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Algo sobre mi

Algo sobre mi:

En lo que yo soy ahora han influido tanto las circunstancias de mi vida, como las personas que han desfilado por ella.


Entre las personas, los primeros mis padres. Mi padre, que por desgracia ya no vive, es la persona más honrada, justa y responsable que he conocido. Parece un tópico, sobre todo porque ya no esta, pero es la realidad, jamás le vi apartarse de lo que era correcto y repito honrado.

Mi madre, pues parecida a mi padre, una persona íntegra y con infinito espíritu de sacrificio hacia los demás y una sensatez y sensibilidad que hace que sea imprescindible pilar de la familia.

Mis hermanos, cuatro, todos chicos, bueno como es normal tenemos nuestros mas y nuestros menos, pero en general nunca llegó la sangre al río y sé que detrás de mi están todos, los cuatro para recogerme si caigo. Y lo mismo para cada uno, siempre estamos, incluso antes de que se nos llame.

Y una tía que es casi mi segunda madre.

Y después mis amigas, las que conservo desde que tenía 11 meses (si, meses) que fue cuando llegamos al barrio de Madrid, allá por los años... me cuesta decir mi edad, no es que me sienta mayor, pero si digo la edad lo voy a parecer.

Y ya solo quedaría nombrar el resto de personas que he ido conociendo y que casi todas han sido buenas y han dejado una imborrable huella dentro de mi. (las menos buenas también dejaron huella, por desgracia)

Me queda por mencionar a mi propia familia, quiero decir la que creé yo misma junto a mi marido, y se compone, de momento de él y mis dos hijos. Digo de momento porque ellos están ya en edad de empezar a vivir su propia vida,el mayor hace tiempo que la comparte con alguien, aunque todavía vive en casa con nosotros y la pequeña ya tiene también un proyecto (y que pena me da que se hagan tan mayores). Pero todo forma parte de un ciclo, que es el de nuestra existencia.

Y a esto añadiremos lo que tengo propiamente mío, que algo habrá también, aunque soy bastante simple e influenciable, con lo cual me acoplo a casi todas las situaciones y no me ha ido mal de esta manera.

Si habéis aguantado este pequeño tostón y os quedan ganas podéis leer algo de lo que escribo, que es como yo sencillo y simple.

Me habéis visitado todas esta veces...

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martes, 27 de agosto de 2013

Anak nga lalake (El Atropello II)

    Poco a poco se acostumbraba a esa nueva vida. Y se sentía mucho más cerca de su mujer de lo que hubiera imaginado, dadas las circunstancias. Ella seguía sumergida en su descanso y aunque no tan rápido como pensaron, no tardaría en llegar el día en que vería sus ojos de nuevo abiertos.
Sus ojos, deseaba tanto verlos otra vez, tan llenos de luz, con ese color tan especial, tan claros, tan atentos, risueños o preocupados, pero siempre tan vivos.
Se acercó a ella y acarició su mejilla, y no se resistió al impulso de rozar apenas su rostro con sus labios. Un beso leve y a la vez enorme, suficiente.

     Volvió al ordenador. Investigaba las últimas palabras de Marta, esos sonidos se ajustaban a una lengua hablada en una de las principales islas filipinas.Y los caracteres más parecidos eran:
Magtan-aw sa akong anak nga lalake, ang akong anak nga lalake, nga ako nahigugma kaninyo.
    

La traducción supuso un mazazo.
 De manera diferente, pero tan demoledor como la noticia del atropello de su mujer.

     Inevitablemente repasó todo lo que sabía de su mujer, todo, desde el día en que se habían conocido.
Se conocieron hacía 11 años, tontearon durante uno, y ahora llevaban una década viviendo juntos. No se habían casado, nunca lo creyeron necesario.
     Le resultó duro, duro y deprimente, comprobar que apenas sabía nada de ella. Es decir creía saberlo todo, porque no necesitaba saber nada más que la realidad que vivía día a día. Día a día y en presente. Alguna vez habían hablado del futuro, pero no querían tentar a la suerte, si eran felices, ¿para qué pensar más?
Sobre el pasado, nada, muy poco. Eran personas corrientes, con un pasado corriente. Él, hijo único, su padre ya fallecido, y su madre, una mujer muy discreta que les dejaba hacer su vida.
Marta no tenía padres, se había criado con una tía, muy cariñosa, comían con ella al menos dos días por semana, y todo era normal. Comentaban anécdotas de infancia, del colegio. Manías, gustos, todo normal.

     Hoy había descubierto algo nuevo. A veces le venían ideas, como si fueran ráfagas de viento: el pasaporte, ella viajaba relativamente a menudo, a causa de su trabajo en el laboratorio. Así que le asaltó la idea de ver su pasaporte. Le costó mucho abrir el bolso para buscar su cartera. Porque tenía todo lo que su mujer llevaba el día del accidente guardado en un cajón de la cómoda, y no lo había vuelto a tocar.
Otro mazazo. No solo estaba sellado, sino que en más ocasiones de las que hubiera imaginado. De hecho había visados de  viajes periódicos. Y ninguno a Alemania, donde se supone estaba la sede de su empresa.

     Dirigió la vista a la fotografía enmarcada que ocupaba gran parte de la pared, junto a la ventana y le hizo una pregunta, en voz alta, como lo más natural del mundo ¿quién eres Marta?, porque tenía la sensación de que “su Marta” no era la que él creía, y empezaba a tener claro que tampoco era suya, como gustaba ella misma de decir: “Hola cariño soy tu Marta”…
     Tuvo otra idea, otra ráfaga. Sin pensarlo buscó en su teléfono móvil la última llamada de Penélope, la inseparable amiga de Marta y la llamó.
Inmediatamente tuvo la voz agradable voz de la mujer al otro lado.

- No, no ocurre nada malo, no hay novedades. Es solo que quería hacerte una pregunta acerca del último viaje de Marta.
Silencio al otro lado, y precaución por parte de él.
- Ah, ¿el de hace dos meses?
- Sí, justo. Fue como siempre a Alemania, ¿verdad?
- Sí claro, como siempre, ya sabes, los viajes rutinarios de la empresa…
- Pues yo diría que no, que desde luego no fue a Alemania.
- Oye Mario, no sé qué quieres decir, te noto muy nervioso.
- ¿Me notas muy nervioso? Claro es que no tengo motivos para estarlo ¿verdad? Dado que Marta no puede explicarme que está pasando aquí, ¿podrías tú al menos dejar de mentirme?
- Mario, si te parece nos vemos mañana y te prometo que aclararé todo lo que esté en mi mano, pero cálmate, en serio, todo esto es terrible.
- Muy bien comemos juntos, en el Retiro.
Y colgó sin esperar contestación de ella.

1*1*1*1

Juan, el camarero del bar Retiro, terminó de dejar los cafés en la mesa y se retiró discretamente.

- Entonces, ¿no vas a contarme porqué viajabais a esa isla?
- No puedo, tienes que comprenderlo, es ella la que tiene que explicarte todo.
- Si, lo entiendo, pero ella, ya sabes como está.
- Pero cuando mejore te lo dirá.
- ¿Tú crees? no lo ha hecho hasta ahora.
- Pero lo iba a hacer, esto es terrible, lo iba a hacer justo cuando le pasó esto.
- Pues entonces cuéntamelo tú, piensa que no me cuentas ningún secreto de ella, sino algo en lo que tú también tienes parte. ¿Cuántas veces la has acompañado?
- Bueno, no tantas. Me cuesta mucho decirte esto. Espero que Marta me perdone y me comprenda. No creas, para mi va a ser un descanso poder hablarte de ello, porque creo que no mereces tanto engaño.

Mario volvió a tener la sensación de vacío, de mareo, que tanto le visitaba últimamente. Había dejado de escuchar, su cabeza ocupada con las últimas palabras: tanto engaño, tanto engaño.
Pero Penélope continuaba hablando, contando una extraña historia, extraña y sin embargo verdadera.

- Marta es filipina, si claro que no lo parece, su madre era hermana de su tía, como sabes. Su padre, bueno, su padre es alguien, no te lo voy a decir.
- Querrás decir era, su padre está muerto.
- No, no lo está. Vive, vive allí en Cebú, con su hijo.
- Y ¿por qué tanto misterio? Aunque no se llevaran bien, ¿por qué ocultarlo?
- No me has escuchado, vive con su hijo, el hijo de Marta, y… de él.
Otra vez el mareo, mareo y náuseas.

1*1*1*1

     De nuevo corría por los pasillos del hospital, tras recibir la llamada urgente del jefe de servicio de neurología.
Si el médico estaba en lo cierto, todo estaba a punto de terminar.
Marta había salido de su ensoñación hacía unos instantes,  y una vez estabilizada estaba dispuesta a enfrentarse de nuevo al mundo.

La pesadilla estaba a punto de terminar, o de comenzar… Y vinieron a su mente las palabras que ahora sabía de memoria: Magtan-aw sa akong anak nga lalake, ang akong anak nga lalake, nga ako nahigugma kaninyo. (Busca a mi hijo, hijo mío, te quiero)


Asun ©27 de agosto de 2013