madrugada del día señalado. Vio partir al Emperador Napoleón I, al Primer Cuerpo de Caballería, a los doce cañones y… a Antoine.


Relato para Esta Noche Te Cuento, puedes verlo y comentar pinchando AQUÏ

Asun©10 de mayo de 2015

sábado, 11 de abril de 2015

Quita el tapón y cuenta hasta 20

      

     El sol nos quemaba, como no podía ser de otra manera y aún así estábamos radiantes. El coche parecía aguantar todo cuanto le pedíamos, pero esta vez se había rendido a la suavidad de las arenas. Se hundía en un dulce abandono, como si quisiera disfrutar de un merecido descanso. 
    También nos hubiéramos dejado caer nosotros perezosamente sobre ese colchón rojizo tan tentador. Sin embargo nos afanábamos en sacar el auto del sopor en que parecía haber caído. Yo con la pala, achicando desierto, tú dando muestras de tu mejor cualidad, ese ánimo siempre arriba y tu gran capacidad de trabajo y cooperación. Por ello te pedimos que desinflaras las ruedas y para hacerlo por igual lo mejor era que dejaras salir el aire durante el mismo tiempo en todas ellas.

— Quita el tapón y cuenta hasta 20.
Dicho y hecho, te vimos quitar el primer tapón y con inmensa concentración quedarte mirando la rueda. Arrodillada en la duna, tan seria, “dieciocho, diecinueve”, esperando el milagro.
No lo podíamos creer, estallamos en una carcajada conjunta y eso que resultabas tan inocentemente encantadora.
— ¿Qué pasa? Estoy contando y he quitado el tapón.
     Tu cara lo decía todo no entendías nuestras risas, evidentemente no habías desinflado muchas ruedas, no. Hay que hacer algo más que quitar el tapón, un pequeñísimo detalle, porque si no, el aire no va a salir, ya cuentes hasta 20 o hasta 30.
     Esa jornada y otras después, más que el coche 616, fuimos el equipo del “quita el tapón y cuenta hasta 20”
Finalmente lo conseguimos y las arenas nos dejaron otras imágenes excepcionales, de las que se guardan como tesoros y nos dicen que no hay mejor aventura que la de vivir...



**Para Alberto, que ha cumplido un sueño, el de participar en el Rally Solidario del Atlas y para Bea que ha sido la mejor compañera de aventuras y digna merecedora de la frase "quita el tapón y cuenta hasta 20"

Asun©11/04/15

miércoles, 1 de abril de 2015

Tengo que hablarte


Tengo que hablarte.

De esa de la que tú no quieres hablar,
Y no callas.

De esa a la que tú no dedicarías ni un minuto de tu tiempo,
Y ocupa todas tus horas.

De esa que no tiene nada de particular,
Y  es singular en todo.

De esa a la que no echarías de menos,
Y sueñas en cada instante.

De esa a la que jamás buscarías,
Y  siempre encuentras.

De esa a la que cuanto más  ignoras,
se vuelve más importante.

De esa de la que tú no quieres hablar.
Hoy tengo yo que hablarte.





Asun®10 de octubre de 2013

jueves, 19 de marzo de 2015

Esta cárcel, mi cuerpo.


 Esta cárcel, estos hierros. No son duros los míos, apenas un poco de carne, mucha piel y leves huesos. Mi querida Teresa, compañera de desvelos. Esperabas tú encontrar la salida aún a costa de dolor tan fiero. Mas yo, sí que muero. ¿Cómo y quién me sacará de la cárcel en que se ha convertido mi cuerpo?
     Pero no muero y amanece otro día y otro día luego.
    De nuevo te leo, Teresa, tu tan sabia, tan cierta y sin embargo tan sencilla. Repito tus versos: ¡Ay que larga es la vida! ¡Qué duros estos destierros!
Asun 17de narzo de 2015
Puedes ver y comentar también  AQUI

viernes, 6 de febrero de 2015

No dudaría.

Si yo fuera otra, no dudaría.
Si me hubieran educado otros padres. Si mis hermanos hubieran sido hermanas y no tuviera añoranza de infantiles confidencias. 
Si tuviera otras amigas en vez de estas a las que adoro y me adoran. Si no hubiera dejado a ese muchacho, para reunirme con el que iba a compartir el resto de mi vida.

Tú, lector desconocido: 
¿Explicarías a todos esos, que tus días están contados? ¿Que pronto partirás dejando el vacío más grande, que no ha de llenarse nunca, sino con un dolor agudo que hace el aire irrespirable?


Yo, lloro y dudo.

Asun ©2 de febrero de 2015

viernes, 23 de enero de 2015

Bruma azul

     Montaba en bicicleta un soleado jueves de junio. Adelantó a una pareja y a cinco chavales que corrían tras un balón. En la pradera cuajada de vida ella pedaleaba hasta su muerte.

      Cayó pesadamente golpeándose con una enorme piedra.
Una bruma azul la rodeó y una preciosa luz brillante la llamaba.
Pero alguien voló a su lado, limpió las briznas de hierba mezcladas con su sangre envolviéndola en un amoroso abrazo. Acunándola. Curándola.
Un, dos, tres y una palmada la trajeron de nuevo a la realidad.
Impaciente escuchó al terapeuta.
— Nada, tampoco esta vez llegaste a ver a tu ángel.





Asun ©17 de enero de 2015
Imagen de la red.

martes, 20 de enero de 2015

Te doy mi corazón

 “Usted es el primero que la abre” 

Se estremeció al oír la voz a su espalda. Era Juan, el anciano que parecía pertenecer a la casa, casi tanto como las paredes, las puertas o el mismo tejado. El conocía mejor que nadie la historia de su familia.  Desde que era capaz de recordar, siempre había estado allí. “Era de ella”, volvió a decir Juan.

Cerró la caja. Demasiado impresionado y demasiado tarde para arrepentirse. Ya nunca olvidaría aquella imagen, esa especie de víscera carcomida por los años. Junto a ella una nota de pulcra caligrafía, casi infantil.
Te doy mi corazón.
                                                      Amelia.






Asun©14 de enero de 2015-01-20
imagen recogida en la red

martes, 6 de enero de 2015

Renacer en Primavera-

 Nunca pensé que me sentiría bien después de decidirte  adiós. Estoy en este magnífico jardín, el mismo al que me trajiste en nuestra primera cita. Elegiste bien y me engañaste. Te metiste dentro de mi corazón, como el olor suave y fresco de la lavanda se metía en mis pulmones. Pero nada era verdad, ni tu adorabas este sitio, ni me adorabas a mí.
      Ahora es otoño,  el jardín está un poquito más desnudo y mi corazón también.  Él  ha perdido las hojas muertas. Yo te he perdido a ti, un peso muerto.

 Pero ambos renaceremos de nuevo en primavera.





La primavera (Sandro Botticelli)



Asun©3 de enero de 2015

martes, 23 de diciembre de 2014

Me gusta la Navidad

E
ntramos en las últimas semanas del año. Entre música de campanillas, y árboles florecidos de luces. 
Y frío.

Me gusta ver la ilusión en los ojos de los niños. Me gusta ver la esperanza en los ojos de los padres. Me gusta el esfuerzo por quererse un poco más de los hermanos.

Me emociono con las historias de familias que superan malas rachas y hacen lo imposible por tener una cena especial.

Me emociono con la solidaridad de los que están un poquito mejor y comparten alguno de sus manjares.


Y me ilusiona pensar que la humanidad aún tiene mucho que decir y hacer, y todo es posible.

¿Verdad que todo es posible?






Asun©12 de diciembre de 2014

martes, 9 de diciembre de 2014

Marianita, la blanca.

Marianita, la blanca, estaba a un paso de arder en la hoguera.
Al filo de las doce de la noche del último día del año, con la última campanada del reloj de la catedral, comenzaría la danza del fuego.
Quizá su destino estuvo escrito el mismo día en que nació.
Demasiado blanca para su clase. Delicada y dulce hasta desesperar. El amo dudó de su paternidad. Semejante birria de niña no podía ser de su cosecha, aunque tampoco parecía hija de esa poderosa jaca que era la Mariana.

Marianita creció a golpes, porque el amo cerraba los ojos para no ver su fragilidad y la trataba peor que al resto de sus criados. Ella etérea y liviana lo resistía todo.

A los 15 años era hermosa, su tez no se había oscurecido un ápice y su cuerpo aunque  menudo, tenía  proporciones justas para enloquecer.
El amo perdió la compostura por ella y su hijo Rodrigo, perdió mucho más, el entendimiento entero.

¡Bruja! Acusaron públicamente. ¡Bruja! La niña era capaz de arrebatar almas y conciencias, guiada sin duda por el maligno. Así resolvieron tan incómoda situación.

31 de diciembre, noche cerrada.
Marianita, la blanca, daba su último paso hacia la hoguera.

  

Asun©9 de diciembre de 2014

Puedes comentar en Esta noche te cuento











Imagen de la red

lunes, 1 de diciembre de 2014

El reloj



Miró embelesada el reloj de esfera ovalada, los números romanos de trazo fino y elegante. Estaba segura de haberlo visto anteriormente. Estudió a su dueño, llevaba varias semanas coincidiendo con él cuando salía a tomar café en la pausa del trabajo.
Esa mañana como si el verse a diario le hubiera hecho ganar cierta confianza, se acercó y le dijo:

— Lleva usted un reloj precioso.
— Es muy antiguo, herencia familiar. Usted también tiene un lunar muy llamativo junto a su boca.

Sin saber por qué al escucharle un escalofrío la recorrió como un látigo.
Aquella tarde, cuando volvía a casa, el peso invisible de una mirada la hizo volverse. No había nadie, salvo una persona que doblaba con prisa la esquina. Alcanzó a ver unos zapatos de lustroso charol negro.
Entonces encajó todas las piezas, los mocasines, el reloj, y la voz melosa. Recordó el atraco que presenció hacía años, ese hombre era el encapuchado que mató a sangre fría a tres personas delante de ella. Instintivamente se llevó la mano a su lunar, con la certeza de que él también había hecho su puzle.



Asun, octubre 2014