mi música

Algo sobre mi

Algo sobre mi:

En lo que yo soy ahora han influido tanto las circunstancias de mi vida, como las personas que han desfilado por ella.


Entre las personas, los primeros mis padres. Mi padre, que por desgracia ya no vive, es la persona más honrada, justa y responsable que he conocido. Parece un tópico, sobre todo porque ya no esta, pero es la realidad, jamás le vi apartarse de lo que era correcto y repito honrado.

Mi madre, pues parecida a mi padre, una persona íntegra y con infinito espíritu de sacrificio hacia los demás y una sensatez y sensibilidad que hace que sea imprescindible pilar de la familia.

Mis hermanos, cuatro, todos chicos, bueno como es normal tenemos nuestros mas y nuestros menos, pero en general nunca llegó la sangre al río y sé que detrás de mi están todos, los cuatro para recogerme si caigo. Y lo mismo para cada uno, siempre estamos, incluso antes de que se nos llame.

Y una tía que es casi mi segunda madre.

Y después mis amigas, las que conservo desde que tenía 11 meses (si, meses) que fue cuando llegamos al barrio de Madrid, allá por los años... me cuesta decir mi edad, no es que me sienta mayor, pero si digo la edad lo voy a parecer.

Y ya solo quedaría nombrar el resto de personas que he ido conociendo y que casi todas han sido buenas y han dejado una imborrable huella dentro de mi. (las menos buenas también dejaron huella, por desgracia)

Me queda por mencionar a mi propia familia, quiero decir la que creé yo misma junto a mi marido, y se compone, de momento de él y mis dos hijos. Digo de momento porque ellos están ya en edad de empezar a vivir su propia vida,el mayor hace tiempo que la comparte con alguien, aunque todavía vive en casa con nosotros y la pequeña ya tiene también un proyecto (y que pena me da que se hagan tan mayores). Pero todo forma parte de un ciclo, que es el de nuestra existencia.

Y a esto añadiremos lo que tengo propiamente mío, que algo habrá también, aunque soy bastante simple e influenciable, con lo cual me acoplo a casi todas las situaciones y no me ha ido mal de esta manera.

Si habéis aguantado este pequeño tostón y os quedan ganas podéis leer algo de lo que escribo, que es como yo sencillo y simple.

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DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

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8 de Marzo: LAS MUJERES MOVEMOS EL MUNDO.

Mi otro blog

Mis libros preferidos.

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Este blog tiene otra página con los libros que me gustan o voy leyendo este año.

martes, 1 de abril de 2014

El nematodo

Luego cruzó el pasillo, bajó al sótano y mató al prisionero. No soportaba ni un segundo más a ese gusano, al que Octavio dedicaba todo su tiempo.
Aunque él no ofreció ninguna resistencia, le costó aplastar su cabeza.

Oyó cerrarse la puerta, entraba su marido con los delegados del Museo de Ciencias Naturales, y algún periodista científico. Estaba exultante y quería dar fe de su hallazgo, el ejemplar de nematodo único en su especie.
En ese mismo instante ella se arrepintió de lo que había hecho. Oyó gritos y exclamaciones de todo tipo provenientes de abajo. Desesperada junto a la barandilla de la escalera, se dejó caer.

Asun© 26 de marzo de 2014  

miércoles, 19 de marzo de 2014

El juego


     La vergüenza que nos ganamos aquella noche, en cambio nos acompañaría para siempre. Aquella broma infantil, que pretendía ser insuperablemente divertida, fue todo lo contrario. Abrimos la caja de los truenos, y salió nuestra Pandora particular.

     Con el único fin de sorprender a nuestro amigo con un susto, en un juego inocente, le citamos a deshora en el cobertizo.

     Pero ninguno podíamos suponer lo que se ocultaba allí. Descubrirlo hizo que su inocencia se perdiera para siempre, y que cayera en ese pozo del que nunca consiguió salir.











Asun© 19 de marzo de 2014

miércoles, 12 de marzo de 2014

Malditos.



“Nuestros mismos ojos tendrá el niño. El color de los tuyos y el brillo de los míos. Será luna menguante al anochecer y luz cuando haya amanecido. Tendrá la suavidad de tu piel, mi fuerza y mi brío”

No pude seguir leyendo, las palabras se diluían en el mar de mis lágrimas. Malditos. Malditos todos los que me robaron a esa madre de fina piel y a ese padre  tan fuerte y sentido.

Me dieron otros, sí, pero ¿con qué derecho me quitaron los míos?





Asun ©7 de marzo de 2014


domingo, 2 de marzo de 2014

Don Francisco de Goya.

Había asistido con gusto a aquel anciano que se granjeó su respeto y cariño. Ingresó desde una humilde residencia del barrio de Beicon Hill de Boston. Pero allí apenas sabían de él su nombre y que un despacho de abogados pagaba puntualmente su mensualidad. El director de la residencia le visitaba todas las tardes a las 5 y acompañaba el mutismo en que Mr Frank llevaba años hundiéndose.

Sin embargo con él, el más joven médico del hospital, se había abierto como se abre  un ventanal en medio de la tormenta.

Esa mañana poco antes de cerrar definitivamente sus ojos había dibujado un tosco boceto para enseñarle la que, según decía era su casa.

Su casa, pero si parecía un palacio, o una iglesia.

Esa tarde, mareado y confuso regresó a su apartamento con una copia del testamento:

Boston,  March 1, 2014

“Don Francisco de Goya y Aguirre, natural de Fuendetodos, provincia de Zaragoza, España, en pleno uso de mis facultades mentales, nombro heredero universal de todos mis bienes, y especialmente de los que hoy se exponen en la que considero mi verdadera casa, el Museo del Prado de la cuidad de Madrid capital de España, a mi médico personal.”

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Relato de Marzo de Esta Noche Te Cuento. COMENTA AQUÍ



Asun© 1 de marzo de 2014

lunes, 24 de febrero de 2014

“Aquellas historias de Marcelina”.




     Siempre me había gustado hacer punto, tejer. Pero nunca había tenido tiempo. O simplemente no me había llegado el momento y este parecía ser ahora, tal como las piezas van componiendo un rompecabezas y no tienen orden a la hora de irse colocando, así es la vida que se empeña en llevarnos a donde no queremos ir, y a mí me había traído al borde de mis 50 años, a un abismo tan profundo como esas cataratas de película donde el agua se precipita sin remedio. Solo que en vez de ser una caída hermosa ese precipicio acuático era para mí una verdadera caída libre. Y aún estaba a medio camino de recorrerla y no sabía cómo quedaría después de tocar fondo.
     Así que al cabo de cinco años de mi separación y de seis meses de que mi hija mayor me anunciara que se iba a vivir con su novio, estoy sola con mi hijo, organizando lo poco que queda de mi vida y lo mucho de tiempo libre que me queda todos los días.
     No tengo trabajo, y mi salud, mi mala salud, tampoco me permite aceptar cualquier oferta, si la tuviera. Afortunadamente no tengo grandes, ni pequeños vicios, ni una vida social ajetreada, (que fino suena eso), en fin que mis gastos son los mínimos, la comida y los normales del mantenimiento de la casa. El mayor gasto se lo lleva mi hijo con la universidad, pero está perfectamente bien empleado, pues hay que decir que es un estudiante ejemplar, y eso con esta familia desestructurada que le ha tocado en desgracia ya es un gran mérito.
     La casa en la que vivo es propiedad de mi ex marido, pero al no tener yo otra vivienda, ni posibilidades y dado que mis hijos eran menores cuando nos separamos aún sigo en ella.
      Es un piso de más de 50 años. Y en consecuencia los vecinos son todos más que de la tercera edad, de la cuarta o la quinta. Sin ir más lejos el invierno pasado enterramos a tres, pero todos de muertes naturales acordes a sus edades, uno de ellos tenía 92 primaveras.
      Hoy volvía de por el pan cuando me encontré con Marcelina, ella es la vecina del 2º y tiene 82 añitos. Pero además de tener una autonomía que le permite vivir sola, tiene la cabeza en su sitio y de qué manera, para mí la quisiera yo y la mitad de la humanidad. Y goza de un carácter envidiable, de tal forma que me alegra el día cada vez que coincidimos. Ella venía de comprar unos ovillos de hilo de perlé, pues tiene un compromiso del nacimiento de una nieta de una vecina de su pueblo, y le tenía que hacer unas braguitas para cuando la nena llevara vestiditos lucirlas como Dios manda.
     Además me relató todos los proyectos en los que andaba metida, algunos ya empezados y otros por terminar de concretar. Cuando terminó de hablar, yo solo de oír semejante actividad me sentía exhausta y me lo debió notar pues sin pensarlo dos veces me invitó a pasar a descansar a su casa.
     
Así sentadas en su acogedor cuarto de estar y entre sorbos de un vaso de agua para mi sofoco, le comenté que a mí siempre me hubiera gustado tejer. Palabras más mágicas que el Abra Cadabra fueron aquellas, pues su cabeza voló para organizar unas sesiones de labores que comenzarían esa misma tarde, después de la novela de sobremesa. Para empezar podía, según ella, atreverme con algo sencillo, una bufanda sería lo ideal.
     Y así comenzaron nuestras tardes de mutua y maravillosa compañía, donde alrededor de los ovillos y tintineo de las agujas Marcelina me contaba cada día una historia, a veces un pasaje antiguo de su infancia que se le venía a la cabeza, o un acontecimiento
inesperado en su pueblo, algo sobre sus amigas de juventud, o de cuando vivió en Barcelona con una tía lejana, o como se casó de negro porque era lo que tocaba en aquella negra España de los años cincuenta…




Asun ©16 de octubre de 2011
Imagen tomada de la red.




domingo, 16 de febrero de 2014

“Mens sana in corpore sano”

— ¡Que ya no tienes 20 años!

     Naturalmente que no, precisamente por eso. Afortunadamente no los tengo porque ya los pasé. Pasé los 20 y los 30 y (por desgracia) los 40.
     Pero me alegro muchísimo de estar donde estoy y como estoy, y tener la ocasión de disfrutar de este planeta magnífico que se ofrece ante nosotros.
     Porque yo vengo de otro mundo, si bien es cierto que mi generación empezó a despertar y con ella nuestro país. Y así porque empezamos a abrir los ojos, no fue sencillo para nosotras las mujeres. Tuvimos que asomarnos a una realidad que antes terminaba en la puerta de nuestras casas. Ese era el límite de nuestra existencia, una mujer “como Dios manda” era la reina de su hogar.
     Y resultó que llegamos nosotras, una generación que ya no creía en princesas que se terminaban convirtiendo en reinas/esclavas de su hogar.
     Nosotras nos habíamos sentado en el colegio, y luego en el instituto, y más tarde en la universidad, al lado de nuestros hermanos y amigos, y queríamos después trabajar también a su lado, en sus empresas y negocios.
     Y renunciamos y abdicamos de antemano a esa ideal/ficticia corona que se nos ofrecía.
     Sin embargo, la mayoría de nosotras vivimos una doble vida, cual trastorno bipolar.
Éramos dos personas a la vez: las amantes, sumisas, entregadas, amorosas e incansables esposas y madres en nuestro reino/hogar. Y fuera de él éramos las eficaces, responsables, impecables y decididas trabajadoras.
Todo ello aderezado con una bonita presencia y un elegante saber estar en ambos casos.

     De modo que no venga nadie a decirme “que ya no tienes 20 años”, porque casi doy gracias a Dios por ello.
     Creo que tengo la edad justa y apropiada para empezar a hacer lo que me pide el cuerpo. No, no te asustes tanto, no voy a dejar el trabajo, ni a abandonar mi reino/hogar, no me va a cambiar el carácter, no voy a olvidar a nuestros hijos (que por otro lado ya son mayorcitos), y seguiré visitando/controlando a nuestros padres (¡éstos sí que son mayores!).
     Pero no hay marcha atrás en la decisión que he tomado: Voy a cuidarme por encima de todo y… ¡Me he apuntado al gimnasio!, este tan chulo que hay en la plaza, y al que curiosamente van también mis amigas, estas amigas mías de toda la vida, desde que éramos vecinas en el barrio, y que ahora hemos recuperado el tiempo para nosotras, el que no nos hemos podido dedicar nunca.


     Y además no te puede parecer mal, ya que lo proclaman hasta tus adorados clásicos latinos, lo dice Juvenal en sus sátiras: “Mens sana in corpore sano”.




Asun© 16 de febrero de 2014


martes, 4 de febrero de 2014

El infarto.

     Miriñaques y polisones fueron convenientemente acomodados en el asiento del taxi.
A la vez atusó su peluca de tirabuzones. Media hora después subía las imponentes escaleras del Casino mientras se ajustaba la máscara. En el salón de baile, varias parejas danzaban con Strauss de fondo.             Esperaba que su amigo Paolo no tardara en llegar. Buscó su móvil, pero se lo había dejado en casa.

   
Sintió una mano en su hombro y al volverse un elegante caballero le hizo una reverencia. Paolo le pareció irresistiblemente seductor bajo su antifaz. Delicadamente la condujo a la pista central.
       Bailaron. Girando y girando, de repente un beso robado, al que siguieron otros consentidos. Por fin se habían decidido.
     De madrugada él la acompañó. Se despidieron en el portal, entre besos y jadeos. Al entrar en casa se quitó la máscara y vio el móvil. En un impulso lo cogió para invitarle a subir y poner así la guinda a una noche perfecta.
     Había un mensaje de Paolo. Segura de que él quería lo mismo, lo leyó temblando de deseo:

“Niña, lo siento. No puedo ir al baile, mi padre ha tenido un infarto y está jodido en el hospital. Ve tú y diviértete. Hablamos.” 

 Asun©31 de enero de 2014

Relato de Febrero de ENTC puedes comentar aquí o en el enlace



domingo, 26 de enero de 2014

Miau, miau.

— ¿A que no ves un gato?
Claro que sí, pensé yo, justo delante de mí. Si te miro a ti estoy viendo un gato. Porque gatos somos los madrileños, así se nos conoce.
     Pero me daba a mí en la nariz, por cierto, también de gata, que no era esa la respuesta acertada.
Eché un vistazo general a mi alrededor desde la planta 7ª de un edificio situado en los primeros números de la calle Alcalá.
     A la derecha la plaza de nuestra diosa, Cibeles, Palacio de Comunicaciones (para mí siempre Correos, me resisto a llamarlo Ayuntamiento) y al otro lado el Palacio de Linares (agudizo el oído, quizá Raimunda me quiera decir algo). Y por fin la plaza de la Independencia, con esa puerta de 5 arcos, que me devuelve la mirada en un guiño de sol invernal.
     A la izquierda abriéndose paso entre tráfico y alguna callejuela estrecha, el reloj de la Puerta del Sol, descansando de su protagonismo indiscutible en la última y primera noches de cada año.
Pero desde esta altura ¿cómo distinguir un gato?
     En medio de mi concentración, miro de reojo a mi amigo. Sonríe, y le conozco demasiado bien esa sonrisa. Está disfrutando de lo lindo. Y nada, yo no veo el gato.
Entorno los ojos para enfocar más, si cabe, y noto un roce en la nuca y un susurro fantasmal en mi oído:
—Miau, miau…
—Ayyyyy
Grito sin poderme controlar, y doy un respingo de puro miedo.
— ¿Tu eres tonto verdad?
Pero al darme la vuelta para darle un manotazo, bien merecido por el susto, mis ojos hacen un barrido rápido por los tejados colindantes y:

— ¡El gato!

Reímos los dos. Si el paraíso existe, esta azotea de Madrid debe ser un reflejo de él. Nos abrazamos, y en mi pensamiento hago mío ese dicho  “de Madrid, al cielo”. Porque en el cielo creo estar mientras nos contempla ese travieso gato, que me pregunto ¿cómo habrá llegado hasta allí?

Creación de dEmo, de 58 cm se encuentra en la cornisa del antiguo edificio de Banco mercantil e Industrial, hoy Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid.


Asun©26 de enero de 2014

martes, 21 de enero de 2014

El rastro imprudente.

     Relato de enero de Esta noche te cuento.
Ilustración de Nicoletta Ionescu

    

     La madre se asomó al exterior. Nevaba, así que arrugó su naricilla, ante el frío que presentía ya. Despertó a sus hijos, que parecían muñecos blanditos, suaves, calientes. Apenas protestaron, juguetones, ¡que grandes se estaban haciendo!, cada día los veía más fuertes y empezaba a tener miedo al futuro. ¿Qué sería de ellos?
     Los tiempos eran cada vez más difíciles para todos, el bosque se quedaba pequeño.
Ya estaban listos, salieron y los jóvenes siempre con la fuerza de su corta edad jugaban a saltar y hundirse en la blancura hasta entonces inmaculada. Le gustaba verles así, pero tenía que reprenderles: no era prudente. Le venció la alegría de verles tan sanos y los dejó hacer.
     Habían avanzado bastante, cuando se oyó un trueno. Se detuvo y con el horror dibujado en sus ojos corrió hacia sus hijos.
      Uno de ellos yacía en el colchón rojo que se agrandaba a medida que la sangre manaba sin tregua de su cuerpo.

— ¡Que buen tiro Matías!
— No tanto, solo he alcanzado a uno de los cachorros, la madre y el otro lobezno se nos van a escapar de nuevo.
— Bueno si mañana nieva como hoy no será difícil seguirles el rastro.


 -*-*-*-*-*
Puedes comentarlo AQUÍ


Asun©20 de enero de 2014

domingo, 12 de enero de 2014

Entrevista al año 2014

— Buenos días señor Don 2014, y ante todo muchas gracias por atender mi llamada y acceder a esta fabulosa entrevista.

— De nada Asun, sabes que siempre estoy a tu lado, y no tiene nada de fabuloso hablar conmigo. No era tan difícil, yo estoy cerca del mar, o en el silencio de las montañas. En la cocina de tu casa, o en este andén del metro de Madrid, donde casi siempre encuentras tu inspiración. En todo caso el agradecido soy yo,  de hecho hasta ahora nadie me había preguntado nada.

— Pues si le parece vamos a empezar. Señor 2014 ¿piensa usted ser un buen año?

— Querida, tengo que corregirte y lo hago con todo el cariño, créeme. Tengo que decirte que no soy propiamente el año 2014, simplemente soy “tiempo”, esas divisiones que siempre os han preocupado para medirme, son solo inventos vuestros. Y respecto a si voy a ser bueno o no, he de decir que solo soy tiempo y no tengo ningún poder de decisión ni de acción, solo transcurro. Y además debo recordarte que transcurro también para todo el resto de cosas o criaturas que coexisten con vosotros. Aunque los humanos que sois egocéntricos por naturaleza, creáis que sois los únicos protagonistas.

— Así que si lo de los años es un invento nuestro, no hay ni un año ni otro. Entonces eso de esperar que el Año Nuevo cambie nuestras vidas, el “año nuevo, vida nueva” no existe.

— Claro que no, es solo una más de vuestras ilusiones. Si queréis un cambio, lo tenéis que hacer vosotros, porque sois los mismos el día 31 que el día 1. Sois muy complicados, perdéis demasiados momentos pensando en qué hacer con vuestra vida, en lugar de simplemente vivirla. Esto no lo hace ningún otro ser vivo. Luego os quejáis de que se os escapa el tiempo, y la vida es muy corta.

— Es que a veces el tiempo no da de sí para hacer tanto como tenemos pensado.

— Otro error, no soy yo el que no es suficiente, yo no soy ni corto ni largo, transcurro siempre igual. Vosotros tenéis algo maravilloso: vuestra fuerza de voluntad, una fuerza que se transforma en creación, en proyectos. Pero de nuevo os equivocáis. Cualquier otro ser vivo es consciente de sus límites y nunca empieza ninguna empresa que no podrá llevar a término. Vosotros sí, perdéis la perspectiva individual y no sabéis hasta donde podéis llegar. Esto os hace acometer proyectos imposibles y os lleva al fracaso. Luego me culpáis a mí, al tiempo, o a otras circunstancias, pero es el desconocimiento de vosotros mismos, individualmente, lo que hace que cometáis tantos errores.

— Vaya, parece que estoy frente a un filósofo, nunca imaginé que fuera usted  tan sabio.

— Y no lo soy, lo que ocurre es que creéis que yo voy pasando, decís “pasa el tiempo”, pero los que realmente pasáis, sois vosotros. He visto cómo sois a través de muchas generaciones, desde el principio.

— Entonces no tengo más remedio que preguntarle, qué le parece nuestra evolución, y qué cree que pasará en el futuro.

— ¿De verdad quieres saberlo? En mi opinión no habéis llegado muy lejos. Creéis que habéis evolucionado mucho, pero en realidad los primeros moradores sabían más acerca de lo verdaderamente importante, de vivir la vida. Si la evolución se traduce en mejoras para vivir más y mejor, creo que una vez más habéis fracasado. Cuanto más tenéis, mas infelices sois.

— Lo dicho toda una lección. Ha sido una entrevista muy reveladora e interesante, y tenemos que terminar. Gracias 2014, o perdón, solamente “tiempo”. Espero volver a tener la oportunidad de dialogar con usted, porque es un verdadero placer.

— Para mí también, y recuerda que estoy siempre a tu lado, transcurriendo.


Salvador Dalí ( Óleo 24,1 x 33 cm - 1931 Museum of Modern Art, New York, USA)




Asun©12 de enero de 2014 

sábado, 4 de enero de 2014

El otro cross


     La mañana estaba tan  fría como era de esperar en noviembre y en Burgos. No sabía cómo se había dejado convencer, pero allí estaba y si se trata de correr, correría.
     Un pequeño guijarro le hizo torcer la pisada, y perder el equilibrio. Agradeció llevar los guantes de piel, que además de protegerle del viento helador, impidió que sus manos quedaran marcadas por las finas agujillas que formaban el hielo de la escarcha. No llegó a posar la rodilla en el duro suelo, pero notó como el resto de corredores le adelantaban con demasiado ímpetu.
      Finos copos de nieve comenzaban a caer lentamente.
No dejaban de adelantarle corredores, pero estaban muy lejos de ser los que hacía apenas unos minutos tomaron la salida con él. Sin duda  eran figurantes, contratados quizá por la propia organización, para darle mayor vistosidad a la carrera. Demasiado realistas, iban prácticamente desnudos, apenas cubiertos por una piel, de… ¿oso? Ahora nevaba generosamente, tanto que tenía problemas para ver a unos metros de distancia.
      Los extraños corredores no dejaban de adelantarle. Uno de ellos corría ahora en paralelo a él. Iba a comentarle que quizá sería mejor olvidarse de la carrera a la vista de lo fea que se estaba poniendo la mañana.

     Pero enmudeció ante la prominente frente achatada que lucía. Su cara estaba cubierta casi en la totalidad de pelo, y sus ojos hundidos bajo unos lóbulos frontales desmesurados parecían mirar mucho más allá, enfocaban algún punto detrás de ellos. Tuvo la sensación de que  aquel ser sacado de la prehistoria, no corría ninguna carrera de cross.


Entonces notó que el suelo retumbaba extrañamente. Y se volvió.

     Quedó paralizado, mientras su extraño compañero de camino, tiraba de él, justo en el momento en que el mamut les alcanzaba.



Asun® 22 de noviembre 2013






Imagen tomada de la red

viernes, 13 de diciembre de 2013

¿Verdad que todo es posible?

E
ntramos en las últimas semanas del año. Entre música de campanillas, y árboles florecidos de luces. Y frío. Y la sensación de que hace solo un ratito, que estábamos en la misma tesitura. Que si cordero, que si pavo. Que si sidriña o cava. Que si mazapán o polvorones. Que si con tu madre o con la mía.
Pues a pesar de esos dilemas existenciales, y del bombardeo comercial animando a consumir y consumir. A pesar de eso, me gusta la navidad.
Me gusta ver la ilusión en los ojos de los niños. Me gusta ver la esperanza en los ojos de los padres. Me gusta el esfuerzo por quererse un poco más de los hermanos.
Me emociono con las historias de familias que superan malas rachas y hacen lo imposible por tener una cena especial.
Me emociono con la solidaridad de los que están un poquito mejor y comparten alguno de sus manjares.
Y me ilusiona pensar que la humanidad aún tiene mucho que decir y hacer, y todo es posible.
¿Verdad que todo es posible?







Asun©12 de diciembre de 2013

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Soñando viajes

Conocía todos los lugares y sabía de sus costumbres. Adoraba los atardeceres y anhelaba la salida del sol.
 El frío de las montañas la hacía sentirse viva, y resoplar con el calor del fogoso sur, le traía maravillosos momentos de risas despreocupadas. Siempre acompañada por él, de su mano podría ir a cualquier sitio.





Por eso hoy, cuando por fin iba a poder abandonar su mundo de médicos y hospitales, no lo dudó y juntos se fueron a descubrir todos esos mundos que antes solo habían existido en su imaginación.





Asun©17 de septiembre de 2013

jueves, 5 de diciembre de 2013

Nuestro pequeño milagro

El andén del metro estaba abarrotado, como siempre en los días previos a la navidad, la gente ajena los unos a los otros.
     Yo bajaba abriéndome paso en las escaleras mecánicas. Sé que llevaba el brillo radiante del sol en mi cara, porque siempre me lo has dicho: “eres transparente”. Y ahora a través de mis transparentes ojos verdes solo podía verse el amor que había hecho posible nuestro pequeño milagro.
     Ponía el pie en el último peldaño, cuando el convoy del metro en el que llegabas tú, hizo su entrada en la estación.
Mucho antes de que se abrieran las puertas, nuestras miradas ya se habían encontrado, luego nos abrazamos, yo comencé a llorar y tú empezaste a reír. Estuvimos riendo y llorando, llorando y riendo hasta que pusiste tus manos en mi vientre y me diste un beso en él, con una expresión infinitamente dulce que debías tener guardada para el momento en que ese corazoncito nuevo latiera dentro de mí.

     Entonces un silbato resonó en las bóvedas húmedas de los túneles y nos devolvió a la realidad del andén. Abarrotado, como siempre en los días previos a la navidad, la gente ajena los unos a los otros.



Asun©22 de Agosto de 2011


Este es mi relato de Esta Noche te Cuento para el mes de diciembre, si quieres comentar puedes hacerlo 








martes, 26 de noviembre de 2013

Los cinco años (Los cuentos del pan III)

     Nieves veía tranquilamente pasar las tardes en su panadería. Pero últimamente las ventas no eran lo que más alegría le proporcionaba. La mayor alegría se la daban las visitas de los niños. los viernes, se empezaba a convertir en costumbre, que cinco o seis de ellos se quedaran en el rinconcito de su tienda, para merendar y escuchar sus peculiares cuentos, bueno, sus historias, que ella había elevado a categoría de cuento.

- Hola Nerea, cómo tú por aquí?

    Acababa de entrar la niña, y unos minutos después su estresada mamá, que como siempre iba refunfuñando, sobre la prisa que tenía y la de cosas que le quedaban por hacer. Se diría que por muchas horas que se le añadieran al día, ella necesitaría siempre alguna más.

- Hola Nieves, ya sé que no es viernes, pero tenemos una reunión en el cole, y los niños se podían haber quedado allí, en el patio, pero se han puesto imposibles, Nerea, y estos cuatro que vienen detrás de mí, dicen que prefieren esperarnos aquí contigo. Te importa?

      Y lo preguntó con esa cara que de pura congoja, daba casi risa.

- Pues claro que no!, si ya sabes que estos niños son para mí lo mejor de la semana.
- Ay, de verdad eres un cielo, no me extraña que te adoren.
- Anda ve a esa reunión y tranquiliza a los demás, yo me quedo con estos lebreles. Eso sí, si se me sublevan demasiado, os doy un toque y me venís a rescatar.
- Si, si, desde luego, no lo dudes...
- Adioooos, vete, vete.

     Y allí estaba con sus cinco niños, que ya estaban preparando la mesa, las tazas, el cacao, y eligiendo entre magdalenas, o bizcocho para merendar.
Así que pronto estaban saboreando estos manjares, además sabían que la condición era innegociable, si querían un cuento, había que acabar la merienda, y sobre todo comer lo elegido, aquí no valían caprichos, ni arrepentimientos, ni desperdiciar o estropear nada. Y curiosamente, aunque sus padres se quejaban de lo mal que se portaban en las comidas, aquí respetaban perfectamente las reglas impuestas.

- Nieves, sabes que mañana es mi cumpleaños?- dijo Pablo, el más alto de los niños.
- No, no lo sabía, y cuántos cumples?
-5 años, y voy a ser el más mayor de todos.

Hubo un coro de protestas, un JOOOOO, general por parte de sus amiguitos.
     Para apaciguarles, Nieves cogió las riendas, y comenzó un relato:

“- Eso me recuerda al día en que Nieves, nuestra amiguita de los cuentos, cumplió 5 años. Estaba muy contenta y nerviosa. Quería levantarse muy temprano, para comprobar lo grande que estaría, pues ya con cinco años, sin duda tenía que haber crecido mucho.

Pero antes de que pudiera comprobarlo, su mamá había entrado en la habitación, y Nieves decidió preguntarle a ella.

–¿Estoy muy alta mamá?
-Pues sí, sin duda, no sé qué te ha pasado esta noche…-contestó su mamá, haciendo como que no recordaba que era su cumpleaños.
-¿es que no te acuerdas?
-Ah! Si, hoy creo que va a hacer mucho frío, tienes que abrigarte para ir al cole.

    Y Nieves se quedó callada y muy triste, no podía creer que se hubiera olvidado de su cumpleaños, además al acostarse habían cantado el “feliz, feliz en tu día”, porque sus papás no podían ni esperar al día siguiente.
Pero al entrar en la cocina para tomar su desayuno, Nieves quedó paralizada, estaba llena de globos y había una gran caja en el centro de la mesa. Lo curioso es que la caja no paraba de moverse. Tanto que aunque su mamá y su papá la animaban a acercarse para que abriera su regalo, a ella le daba miedo.
Por fin se atrevió y a quitar la tapa, y algo saltó de su interior. Fue tan rápido que no casi no supo de qué se trataba. Era un animal, desde luego, pero qué era realmente?”
Nieves se interrumpió, y mirando las caras de expectación de su pequeño público, saboreó la pausa, hasta que preguntó:

- A ver niños ¿qué animalito era el regalo de Nieves?

Enseguida un aluvión de contestaciones, pero todas con el mismo resultado:

- Un perrooooo
-Pues no, ni mucho menos, lo que le regalaron fue ni más ni menos ¡un patito!
-¿Un patito?- extrañeza total.
-Un patito, y negro para más señas.
-¿Negro?, pero que feeeo!!

-Bueno a Nieves también le pareció feo, la verdad, y estaba un poquito desilusionada. Ella quería un perro. Un pato, para qué servía?. Estaba tan triste, que no sabía ni que nombre ponerle.

Sin embargo el animalillo, pareció enamorarse de Nieves desde que la vio. No hacía más que seguir a la niña, por la cocina, por el pasillo, por la acera de la calle.
Entonces a la niña le hizo tanta gracia que hicieron todo el camino hasta el cole con el patito detrás, y Nieves muy, muy orgullosa, diciendo a todos sus amiguitos:

-Es mi regalo de cumpleaños. Justo lo que yo quería, un patito, y que no fuera igual que los demás, por eso es negro, y se llama Negrín.

    
“Negrín” conquistaba a todos con sus torpes andares, siempre detrás de su hija, tropezando con cualquier cosa, y resbalando y levantándose, con un gracioso Cuak, Cuak.”

     Y como siempre los niños, entusiasmados pedían a la panadera, que les contara otra vez cómo era Negrín, si era tan negro, o tenía alguna pluma blanca, si era muy chiquitín y exactamente como andaba…




Asun©17 de agosto de 2013

jueves, 21 de noviembre de 2013

Un círculo perfecto

Había vuelto temprano del trabajo, y como tantas veces encontró a su hija repasando fotos en el portátil. ¿Cuántas fotos son capaces de hacerse los jóvenes de hoy? Las que hagan falta, mamá, habría respondido ella con una mueca de burla.
Lucía ahuecó la manta de viaje bajo la que estaba acurrucada e invitó con el gesto a su madre. Sin pensarlo ella compartió aquel trocito de sillón y con el ordenador apoyado en las piernas de ambas, comenzaron a repasar las instantáneas.
Reían ante las caras y posturas de los amigos y de la propia joven. Pero eran todos preciosos, chicos y chicas despreocupados, felices. Su hija tenía prisa por llegar a cierta fotografía, la de un amigo nuevo. No hacían falta explicaciones.
Lucía, su tesoro, su amor, su niña, ya no era su niña. Y el torpe disimular de su nerviosismo repentino, lo decía todo.
El estómago le dio un vuelco.
Tenía delante de sí una imagen preciosa, su hija y el muchacho mirándose. Y en la mirada todo un universo de cariño, deseo, amor…
Una frase quedó en el aire “Mami, este es… pero mamá ¿Qué te pasa?”
Se levantó incapaz de detener una náusea.  Había visto en su hija y aquel chico, su propia imagen y la de su marido. Igual de tiernos y jóvenes, la misma devoción en la mirada de él hacia ella.
Por eso su cuerpo se había revelado, porque el cuerpo al contrario que la mente, no olvida. No olvida los golpes, ni cierra las heridas del corazón.

Paseaba de un lado a otro de la habitación.
Su hija se había rendido y ya no insistía en sus llamadas y preguntas sobre lo que le ocurría. Seguramente estaría en su cuarto, llorando como ella. No, peor que ella, porque el desconocimiento crea todavía más angustia.

Toda la vida reconstruida con tanto cuidado, recuerdos desterrados, y otros encajados milimétricamente para inventar un pasado nuevo, y tejer un presente feliz.
Pero esa torre elevada con cimientos de cariño y ladrillos de mimo, se había venido abajo en el momento en que vio aquellas imágenes.

Respiró, se pasó un pañuelo limpio por la cara, y se miró en el espejo recomponiendo el rostro en un gesto amable. Había llegado el momento. Fue en busca de su hija, la abrazó e intentando apartar el miedo y la tristeza, le contó sin omitir detalles una cruda historia, la suya propia.
Después el silencio lo invadió todo. Prepararon algo para cenar, casi por hacer algo para rellenar el vacío y desolación que ahora cubría a ambas.

*-*-*-*-*

Volvió temprano del trabajo, Lucía repasaba fotos en el portátil, y junto a ella Juan. Pero ¿cuántas fotos son capaces de hacer estos chicos?
  Ambos le hicieron un hueco entre ellos. Y ella aceptó encantada dejándose mimar.
En una milésima de segundo recordó aquel día en que Lucía le enseñó la primera imagen de los dos juntos. Y la amargura que siguió al desvelarle a continuación un pasado que nunca debiera haber existido.
Pero fue solo una milésima de segundo, porque ellos, Juan y Lucía le enseñaban cada día, que el amor si existe y es bueno. Que el cariño no hace daño y que la ternura se renueva y no deja nunca de sorprender. Lo que ella vivió no fue amor ni cariño sino el sentimiento tergiversado de un ser enfermo.

Se había cerrado un círculo, ahora estaba segura de que la vida siempre merece la pena, aunque tropecemos en piedras casi imposibles de sortear.


 NO SILENCIES EL MALTRATO


Asun ©noviembre de 2013

domingo, 17 de noviembre de 2013

Rompecabezas de piezas rotas

Hoy ha salido el sol,
después de un largo invierno.
Por fin me miro al espejo
y veo algo más que tormento.

Hoy he descubierto otro mundo,
he visto florecer el desierto,
hoy sé a ciencia cierta
que hay vida después del miedo.

El rompecabezas de piezas rotas,
empieza a estar completo,
apenas se notan las grietas,
que dejaste en mi cuerpo.

Hoy ha salido el sol,
a pesar de estar lloviendo.
Hoy vuelvo a ser yo misma,
ni de ti, ni de nadie dependo.



Asun© 16 de noviembre de 2013



miércoles, 6 de noviembre de 2013

Un ejemplar magnífico

     A grandes zancadas sobre las olas, surco las aguas. No imaginaba que deslizarse fuera tan sencillo. Si pareciera que me sale de natural. Que recuerde, nunca sentí especial inclinación por el agua. Y menos por esta,
¿Por qué estará tan salada? Tampoco recuerdo que familiares míos hayan sentido tal inclinación a surcar las aguas. Bien es verdad que yo recordar, recuerdo más bien poco. No sé ni cómo he llegado a esta preciosa bahía.
     Más, heme aquí jugando con blancas espumas. ¡Cielo santo! Si hasta diría que respiro bajo el agua… esto es un poco surrealista, ahora me he topado con un aperitivo, exquisito…
- Tira, tira, que este ha picado. ¡Y es un ejemplar magnífico!







Asun®  26de septiembre de 2013

domingo, 27 de octubre de 2013

No al Acoso Escolar

Acoso. La RAE nos da la definición de  esta palabra: Acción y efecto de acosar, y acosar: Perseguir, sin darle tregua ni reposo, a un animal o a una persona. Perseguir, apremiar, importunar a alguien con molestias o requerimientos.
No sé si habrá un acoso mejor o peor que otros. Pero entre todos me parece especialmente doloroso y cruel el acoso escolar.
Es difícil trazar una línea entre lo que pueden parecer bromas normales entre escolares, ya se sabe los niños son especialmente irónicos y crueles. Si pero dentro de esta premisa de normalidad debe haber un límite. Cómo saber cuándo se ha pasado este límite, no es fácil, dependerá de cada caso individual, dependerá de quien lo sufre y de quien lo realiza.
Pero cuando un niño vuelve a casa asustado, no quiere ir más al cole, o cambia en sus actitudes y ritmo de estudios y de actividad escolar y extraescolar, hay que pensar que algo está pasando.
He tenido la ocasión de acercarme a esta problemática a raíz de leer a una mujer, blogera como yo, y escritora con libro publicado. Pero sobre todo madre, y madre que sufre a través de su hija este problema. De su mano he sabido algo más y quiero compartirlo.
Lo podéis escuchar de primera mano a través de un programa de radio donde ella daba la entrada para abordar el problema:

Yo os hago un resumen aproximado de lo que allí se dice, y como yo lo he entendido:
¿Cómo actuar? ¿Qué hacer y por dónde empezar?
He sabido de una triple A, pautas para enfrentarse al problema:
- Acoger: Debemos escuchar a los niños, y dar importancia a lo que nos cuentan. Siempre que un niño se queja, tiene razones para ello. Quizá no debamos magnificar el asunto, y no delante de ellos, pero debemos desplegar todas las antenas y observar el alcance de los hechos.
- Apoyar: hay que hacer ver a los niños que estamos a su lado, que estamos vigilantes. No solo nosotros, los familiares, los amigos. Hacerles entender que no es culpa suya. Pero también dejarles el protagonismo a ellos. Ellos son los acosados, y ellos tienen que salir de la situación, con nuestro apoyo incondicional. Pero ser ellos los que sepan que han salido adelante, poniendo freno por sí mismos.
- Actuar, por último, y después de escuchar, prestar nuestro apoyo, debemos actuar, generalmente los niños acosados, son eso niños. Por tanto menores, por ello somos los padres los que tomaremos las iniciativas pertinentes, a través de los cauces propios para ello. Pero los chicos deben saber que se está haciendo, que hemos iniciado el camino para la solución.
Este camino empezara por los más cercanos al niño:
-El profesor tutor, se le pondrá en conocimiento la situación.
-Jefes de estudios, coordinadores pedagógicos.
-La dirección del centro.
Si las aptitudes de todos ellos son esquivas, no nos convencen, son en suma superficiales y no nos dan un compromiso de actuación, la petición se hará por escrito y se esperara una respuesta.
-El registro: Si hay demora en la contestación, se formulará de nuevo la exposición del caso y se pasará por el registro.
Este escrito deberá contener de manera clara todos los datos posibles. Cuándo, y con qué frecuencia ha pasado, dónde (patio, pasillos). Concretando al máximo quién lo hace, de forma concisa pero contundente. Sin olvidar la educación, pero pidiendo una actuación al respecto. (Yo solicito que el centro actúe, tome medidas, etc.)
-La inspección: se adjuntarán todos los documentos que tengamos sobre el caso, posibles notas escritas acosando. Testimonios de compañeros, o incluso de padres de alumnos que saben algo del tema.
- Comisarías de Policía, recomendablemente las de policía nacional, pero también las autonómicas.
- Fiscalía de menores, que corresponda según la zona.
Tanto en comisaría, como en la fiscalía se denunciará a las personas acosadoras, con nombre y apellidos, incluso si son menores, se indicará el nombre y apellidos si se conoce quienes son.
Se puede denunciar también al centro, aduciendo que no han dado respuesta a nuestras peticiones.

Y más o menos este puede ser el camino a seguir en caso de que desgraciadamente nos encontremos viviendo esta pesadilla.
Ánimo a todos los niños que en este momento estén pasando por ello.

Como todas, esta batalla también se puede vencer.

Solo me resta decir que hay organizaciones que se ocupan de ayudar, informar y de algún modo prstar ayuda sobre todo esto.

Su web es: http://www.noalacoso.org/
Su teléfono: 683 559 883






Asun, 27 de Octubre de 2013



domingo, 20 de octubre de 2013

Una visita obligada

Aún no sabía como podía estar allí, subiendo en esa “fregoneta” junto al Richard y dirigiéndome a casa de Don Francisco.
    A casa de D. Francisco “el plantao”, quién sabe cómo sería esa casa, ya me imaginaba yo entrando en la peor de las chabolas, o “chabolos” y a saber en qué perdido poblado marginal.
     Pero cómo negarme a la invitación hecha con el corazón y con tanta y tanta insistencia, además había dado mi palabra, y dar la palabra era para él y para mí, lo más sagrado.
    Así saludé al Richard, que me ofreció respetuosamente la mano, en una ceremonia digna de los besamanos que se llevan a cabo en los salones del Palacio Real en cualquier recepción de sus majestades. Y me instalé en el asiento de al lado del conductor de la camioneta, oyendo la retahíla de disculpas de mi acompañante por lo desordenada y sucia  que estaba: zeñoriiita enferma (así me llamaban todos ellos), dizculpe ezte desorden, ya zabe como noz dedicamo tós a la chatarra…
     Y todo dicho con aquél acento gitano de lo más genuino que a mí me hacía tanta gracia en el hospital.
     En el hospital…, entonces empecé a recordar aquellos días amargos, que reconozco sin ningún pudor, lo fueron menos gracias a estos compañeros de fatigas. Lo primero que me había llamado la atención era lo morenos que eran, igual que yo se la llamaba a ellos por lo blanquita, aunque yo tenía serias sospechas de que no todo era genética en ello, sino que algo intervenía el (no) uso del agua y el jabón.
     Por fin llegamos. ¿Pero que era aquello?, todo el poblado, pero todo había salido a recibirme, no solo la familia de Don Francisco, aunque creo que todos de una manera u otra eran allí familia.

Dos gitanas o dos sevillanas. Sorolla


     Una vez pasado el soponcio de la bienvenida, todo fue sobre ruedas, porque dejé de mirar a mi alrededor objetivamente y abrí los ojos a esa realidad paralela, la de aquel otro mundo sucio, destartalado, sin orden ninguno en el trazado de sus amontonadas cajas y plásticos, que eran en realidad viviendas, donde a veces convivían familias de más de 10 miembros. Y en medio de todo ello y más regularmente de lo que parecía a primera vista había unas ristras interminables de ropa tendida secándose al sol e impecablemente limpia.
     Y luego estaban los olores, a veces rancios o excesivamente fuertes, pero con predominio en esta ocasión a barbacoa, a asado. Olor que además aumentaba según nos acercábamos a nuestro destino, el reino de D. Francisco.
Escena valenciana. 1893 Sorolla

     Atravesamos unas cuantas cuerdas de ropa y varias hileras de diversos muebles y complementos de baño, es decir un par de filas de bañera desconchadas, retretes más o menos lustrosos y lavabos de varios modelos, algunos para mi asombro del mejor diseño y en perfecto estado para instalarse en cualquier casa de “mi mundo”.
    Y llegamos a un patio rodeado por un lateral de dos o tres caravanas y por otro de una especie de barranco donde había tres montañitas de todo tipo de escombros y materiales, que en realidad me presentaron como “er armasen” (el almacén) o sea donde acumulaban lo que iban encontrando y más tarde le darían salida en sus negocios o trapicheos. Y por fin, al fondo estaba la casa, la mansión, er FarconCré, (en alusión a la serie americana de los 80).
     Esta mansión por fuera era una superposición más de cartones, plásticos y maderas que pretendían formar paredes y techos. Pero esto era solo fachada, porque por dentro descubrí un verdadero palacio, donde además, si que había paredes de ladrillo, aunque por fuera no lo pareciera. Y de  la decoración decir recargada era poco, allí había estatuas, al parecer de mármol, todo tipo de figuras doradas, cuadros, vajillas. Ná cuatro cozillas y to malo, to malo, me decía Don Francisco, antojos de mi señora.
     Después de conocer la casa y oír por activa y por pasiva que era mía y para lo que quisiera, nos sentamos en una enorme mesa preparada para la ocasión. Alrededor de ella cabíamos convenientemente sentados todos, y todos éramos muchos, pero muchos.
     Y comimos y bebimos, sobre todo yo, que además no estoy acostumbrada. Así pues me puse hasta arriba, o hasta el fondo y prové todo lo que me ofrecían, sin tener que hacer mucho esfuerzo, por cierto, pues estaba exquisito. Me llamaron la atención también las frutas, sirvieron unas bandejas enormes con una variada selección de ellas, nacionales y de todo el mundo y de una calidad poco corriente. “Ná, ná, que menos pa la zeñorita enferma, pa que acabe de recoger laz fuerzas que perdió nel lospitá con mi Manuela”.
     Allí los había conocido, en el hospital, cuando compartí habitación con Manuela. Manuela era una mujer mayor, pero no tanto por la edad, sino por la vida que le había tocado llevar. Había parido once veces, todas en su casa y apenas en un par de días estaba trabajando por los mercadillos y tirando de su prole. Hasta que la conocí porque padecía de la “visícula” y tuvo que ser operada.
    Al principio su llegada a la cama de al lado fue un caos, porque llegó ella y su supergrande familia, sus gritos, sus olores, su barro en las zapatillas, palmeos y cantos, todo junto. Alguna enfermera sugirió cambiarme de habitación ante semejante situación. Y yo me negué en rotundo, ya que no veía tantos inconvenientes sino una enorme familia unida y un derroche de cariño y humanidad. De este modo gané su agradecimiento eterno y su respeto y lo más importante su amor sincero e  incondicional.

El baile, 1914/15, Sorolla
 Nuestra velada acabó con una sesión de baile y canto, todo sentimiento y ternura, que me fascinó, aquí bailaban todos, mayores, niños, hasta los bebés con ese ritmo en el cuerpo y en las manos. Y las voces, unas limpias, otras rotas, todas hondas, llenas, que me hicieron sentir y estremecer hasta las lágrimas. Y las guitarras, que cobraban vida propia.
Y todo en medio de la oscuridad que había llegado como puntual invitada para sellar mi visita.
    Así ya muy entrada la madrugada el Richard me devolvió a mi casa, a mi mundo, mi descolorido, triste, silencioso y sobre todo vacío de afectos, mundo.

     De nuevo repetimos la ceremonia del besamanos, como al encontrarnos unas horas antes y me dijo solamente “hasta siempre zeñorita enferma” y me dejó allí, en medio de mi acera, mas sola y desamparada  de lo que nunca pensé que podría sentirme. Y con el corazón mas lleno de lo que jamás pensé me podría caber.




Asun ©4 de noviembre de 2011