mi música

Algo sobre mi

Algo sobre mi:

En lo que yo soy ahora han influido tanto las circunstancias de mi vida, como las personas que han desfilado por ella.


Entre las personas, los primeros mis padres. Mi padre, que por desgracia ya no vive, es la persona más honrada, justa y responsable que he conocido. Parece un tópico, sobre todo porque ya no esta, pero es la realidad, jamás le vi apartarse de lo que era correcto y repito honrado.

Mi madre, pues parecida a mi padre, una persona íntegra y con infinito espíritu de sacrificio hacia los demás y una sensatez y sensibilidad que hace que sea imprescindible pilar de la familia.

Mis hermanos, cuatro, todos chicos, bueno como es normal tenemos nuestros mas y nuestros menos, pero en general nunca llegó la sangre al río y sé que detrás de mi están todos, los cuatro para recogerme si caigo. Y lo mismo para cada uno, siempre estamos, incluso antes de que se nos llame.

Y una tía que es casi mi segunda madre.

Y después mis amigas, las que conservo desde que tenía 11 meses (si, meses) que fue cuando llegamos al barrio de Madrid, allá por los años... me cuesta decir mi edad, no es que me sienta mayor, pero si digo la edad lo voy a parecer.

Y ya solo quedaría nombrar el resto de personas que he ido conociendo y que casi todas han sido buenas y han dejado una imborrable huella dentro de mi. (las menos buenas también dejaron huella, por desgracia)

Me queda por mencionar a mi propia familia, quiero decir la que creé yo misma junto a mi marido, y se compone, de momento de él y mis dos hijos. Digo de momento porque ellos están ya en edad de empezar a vivir su propia vida,el mayor hace tiempo que la comparte con alguien, aunque todavía vive en casa con nosotros y la pequeña ya tiene también un proyecto (y que pena me da que se hagan tan mayores). Pero todo forma parte de un ciclo, que es el de nuestra existencia.

Y a esto añadiremos lo que tengo propiamente mío, que algo habrá también, aunque soy bastante simple e influenciable, con lo cual me acoplo a casi todas las situaciones y no me ha ido mal de esta manera.

Si habéis aguantado este pequeño tostón y os quedan ganas podéis leer algo de lo que escribo, que es como yo sencillo y simple.

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POR FAVOR NO OLVIDES NUNCA DEFENDER LOS DERECHOS HUMANOS

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viernes, 11 de mayo de 2012

Mi vuelta: hoy viernes 11 de mayo de 2012


Ya que hice hace tres días una crónica de despedida, ahora que estoy de vuelta, me toca hacer otra.
      Esta va a ser muy breve, ya que para drama, queda la anterior.
      Y es que se pasan tres días en un hospital y parece que ha transcurrido un siglo. Y se envejece un siglo también, que solo hay que mirarse al espejo, ay que penita. Y yo para ayudar a esa imagen, no tuve más ocurrencia que raparme el pelo el día de antes. Juana de Arco parezco. Menos mal que eso si que se soluciona con un poco de tiempo.

      Así pues como se suele decir “corramos un estúpido velo” y sigamos, como la vida, adelante. Y aunque no sea mi cumpleaños voy a celebrar el día de hoy con una buena tarta, la que me gustaría compartir con todos vosotros.
¡Que aproveche!!!!!

martes, 8 de mayo de 2012

MI vida hoy Martes 8 de Mayo de 2012

Cada vez que me enfrento a la experiencia difícil como es el paso por el quirófano, me asaltan diferentes sensaciones. Primero esa especie de hiperactividad, la necesidad de dejar toda la casa limpia y reluciente, que todo esté en su sitio, los armarios perfectamente colocados, la ropa limpia y dispuesta para su uso. La cocina impecable, y con varios platos cocinados para mi marido e hijos. La nevera llena y el congelador mucho más lleno. Los baños abastecidos, productos de limpieza, geles champúses, bayetas y estropajos. Cremas corporales, dentales, colonias y desodorantes. El salón preparado para recibir (a quien sea), cortinas, cojines, todo en orden. Así claro cuando llego al hospital, casi se agradece que te digan “usted a la cama”, y estas deseando que te pongan la anestesia para echarte un sueñecito, que llevas una paliza en el cuerpo, con tanto orden y limpieza, y los nervios.

 Porque después de la hiperactividad, vienen los nervios. Si pasa algo, que no va a pasar, pero si pasa…Esto no se te va de la cabeza. Y empiezas a pensar en las despedidas. Te acuerdas de todos, de tu familia lo primero, tu madre, tu tía, tus hermanos y tienes ese nudo al pensar en ellos si te pasa algo a ti.

 Y revives los momentos tan felices vividos, los amaneceres dulces junto a tu marido, de recién casados, cuando no había niños aún, y no teníamos prisa, y yo sentía que eso tenía que ser la felicidad.
 Pero aún había más felicidad, la trajeron los dos hijos, su alegría de niños, sus éxitos escolares, su cambio adolescente, sus primeros sufrimientos de amores. Y mi vida son ellos tres, lo único por lo que me levanto y respiro cada dia.

Y aún hay más felicidad, la traen los amigos, mis amigas de siempre, a las que nunca he nombrado y hoy si, Luz, Marina e Inmaculada (mis entrañables Mariluz, Marini, y Mari-Conchi), y Ángel, y Marisol, y Felipe.

 Y más felicidad, me la trajeron mis compañeros de trabajo, siempre cuidándome y ayudándome, y a los que me parece no he sabido corresponder, Pilar, Peña, Emilia, Miguel Ángel, Rosa.
Y los actuales, Angelito, Laura, Sergia, Nieves, Teresa, Silvia, Eugenia, mi querida Ángela, a la que quisiera aliviar ese dolor enorme, y un largo etc.

 Agradecimiento también a mi actual jefe, que siempre me da un empujón de confianza, para sacarme de esta maldita inseguridad mía, y que me ha ofrecido, sin apenas conocerme su cariño y apoyo sincero. Mencionar también a mi anterior jefa, la que me “quiso” en aquella entrevista de hace tres años, y a la cual admiro por su seguridad y ambición, dos buenas condiciones para el trabajo. Y a Marisa, que rompe barreras con su voz de “sordomuda”.
Y al resto de compañeros a los que admiro por su dedicación y valía personal y que no nombro por lo muy largo que sería. Gracias a todos porque todos me demostráis un cariño en vuestro trato que me arropa en todo momento.

 Y otro granito de felicidad, me lo trajeron otros amigos, los conocidos por casualidad, después de mi última operación hace casi un año. Entonces de la mano de mi hermano Manolo, conocí un sitio donde escribir y leer a otros aficionados a la escritura, y de ahí salté a otro sitio, y de este  vine a parar a este blog. Así que gracias también a los amigos estos sí, tan inesperados, amigos de letras, (algo así como hermanos de leche) y que no voy a nombrar porque ellos saben quiénes son, algunos nos hemos conocido en persona, y otros nos seguimos en la distancia.

 Ya que el motivo de estos agradecimientos, recuerdos y reflexiones es mi salud y mi paso por el quirófano, es justo nombrar a mi médico, el doctor Ortega, al que desde el principio nos unió algo más que la simple relación médico-paciente, pues siempre me trató con un cariño especial, y espero que mañana en el quirófano haga lo propio…, y me deje como nueva y porfi, que me quite el Tubo....

Y ahora que he dado un repasito a mi vida a través de las personas imprescindibles en ella, debo decir que siento que he sido muy afortunada y podría decir que estoy preparada para abandonar este mundo, si es lo que tiene que pasar. Pero que espero que no pase. Y que en un par de días esté de nuevo en este mi blog subiendo algún relato, poema, o algo de mi columna, que Dios mío, según está mi España, Españita, tengo argumento para rato. Y dicho esto solo me queda despedirme, con:
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sábado, 5 de mayo de 2012

El nuevo trabajo



     ¿Dónde se ha metido la dichosa calle? Se supone que debería estar aquí, la tercera dejando la fuente a la espalda.
      ¿Santa Teresa?,  yo busco la calle de San Juan Bautista, y en  este barrio todas las calles tienen nombre de santos. Volveré a subir a la fuente de la glorieta, y haré de nuevo el recorrido.
     ¡Qué calor!, caminar tan deprisa me está agobiando, me estorba el abrigo, será mejor que me lo quite.
     A ver primera calle: Santo Tomás, muy bien, 2ª calle: San Mateo, y ahora tiene que venir la mía, tercera calle: “Santa Teresa”, pero ¡cómo! Otra vez, ayer mismo aquí estaba San Juan Bautista.
     ¡Qué calor! ¿Y los zapatos? Ya sabía yo que los tacones me iban a pasar factura. Pero el primer día de trabajo es lo que tiene, hay que ir vestida para la ocasión.
     Menos mal que he salido con tiempo, pero si la maldita calle no aparece, ya veo que llego tarde.
     Y ahora ¿por qué me mira todo el mundo? No sé, a saber qué cara llevo, no me tenía que haber maquillado tanto, pero la impresión, la primera impresión es tan importante… Un espejo, Dios, necesito mirarme al espejo…Ese escaparate, me miraré en él.
 Pero ¿y la calle?, voy a preguntar… ¡Hay! Este coche, que poco le ha faltado para atropellarme y  encima no para de pitar y pitar…parece una alarma…
      ¿Mi móvil?, la alarma, las 6… claro… puse la alarma a las 6 de la mañana, es mi primer día en el nuevo trabajo.

sábado, 28 de abril de 2012

El peluche

El peluche

     Cuando fue a vivir con Mario nunca creyó que pudiera haber una fecha que pusiera punto final a su historia de amor. Un amor a primera vista.Tanto que apenas habían transcurrido unos días desde el momento en que se vieron por primera vez y el día en que ella se trasladó a su casa.

     Se instaló directamente en la habitación de Mario. Compartiendo su cama. Ella era la última imagen que él veía al cerrar los ojos cada noche al dormir, mientras la acariciaba y susurraba los mas dulces “buenas noches” y le pronosticaba con toda seguridad que el día siguiente sería otro día perfecto, nada malo podía ocurrir teniéndola a su lado.

     Y era lo primero que veía cuando amanecía su nuevo día, su figura pequeñita, su pelo revuelto por el desorden de la noche, que a veces era loca fruto de los sueños de pasión e impetuosa juventud de Mario.
     Así transcurrieron algunos años, deslizándose el tiempo suavemente, sin hacerse notar. Y ocurrió lo que tanto le repitieron al principio, la frase maldita comenzaba a hacerse realidad: nada es para siempre.

     Mario había crecido, físicamente, pero sobre todo como ser humano, había afianzado mucho, y quizá demasiado aprisa, su personalidad. Y ahora ella escuchaba de nuevo aquellas voces que le decían: se cansará de ti aún antes de que tu cuerpo pierda su firmeza, tu pelo ese brillo  y gracia tan irresistibles, y tu piel la suavidad que hace que las manos no puedan dejar de acariciarte.

      Y así fue, una mañana, cuando ya hacía algún tiempo que ni siquiera compartía las noches de Mario, y sus días no empezaban con sus miradas entregadas y esos desayunos compartidos.

     Esa mañana, no fue él quien la apartó para siempre de su lado.

     Fue su madre, la madre de Mario, que la había querido casi tanto como él, quien la observó y con infinito cariño y delicadeza la tomó en sus brazos, la besó y la depositó en una caja, junto con otros muchos juguetes ya viejos, algunos mutilados fruto de tantos momentos de juegos inolvidables. Y que  como ella, la preciosa ovejita de peluche blanco tan dulce como el algodón de azúcar, habían compartido las interminables confidencias de niño feliz, y habían aliviado tantas noches de miedos infantiles.



Asun 28 de abril de 2012

domingo, 22 de abril de 2012

Mi columna: España 22 de Abril de 2012

Mi columna: España hoy 22 de abril de 2012

                                                                                                    
                                                                       
 España camisa blanca de mi esperanza
 La negra pena nos atenaza
 La pena deja plomo en las alas…

     Hoy comienzo así, con estas letras compuestas por Víctor Manuel San José y cantadas por su mujer, Pilar Cuesta Acosta, (Ana Belén).

      Porque me vienen a la mente al pensar en esta, mi España.
      Al final lo van a conseguir, yo me resistía a caer en el pesimismo general, en el desdichado penar que flota en el ambiente, en el no hay remedio y nos hundimos, cual Titanic orgulloso  y  altanero.
      Y lo van a conseguir, empiezo a pensar que tocamos fondo, que además tenemos lo que nos merecemos, entre monarcas que se pierden en cacerías trasnochadas, y aliados e históricos amigos de allende los mares que nos expropian lo que creíamos legítimamente nuestro. Y gobernantes que prometieron tener la alquimista piedra filosofal que todo lo arregla, y el arreglo es, como siempre, que los pobres sean cada vez más pobres para que los “señores” del lugar vivan sin ceder ni un poquito de su opulenta y placentera vida.
     Así es España, tierra de quijotes, a medio camino entre vividores, y soñadores ingenuos, pero nada prácticos. Y apelando siempre a que el espíritu de sacrificio y buena voluntad que unos pocos escondemos en el interior, saque a flote a este pueblo y a todos esos “fantasmas” que nos gobiernan y representan, eso sí legítimamente respaldados por las democráticas urnas.

      Y no quiero que lo consigan y nos hagan caer, quiero pensar que España es todavía posible, tiene aún un futuro por delante, y no será  ni rojo ni azul,  será del color que le den las flores...



Asun, Madrid 22 de abril de 2012

martes, 17 de abril de 2012

Los Obeliscos


    Los Obeliscos
Aquí es, dijiste muy satisfecho. Y efectivamente tuve que felicitarte: el lugar era imponente. Los obeliscos alineados terminaban en dos exactamente iguales en su forma, pero de diferente composición: aunque los dos eran de origen ígneo, en uno predominaba el basalto, y en el otro el cuarzo. Esto hacía que el primero fuera casi negro y el otro de un blanco purísimo.
-Mira son dos gigantes guerreros desafiándose, uno frente a otro. Yo soy este.- y pusiste tu mano sobre el obelisco negro.
-Vaya imaginación, pues entonces yo seré este.- e hice lo mismo apoyando mi mano sobre el blanco.
     Inmediatamente después sufrimos una sacudida y todo se transformó. Los obeliscos, y el lugar entero, giraron a nuestro alrededor y a continuación nos vimos en la misma explanada, con los torsos desnudos, únicamente ataviados por unos cortos faldones de piel. Y portábamos unas enormes y macizas mazas. Un griterío ensordecedor nos rodeaba y cientos de “personas” nos apremiaban a luchar con una única voz: ¡MUERTE! A la que obedecimos con una brutal descarga de nuestras mazas…
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Asun 9 de abril de 2012

domingo, 15 de abril de 2012

La fotografía.

La fotografía.  
     Un nerviosismo imposible de controlar se apoderó de mí. Estaba leyendo un artículo en el suplemento semanal del periódico, y no le prestaba mucha atención, pues a lo largo de toda la semana la noticia  del centenario aniversario, se había repetido en todos los medios. Y esto unido a la reposición en  los cines y televisión de todas las películas que trataran sobre este tema, o se acercaran mínimamente a él, me había llegado a cansar y a aburrir.
     Pero ahora tenía delante de mí aquella foto, con la imagen de esa cafetería, no tan  vistosa como los salones que se reproducían en las páginas posteriores y que hacían gala de la más ostentosa decoración, de la que los ricos de principios del siglo XX gustaban de rodearse.
     Y no cabía duda, era el mismo lugar de la única foto que conservo de mi abuelo,  que había enviado uno de sus socios ingleses, y que nunca supe donde estaba tomada.Creyendo erróneamente que era la terraza  de algún  café de Inglaterra, donde él se encontraba a causa de sus negocios. Y de donde nunca regresó, sin que nadie supiera porqué… hasta ahora.
     Y mi interés por el hundimiento del Titanic cobró una fuerza imparable que me haría llegar hasta el final.

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Asun 15 de abril de 2012

miércoles, 11 de abril de 2012

Mi madre (historia de una enfermedad)



Mi madre.
     Cerré un momento los ojos, a la vez que un enorme bostezo abría mi boca. Volví a pensar, como siempre, que algún día patentaría como somnífero la lectura de un buen manual de derecho. Sobre todo si tienes un examen el lunes siguiente, y con cuyo aprobado te juegas un año de carrera.
     Me levanté del escritorio, ya que, o estiraba las piernas y me movía un poco o me dormiría sin remedio, y perdería toda la tarde.
     Fui hacia la cocina, pero al pasar por delante del salón, a través del cristal de sus puertas me pareció ver que mi madre también estaba parada, no cosía.
     Efectivamente, entré y entonces, como quien es sorprendida en una terrible falta, volvió a incorporarse sobre la prenda que tenía entre manos y a hundir en ella su aguja.
- Mamá ¿qué te pasa?, espera te vas a pinchar.
Y tomé sus manos suavemente, interrumpiendo aquella precipitación por continuar con su tarea.
- ¿Estabas cansada? Yo también, me quedaba dormida- dije alegremente aparentando no darme cuenta de su sufrimiento- Anda vamos a tomarnos un descanso las dos y vemos un ratito la tele.
    Así, con mucho cuidado, había que tratarla.
    Desde que el médico nos confirmó, casi al cien por cien, que padecía esa extraña enfermedad, mi madre en vez de aceptarlo, no dejaba de pensar  que  era culpa suya, y que aquellos malditos dolores parecían fruto de su imaginación, como ese invencible cansancio que se le venía encima, igual que una losa al hacer  hasta el más leve de los quehaceres.
      En lugar de aceptar todo eso, sintió  con más fuerza que ya no valía para nada y que si aún no era del todo un ser inútil, se acabaría convirtiendo en ello sin remedio.
     Y no era así, simplemente padecía una enfermedad, que como todas, es injusta.
     Síndrome de Fatiga Crónica, ¿y eso que es?, repetía mi madre muchas veces, y murmuraba entre dientes, “eso no es ni  una enfermedad, ni nada”.
     Una enfermedad, para ella, era una úlcera, una diabetes, hasta un cáncer, todo esto eran enfermedades comunes, que ella conocía y podía aceptar.
     Pero estaba equivocada, sí que es una enfermedad, y además de las más tristes, pues es muy desconocida para el resto de la sociedad. Y con ésos síntomas, el inmenso cansancio, esa debilidad, y el dolor, ese dolor indefinido, de todas las articulaciones, ¿cómo explicar que no puedes levantarte, simplemente porque no tienes fuerza para hacerlo?
- Anda hija, vuelve a estudiar, no pierdas el tiempo aquí conmigo.
- Mamá ya te lo he dicho, me estaba quedando dormida, no te creas tan importante, no estoy viendo la tele por hacerte compañía, además es la hora del concurso, venga a ver si hoy se llevan el premio. ¿Un café?
    Mi madre nunca ha podido resistirse al café de media tarde, así que aprovecho, antes de que se me venga abajo otra vez y voy a la cocina, preparo esos dos buenos, aunque descafeinados cafés, y vuelvo enseguida con la bandeja y mi mejor sonrisa, a sentarme en el sillón, a su lado.
     Y por unos momentos, olvidamos los apuntes de derecho, las enfermedades con nombres raros, y disfrutamos, de una tarde perfecta y sobre todo feliz.

sábado, 31 de marzo de 2012

Un golpe seco

 UN GOLPE SECO

      Un golpe seco, seguido del chirriar de ruedas en el asfalto y una columna de humo. Una escena digna de una película, pero que se me ofrecía delante de mis ojos, tan real como los primeros copos de aquella nieve de algodón blanco que se empezaban a columpiar en su lánguida caída hacia la carretera.
      Estaba paralizada contemplando la escena, sin comprender que las ruedas que arañaron el pavimento eran las mías en ese interminable frenazo para no empotrarme también en la parte trasera del coche que me precedía.
      En mi cabeza la imagen de mi madre tirándome un beso desde la ventana y sus palabras un momento antes en la puerta de casa “adiós, cariño, ten mucho cuidado con el coche”
      Algo me nubla aún más la vista, y no son solo mis lágrimas, todo se tiñe de rojo. Mi sangre. Y un dolor agudo en la cabeza. Y yo contestando “claro, no te preocupes, te llamo luego mami” y salgo corriendo escaleras abajo, hacia mi coche nuevo.
      Me sacudo las lágrimas, la sangre y el miedo, porque en el coche de delante alguien se está moviendo. Unos brazos asoman por el hueco de donde antes estuvo la puerta, y se agitan.
      Tengo que salir,  como puedo me libero del cinturón de seguridad, y de una masa blanca, claro… el airbag, es enorme, jamás me lo habría figurado así.
      Las pelusillas blancas que caen, bailan delante de mí, son preciosas, quiero quedarme viéndolas y jugar con ellas, y ellas tiran de mi y jugando me llevan hasta esa persona del coche delantero. También está cubierta de sangre, pero mueve la boca y no sé lo que dice, creo que es una muchacha como yo, y a su lado un señor, o un joven, pero él no se mueve.
      Noto que las piernas no me sujetan más, la nieve me quema y ya no quiere jugar conmigo. Pero tengo tiempo de decirle a mi “amiga” que todo está bien, y que ya vienen a ayudarnos. Le tomo las manos y me siento en el asfalto a su lado, pero una nube negra empieza a taparlo todo, todo, todo.
…………………
     Estoy muy nerviosa, no sé si cambiarme otra vez de ropa, esta falda es muy seria, y el pelo ¡me ha quedado fatal!, pero tengo unas ganas locas de verlos de nuevo.
Mi madre como siempre llamándome pesada, ¡ya voooy!
     Allí están en la puerta del museo, donde hemos quedado, quizá entremos, o quizá no, veremos si nos apetece o preferimos hablar y contemplarnos largamente. Porque eso es lo que necesitamos, sentirnos juntos de nuevo.
     Nuestras caras lo dicen todo, las sonrisas que se han dibujado son el reflejo de la felicidad de volver a vernos, todos nos sentimos bien, yo les miro atentamente y compruebo que es cierto, a María no le quedan apenas señales en su cara, y para demostrarme sus progresos desde que me ha visto está agitando los brazos a lo tonto, sobre todo el derecho, el más afectado y que ha requerido varias reconstrucciones quirúrgicas.
     Pablo, me demuestra como baila en su silla de ruedas, y parece haber desaparecido la sombra que nublaba sus ojos, en los días de hospital.
     Yo a mi vez me retiro la melena y el flequillo que camufla la honda herida de mi frente, de la que apenas queda más que un recuerdo mezclado con copos de nieve.
     Y decidimos entrar al museo.


Asun 31 de marzo de 2012

domingo, 25 de marzo de 2012

En este momento

En este momento.    

 Tres kilos de carne, en un cuerpecito diminuto. Y no se casi nada de ti. Apenas de donde viniste. Pero cómo eres, qué te gusta, qué sientes, ¿Cuáles son tus habilidades? Y tu genio? No sé si me vas a querer.
       Ya me estás dando dolor de cabeza, te veo caprichosa. Se me ha olvidado comer, solo sé  mirarte, por arriba, por abajo, del revés, esa pielecita, esos pelillos, o pelusillas, esos pies. Seis horas seguidas sin apartar mis ojos de ti, seis horas de alegría, de llanto, de vida compartida. Solo te quiero ver a mi lado, siempre, y que estés bien, solo eso quiero saber.
     Solo eso en este momento, en que acabas de nacer.




Asun 25 de marzo de 2012

sábado, 17 de marzo de 2012

Ella (microrrelato)


Ella

     El sol estaba claro, y con el cielo más despejado que los días anteriores, empezaba a calentar y derretir la nieve. Todos se pusieron en marcha, ella no sabía por qué lo hacían, pero cada día al amanecer, con los primeros rayos de sol, comenzaban su peregrinaje a ningún lugar.
     Apenas se comunicaban entre ellos. Pero ella observaba a todos. Y lo observaba todo, por eso se quedaba rezagada, mientras un gruñido la apremiaba a seguirles.
     Un temblor recorrió el hielo bajo sus pies. Se abrieron grietas, algunas tan grandes y profundas que se la hubieran tragado sin que quedara rastro y nadie hubiera hecho nada por impedirlo.
     Sin darse cuenta en un instante apareció ante ella, mientras los rítmicos temblores del suelo correspondientes a cada una de sus pisadas, habían cesado.
     Y fascinada por su tamaño, su pelaje, sus retorcidos colmillos y aquella enorme trompa, apenas tuvo tiempo de esquivar la magnífica masa en movimiento que era el mamut.




Asun 16 de marzo de 2012

domingo, 11 de marzo de 2012

20 Años no son nada. 11M Madrid

20 años no son nada—11M Madrid

Si dice el bolero “20 años no son nada”, ¿qué pueden ser 8?
Son menos que nada, par aliviar el dolor, y una eternidad para ahondar en él.
No nos dejó aquel  día sólo 192 agujeros en el corazón, dejó habitaciones vacías en las casas, camas ocupadas a medias donde antes eran siempre dos, universidades con ausencias injustificadas, amigos inexplicablemente abandonados, hijos esperando siempre la vuelta a casa de papá o mamá, padres que contra natura sobrevivieron a sus hijos, empresas sin sus trabajadores sin haber mediado despido…
Y dejó otras casi 2000 vidas rotas, personas que aún están con nosotros, pero son sólo un reflejo de lo que eran unos instantes antes, cuando iban en el tren empezando un día cualquiera. Iban igual que otra mañana, somnolientos, despreocupados, cabreados, cabizbajos, leyendo, escuchando su música, contentos, viviendo…empezando un día que no llegó a ser como los anteriores . La casualidad, esos hilos invisibles que a veces mueven el mundo, hicieron que estuvieran allí y el dolor y el caos se instaló en su vida y la de sus familias y amigos, que sin viajar a su lado somos tan victimas como ellos.
20 años no son nada, pero 8 son suficientes.
Lloremos siempre a los que nos faltan, y ayudemos a los que nos quedan. Pero miremos hacia delante, los trenes, la vida y el mundo no se detienen.  


Asun 11 de marzo de 2012