mi música

Algo sobre mi

Algo sobre mi:

En lo que yo soy ahora han influido tanto las circunstancias de mi vida, como las personas que han desfilado por ella.


Entre las personas, los primeros mis padres. Mi padre, que por desgracia ya no vive, es la persona más honrada, justa y responsable que he conocido. Parece un tópico, sobre todo porque ya no esta, pero es la realidad, jamás le vi apartarse de lo que era correcto y repito honrado.

Mi madre, pues parecida a mi padre, una persona íntegra y con infinito espíritu de sacrificio hacia los demás y una sensatez y sensibilidad que hace que sea imprescindible pilar de la familia.

Mis hermanos, cuatro, todos chicos, bueno como es normal tenemos nuestros mas y nuestros menos, pero en general nunca llegó la sangre al río y sé que detrás de mi están todos, los cuatro para recogerme si caigo. Y lo mismo para cada uno, siempre estamos, incluso antes de que se nos llame.

Y una tía que es casi mi segunda madre.

Y después mis amigas, las que conservo desde que tenía 11 meses (si, meses) que fue cuando llegamos al barrio de Madrid, allá por los años... me cuesta decir mi edad, no es que me sienta mayor, pero si digo la edad lo voy a parecer.

Y ya solo quedaría nombrar el resto de personas que he ido conociendo y que casi todas han sido buenas y han dejado una imborrable huella dentro de mi. (las menos buenas también dejaron huella, por desgracia)

Me queda por mencionar a mi propia familia, quiero decir la que creé yo misma junto a mi marido, y se compone, de momento de él y mis dos hijos. Digo de momento porque ellos están ya en edad de empezar a vivir su propia vida,el mayor hace tiempo que la comparte con alguien, aunque todavía vive en casa con nosotros y la pequeña ya tiene también un proyecto (y que pena me da que se hagan tan mayores). Pero todo forma parte de un ciclo, que es el de nuestra existencia.

Y a esto añadiremos lo que tengo propiamente mío, que algo habrá también, aunque soy bastante simple e influenciable, con lo cual me acoplo a casi todas las situaciones y no me ha ido mal de esta manera.

Si habéis aguantado este pequeño tostón y os quedan ganas podéis leer algo de lo que escribo, que es como yo sencillo y simple.

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POR FAVOR NO OLVIDES NUNCA DEFENDER LOS DERECHOS HUMANOS

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domingo, 3 de junio de 2012

Se veía venir


 










Que no puede ser,
Que se veía venir
Que tu eres muy tuya,
Y yo soy muy de mí.

Que eres lo que más me importa,
Y yo lo que más te importa a ti,
Pero me dejas con cara de idiota
Cada vez que te lo quiero decir.

Y luego me buscas,
El remordimiento no te deja dormir,
Y yo de tus excusas,
Hago un chiste y no paro de reír.

Mejor cada uno por su lado,
Sin duda mucho mejor así,
Cretino, soso, atontado,
Cursi, ridícula rosa de pitiminí.

Ahora soy feliz,
De la que me he librado,
Pero ¿Qué hará ella sin mí?
Y sin mí ¿qué hará ese pesado?

Que no puede ser,
Que se veía venir,
Imposible estar contigo,
Imposible vivir sin ti.


Asun®3 de junio de 2012

viernes, 1 de junio de 2012

Mi gran secreto





Una nube en tus ojos,
Tormenta en mi corazón.
Una lágrima tuya,
Mi ahogo, mi dolor.

Una sombra en tu expresión,
Oscuridad para mi vida,
  Sin  tu sonrisa,
 Yo no existiría.

El roce de tu mano,
Caricia segura
                                                                                     Tu caminar a mi lado,
                                                                                      apoyo que todo cura.

                                                                                       Tus palabras,
                                                                                       Mi alimento.
                                                                                        Tú, mi gran amor.
                                                                                           Tú, mi gran secreto.


Asun®1 de junio de 2012

martes, 29 de mayo de 2012

La niña España



Nació la niña entre algodones,
hija de la opresión y la vergüenza,
vestida de esperanza y perdones,
tocada de corona su cabeza.

Infancia feliz y caprichosa,
todo era poco para ella,
cabecita loca, juventud impetuosa,
¿Hasta cuándo brillará tu estrella?

Apenas con treinta y cuatro años,
se apagó tu efímera belleza,
haciendo balance de daños,
arruinada y sumida en la mayor pobreza.

Tocó la niña fondo,
la princesa parece muerta,
llanto y quejido hondo,
mira hacia atrás y recupera tu fuerza.

Quiere la niña estrenar nueva ropa,
hecha de justicia, honradez y conciencia,
reconocer a quien la engaña,
apartarse quizá de Europa:
Y ser solo España, ser su propia dueña.

Asun®27 de mayo de 2012

viernes, 25 de mayo de 2012

La pareja más apasionada.


La pareja más apasionada.

      Me vuelves loca, loca, ya lo sabes. Ese movimiento hacia delante, hacia atrás. Tu cuerpo flexible dominando el mío. Me haces seguirte a donde quieras llevarme, ajustándome a tu ritmo suave o frenético.
     Así te sigo, jamás imaginé lo que mi cuerpo era capaz de hacer y estoy segura de que solo lo puedo conseguir junto al tuyo.
     Comprendo que esto ya sobrepasa la pasión y llega hasta la locura. Rozamos el cielo, o al menos yo.
    Ya  se que para ti no soy la única. Y seguramente sientes lo mismo con todas, aunque a mi me guste pensar que la complicidad y la química que desprendemos, y esa atmósfera que creamos cuando giramos unidos, no la consigues con ninguna otra.
    Porque para mi no hay duda, soy tu más apasionada e imposible de igualar, pareja de baile.
~-.~-.~-.~-.~-
Asun® 25 de mayo de 2012

lunes, 21 de mayo de 2012

Rap de los 25 años




No me digas más
Esa palabra,
La crisis,
No me interesa,
Tengo 25 años
Y me da pereza.

No hay dinero,
No hay trabajo,
Lo que no hay
Es vergüenza,
Tengo 25 años
Y me da pereza.

Mi padre
Cansado,
Mañana cierra
Su empresa.
Tengo 25 años
Y me da pereza.

Mi madre
Empleada
En la limpieza,
Va a siete casas.
Tengo 25 años
Y me da vergüenza.

Me da pereza
Tener 25 años
La vida deshecha
Sin dinero,
Sin trabajo,
Y con vergüenza.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Asun®20 de mayo de 2012

sábado, 19 de mayo de 2012

Pleagaria maternal (en clave de humor)


¡Ay Señor!
Nada hay que quiera mas yo,
Que a mis dos hijos.
Y por favor te pido
¡Llévatelos pronto!
A vivir fuera de mi domicilio.

¡Ay Señor!
Que se instalen
Cada uno en su casa,
Que ya estoy cansada
De tantas noches en vilo.

¡Ay Señor!
Son muy buenos chicos,
Sanos, alegres y cariñosos,
Pero tienen sus cuartos
Peor que su madriguera los osos.

¡Ay Señor!
Ilumina a nuestros políticos,
Que solucionen la crisis,
A ver si los jóvenes
Pueden de una vez:

¡Abandonar el nido!


-.-.-.-.-.

Asun®18 de mayo de 2012

miércoles, 16 de mayo de 2012

Ecos de Lavapies


     La mañana está fresca, es 15 de mayo, y aprovechando que es festivo, he accedido a acompañar a mi tía Amelia, hermana de mi abuelo.
     Hemos vuelto a Lavapies, su barrio de siempre, hasta que vendió su piso en los noventa, y se trasladó al nuestro, pues se hacia mayor y así la teníamos mas cerca.
     Dejamos la plaza y tomamos la calle de la Fe, hacia la iglesia de San Lorenzo, aún recuerdo la imagen imborrable, el pobre santo asándose sin fin en la parrilla, un domingo tras otro, en el fresco del frontal del altar.
    - La gente ha cambiado mucho- comentó ella y en su caminar cansado de 84 años vividos, apenas levanta la vista del suelo- pero las calles son las mismas.
      Porque reconoce los mismos bordillos, los mismos adoquines de la calzada, y los mismos baldosines de las aceras, los que ella recorría alegremente en su juventud, con un taconeo gracioso, que hacia bambolearse su falda en torno a  esas caderas que hacían  mas  rotunda la cintura de avispa de su impecable vestido de domingo.
     Continuamos por Doctor Piga, y encontramos el cierre, viejo y sucio, del local de los fontaneros, sus vecinos y amigos. Allí nos detuvimos. Y apoyadas en su quicio, nos llegaron nítidas el eco de voces de otros tiempos, escenas de ese Madrid castizo, aún mas antiguo que ella misma, y que  a mi me gustaría rescatar del olvido.
------------------------
-Buenos días Amelia.
-Con Dios Emilio.
-Ande vas con tanta prisa, cosa guapa.
-Pos donde va ser, a la plaza, por unos limones. Y donde el Paco, por una botella de vino y una gaseosa. Pa que a la tarde te tomes conmigo una buena limoná. Que estás convidao, si se te apetece.
-Gracias rechula, a la tarde voy yo pa las Ventas, pero a la vuelta aquí me ties, como un clavo. Por na me pierdo yo tu limonada. Y luego tenemos que marcarnos un chotís en Argumosa.
-Ea, pos ya está bien de palique, que no ties fin.
-Adios guapaaa!
-Hasta la tarde ¡zalamero!
-------------------------
Como si las dos hubiéramos escuchado este diálogo, mi tía me preguntó:
-¿te acuerdas de Emilio, el fontanero?

-Estaba pensando en él, siempre me tiraba de las coletas y me manchaba la cara con sus manos sucias de la faena y luego me daba un caramelo de limón.
-.-.-.-.-.-.-.-.

Asun© 15 de mayo de 2012

domingo, 13 de mayo de 2012

El milagro del mar



     Me gusta mucho el mar. Observar su azul, a veces claro, radiante, intenso, celeste, limpio, tranquilo. No hay nada que transmita más serenidad que contemplar su superficie, ligeramente abultada por la llegada de una ola, que viene ribeteada por una cresta blanca. Merengue que se antoja dulce, y que sorprende al alcanzarnos en una lluvia de gotitas saladas.
     Pero no sé por qué acepte hacer aquel viaje, seguramente no quería defraudarte, orgullosa como estaba de tu amistad.
Y llegó el viernes que ambos nos cogimos libre en el trabajo.
     Tomamos un vuelo con un destino para mí incierto, literalmente incierto, porque no había oído hablar jamás de de semejante ciudad, Akureyri. Pero existía. Un puerto pesquero al norte de la muy norteña Islandia.
     Naturalmente hacía frío allí, y el ambiente me pareció silencioso y solitario. El mar de un color azul rotundo, casi negro, estaba bastante agitado, dándome una sensación poco acogedora que me hizo temblar, tanto que se me notaba a través del grueso jersey de lana y el magnífico anorak, que me habías regalado, en un arrebato de espléndida emoción por mi consentimiento en acompañarte en aquel loco viaje.
     Sin embargo a pesar de lo inhóspito y frío que me parecía todo, no había ningún detalle dejado al azar, tenías todo puntualmente previsto y todo estaba pensado. Nos instalamos en una casa alquilada para cuatro días. Hicimos unas compras en un supermercado del pueblo, y hasta me pareció que no era la primera vez que habías estado allí. Durante todo ese tiempo no dejé de temblar ni un segundo, esto te causaba entre ternura y gracia, y de vez en cuando me abrazabas y me apretabas contra tu pecho, fuerte y seguro. Cenamos algo en una especie de taberna y como yo no estaba muy habladora y había caído completamente la noche, nos fuimos a la casa. Afortunadamente contaba con una bonita y práctica chimenea, que creó un ambiente acogedor y me hizo abandonar mi temblor y olvidar un poco lo que nos esperaba al día siguiente.
     Pero el día siguiente llegó antes de lo esperado, pues era necesario madrugar bastante para nuestro propósito, propósito que empezaba a parecerme un extravagante capricho: un paseo por el mar en Islandia.
     Bien abrigados, pero cómodos, para faenar, en palabras de mi amigo, “faenar”, no quise imaginarme lo que querría decir aquello, nos vimos a bordo de aquel barco. El barco menos fiable y menos seguro del mundo.
     Y recordé que el mar me gusta, pero desde la orilla, desde la seguridad de una barandilla en el paseo marítimo de nuestras tranquilas playas mediterráneas, nada parecido a la fragilidad de  este cascarón. En él nos esperaba un lugareño, el capitán de navío, y recé para que la relación entre las malas pintas y la experiencia y pericias marinas fueran inversamente proporcionales: a peor apariencia, mayor maestría.
      Procurando que se me notara lo menos posible el miedo y la fatiga que estaba sintiendo, me subí y me anclé, término muy marinero y exacto, a un banquito que había en un lateral, babor según mi amigo.
      No tenía que esforzarme tanto en disimular, pues mi querido compañero, no veía más allá de su propio entusiasmo y alegría. Me sonreía todo el tiempo, y se acercaba y me hacía algún guiño cómplice.
     Una náusea se instaló cómodamente en mi estómago, y no hacía más que crecer y crecer. Hasta que fue inevitable, y tuve que luchar para no recibir la más tierna de sus caricias, con una bonita rociada de mi más tierno vómito.
    Su reacción fue rápida y se apartó de mí con un salto, no cabía duda de que estaba en forma. Me sentí avergonzada y estúpida.
     Mi estómago estaba empeñado en salirse entero por la boca, y mi cabeza era un caos giratorio, donde no se distinguía cielo o mar. Busqué en algún bolsillo y encontré un patético pequeño pañuelo de papel, con el que pude limpiarme. Ya me daba igual todo, el viaje era un fracaso absoluto y no quería que nadie se acercara a mí en todo el resto de nuestro avatar marino.
    Abrí los ojos, al sentir que me secaban la cara con una toalla. Estaba llorando. A través de las lágrimas vi su cara distorsionada pero sobre todo preocupada. Estábamos dentro del camarote interior del barco, no recordaba cómo había llegado hasta allí.
    O sí, me había desmayado. Y de ello hacía casi una hora, la mejor hora según parece para contemplar el mar y él la había perdido allí conmigo.
     Me miraba enfadado, pero no por eso, sino porque yo no le había contado que el mar me daba pánico, y ese pánico me había vencido. Después  de esta confesión pensé que podría descansar durante el resto de la navegación.
     Nada más lejos de la realidad, porque repentinamente me vi arrastrada al vaivén infernal de cubierta.
     Y allí en seguida lo comprendí todo. Y todo mereció la pena. Tenía ante mis ojos la verdadera razón del viaje, y nunca mejor dicho, su verdadera dimensión.
     Ante mis ojos y a muy poca distancia varios seres enormes, majestuosos, imponentes, salían del agua en un saltar de toneladas, con cuerpos macizos y a la vez ágiles.
     Ballenas. Ballenas de superficie brillante, negra con alguna mancha blanca, extrañamente esbeltas en su redondez.
     Estaba fascinada, apenas podía asimilar tanta belleza y mi asombro y admiración debían dibujarse en mi cara, porque mi amigo me prestaba casi tanta atención como a ellas. Hasta el “capitán” del barco, me miraba con una sonrisa de aprobación.
     Aquellas ballenas eran únicas, y así me sentí yo contemplándolas, única y privilegiada por poder compartir el milagro de su existencia.




Asun®13 de mayo de 2012

viernes, 11 de mayo de 2012

El sueño cumplido

   Había cumplido su sueño.

     Gracias al terrible accidente que partió su cuerpo en dos y a la posterior  obligada cirugía, tenía lo que más había ansiado, un físico perfecto.
     Siempre deseó ser guapa, poseer la belleza con gracia que veía en otras chicas, para no ser solo la responsable, trabajadora, cariñosa…esa  humana compañera y amiga.
     Por fin volvió a su vida normal. Haciéndose notar, orgullosa, todos la felicitaban por su “inmejorable aspecto”.
     Pero sus amigos apenas hablaban con ella, sentían que estaban frente a una desconocida desapareciendo  la confianza de antes. Mientras que los que no la conocían, solo buscaban gozar de la perfección de su cuerpo.
     Estaba completamente sola.

     Pero había cumplido su sueño.



Asun ® 14 de marzo de 2012

Mi vuelta: hoy viernes 11 de mayo de 2012


Ya que hice hace tres días una crónica de despedida, ahora que estoy de vuelta, me toca hacer otra.
      Esta va a ser muy breve, ya que para drama, queda la anterior.
      Y es que se pasan tres días en un hospital y parece que ha transcurrido un siglo. Y se envejece un siglo también, que solo hay que mirarse al espejo, ay que penita. Y yo para ayudar a esa imagen, no tuve más ocurrencia que raparme el pelo el día de antes. Juana de Arco parezco. Menos mal que eso si que se soluciona con un poco de tiempo.

      Así pues como se suele decir “corramos un estúpido velo” y sigamos, como la vida, adelante. Y aunque no sea mi cumpleaños voy a celebrar el día de hoy con una buena tarta, la que me gustaría compartir con todos vosotros.
¡Que aproveche!!!!!

martes, 8 de mayo de 2012

MI vida hoy Martes 8 de Mayo de 2012

Cada vez que me enfrento a la experiencia difícil como es el paso por el quirófano, me asaltan diferentes sensaciones. Primero esa especie de hiperactividad, la necesidad de dejar toda la casa limpia y reluciente, que todo esté en su sitio, los armarios perfectamente colocados, la ropa limpia y dispuesta para su uso. La cocina impecable, y con varios platos cocinados para mi marido e hijos. La nevera llena y el congelador mucho más lleno. Los baños abastecidos, productos de limpieza, geles champúses, bayetas y estropajos. Cremas corporales, dentales, colonias y desodorantes. El salón preparado para recibir (a quien sea), cortinas, cojines, todo en orden. Así claro cuando llego al hospital, casi se agradece que te digan “usted a la cama”, y estas deseando que te pongan la anestesia para echarte un sueñecito, que llevas una paliza en el cuerpo, con tanto orden y limpieza, y los nervios.

 Porque después de la hiperactividad, vienen los nervios. Si pasa algo, que no va a pasar, pero si pasa…Esto no se te va de la cabeza. Y empiezas a pensar en las despedidas. Te acuerdas de todos, de tu familia lo primero, tu madre, tu tía, tus hermanos y tienes ese nudo al pensar en ellos si te pasa algo a ti.

 Y revives los momentos tan felices vividos, los amaneceres dulces junto a tu marido, de recién casados, cuando no había niños aún, y no teníamos prisa, y yo sentía que eso tenía que ser la felicidad.
 Pero aún había más felicidad, la trajeron los dos hijos, su alegría de niños, sus éxitos escolares, su cambio adolescente, sus primeros sufrimientos de amores. Y mi vida son ellos tres, lo único por lo que me levanto y respiro cada dia.

Y aún hay más felicidad, la traen los amigos, mis amigas de siempre, a las que nunca he nombrado y hoy si, Luz, Marina e Inmaculada (mis entrañables Mariluz, Marini, y Mari-Conchi), y Ángel, y Marisol, y Felipe.

 Y más felicidad, me la trajeron mis compañeros de trabajo, siempre cuidándome y ayudándome, y a los que me parece no he sabido corresponder, Pilar, Peña, Emilia, Miguel Ángel, Rosa.
Y los actuales, Angelito, Laura, Sergia, Nieves, Teresa, Silvia, Eugenia, mi querida Ángela, a la que quisiera aliviar ese dolor enorme, y un largo etc.

 Agradecimiento también a mi actual jefe, que siempre me da un empujón de confianza, para sacarme de esta maldita inseguridad mía, y que me ha ofrecido, sin apenas conocerme su cariño y apoyo sincero. Mencionar también a mi anterior jefa, la que me “quiso” en aquella entrevista de hace tres años, y a la cual admiro por su seguridad y ambición, dos buenas condiciones para el trabajo. Y a Marisa, que rompe barreras con su voz de “sordomuda”.
Y al resto de compañeros a los que admiro por su dedicación y valía personal y que no nombro por lo muy largo que sería. Gracias a todos porque todos me demostráis un cariño en vuestro trato que me arropa en todo momento.

 Y otro granito de felicidad, me lo trajeron otros amigos, los conocidos por casualidad, después de mi última operación hace casi un año. Entonces de la mano de mi hermano Manolo, conocí un sitio donde escribir y leer a otros aficionados a la escritura, y de ahí salté a otro sitio, y de este  vine a parar a este blog. Así que gracias también a los amigos estos sí, tan inesperados, amigos de letras, (algo así como hermanos de leche) y que no voy a nombrar porque ellos saben quiénes son, algunos nos hemos conocido en persona, y otros nos seguimos en la distancia.

 Ya que el motivo de estos agradecimientos, recuerdos y reflexiones es mi salud y mi paso por el quirófano, es justo nombrar a mi médico, el doctor Ortega, al que desde el principio nos unió algo más que la simple relación médico-paciente, pues siempre me trató con un cariño especial, y espero que mañana en el quirófano haga lo propio…, y me deje como nueva y porfi, que me quite el Tubo....

Y ahora que he dado un repasito a mi vida a través de las personas imprescindibles en ella, debo decir que siento que he sido muy afortunada y podría decir que estoy preparada para abandonar este mundo, si es lo que tiene que pasar. Pero que espero que no pase. Y que en un par de días esté de nuevo en este mi blog subiendo algún relato, poema, o algo de mi columna, que Dios mío, según está mi España, Españita, tengo argumento para rato. Y dicho esto solo me queda despedirme, con:
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sábado, 5 de mayo de 2012

El nuevo trabajo



     ¿Dónde se ha metido la dichosa calle? Se supone que debería estar aquí, la tercera dejando la fuente a la espalda.
      ¿Santa Teresa?,  yo busco la calle de San Juan Bautista, y en  este barrio todas las calles tienen nombre de santos. Volveré a subir a la fuente de la glorieta, y haré de nuevo el recorrido.
     ¡Qué calor!, caminar tan deprisa me está agobiando, me estorba el abrigo, será mejor que me lo quite.
     A ver primera calle: Santo Tomás, muy bien, 2ª calle: San Mateo, y ahora tiene que venir la mía, tercera calle: “Santa Teresa”, pero ¡cómo! Otra vez, ayer mismo aquí estaba San Juan Bautista.
     ¡Qué calor! ¿Y los zapatos? Ya sabía yo que los tacones me iban a pasar factura. Pero el primer día de trabajo es lo que tiene, hay que ir vestida para la ocasión.
     Menos mal que he salido con tiempo, pero si la maldita calle no aparece, ya veo que llego tarde.
     Y ahora ¿por qué me mira todo el mundo? No sé, a saber qué cara llevo, no me tenía que haber maquillado tanto, pero la impresión, la primera impresión es tan importante… Un espejo, Dios, necesito mirarme al espejo…Ese escaparate, me miraré en él.
 Pero ¿y la calle?, voy a preguntar… ¡Hay! Este coche, que poco le ha faltado para atropellarme y  encima no para de pitar y pitar…parece una alarma…
      ¿Mi móvil?, la alarma, las 6… claro… puse la alarma a las 6 de la mañana, es mi primer día en el nuevo trabajo.

sábado, 28 de abril de 2012

El peluche

El peluche

     Cuando fue a vivir con Mario nunca creyó que pudiera haber una fecha que pusiera punto final a su historia de amor. Un amor a primera vista.Tanto que apenas habían transcurrido unos días desde el momento en que se vieron por primera vez y el día en que ella se trasladó a su casa.

     Se instaló directamente en la habitación de Mario. Compartiendo su cama. Ella era la última imagen que él veía al cerrar los ojos cada noche al dormir, mientras la acariciaba y susurraba los mas dulces “buenas noches” y le pronosticaba con toda seguridad que el día siguiente sería otro día perfecto, nada malo podía ocurrir teniéndola a su lado.

     Y era lo primero que veía cuando amanecía su nuevo día, su figura pequeñita, su pelo revuelto por el desorden de la noche, que a veces era loca fruto de los sueños de pasión e impetuosa juventud de Mario.
     Así transcurrieron algunos años, deslizándose el tiempo suavemente, sin hacerse notar. Y ocurrió lo que tanto le repitieron al principio, la frase maldita comenzaba a hacerse realidad: nada es para siempre.

     Mario había crecido, físicamente, pero sobre todo como ser humano, había afianzado mucho, y quizá demasiado aprisa, su personalidad. Y ahora ella escuchaba de nuevo aquellas voces que le decían: se cansará de ti aún antes de que tu cuerpo pierda su firmeza, tu pelo ese brillo  y gracia tan irresistibles, y tu piel la suavidad que hace que las manos no puedan dejar de acariciarte.

      Y así fue, una mañana, cuando ya hacía algún tiempo que ni siquiera compartía las noches de Mario, y sus días no empezaban con sus miradas entregadas y esos desayunos compartidos.

     Esa mañana, no fue él quien la apartó para siempre de su lado.

     Fue su madre, la madre de Mario, que la había querido casi tanto como él, quien la observó y con infinito cariño y delicadeza la tomó en sus brazos, la besó y la depositó en una caja, junto con otros muchos juguetes ya viejos, algunos mutilados fruto de tantos momentos de juegos inolvidables. Y que  como ella, la preciosa ovejita de peluche blanco tan dulce como el algodón de azúcar, habían compartido las interminables confidencias de niño feliz, y habían aliviado tantas noches de miedos infantiles.



Asun 28 de abril de 2012

domingo, 22 de abril de 2012

Mi columna: España 22 de Abril de 2012

Mi columna: España hoy 22 de abril de 2012

                                                                                                    
                                                                       
 España camisa blanca de mi esperanza
 La negra pena nos atenaza
 La pena deja plomo en las alas…

     Hoy comienzo así, con estas letras compuestas por Víctor Manuel San José y cantadas por su mujer, Pilar Cuesta Acosta, (Ana Belén).

      Porque me vienen a la mente al pensar en esta, mi España.
      Al final lo van a conseguir, yo me resistía a caer en el pesimismo general, en el desdichado penar que flota en el ambiente, en el no hay remedio y nos hundimos, cual Titanic orgulloso  y  altanero.
      Y lo van a conseguir, empiezo a pensar que tocamos fondo, que además tenemos lo que nos merecemos, entre monarcas que se pierden en cacerías trasnochadas, y aliados e históricos amigos de allende los mares que nos expropian lo que creíamos legítimamente nuestro. Y gobernantes que prometieron tener la alquimista piedra filosofal que todo lo arregla, y el arreglo es, como siempre, que los pobres sean cada vez más pobres para que los “señores” del lugar vivan sin ceder ni un poquito de su opulenta y placentera vida.
     Así es España, tierra de quijotes, a medio camino entre vividores, y soñadores ingenuos, pero nada prácticos. Y apelando siempre a que el espíritu de sacrificio y buena voluntad que unos pocos escondemos en el interior, saque a flote a este pueblo y a todos esos “fantasmas” que nos gobiernan y representan, eso sí legítimamente respaldados por las democráticas urnas.

      Y no quiero que lo consigan y nos hagan caer, quiero pensar que España es todavía posible, tiene aún un futuro por delante, y no será  ni rojo ni azul,  será del color que le den las flores...



Asun, Madrid 22 de abril de 2012

martes, 17 de abril de 2012

Los Obeliscos


    Los Obeliscos
Aquí es, dijiste muy satisfecho. Y efectivamente tuve que felicitarte: el lugar era imponente. Los obeliscos alineados terminaban en dos exactamente iguales en su forma, pero de diferente composición: aunque los dos eran de origen ígneo, en uno predominaba el basalto, y en el otro el cuarzo. Esto hacía que el primero fuera casi negro y el otro de un blanco purísimo.
-Mira son dos gigantes guerreros desafiándose, uno frente a otro. Yo soy este.- y pusiste tu mano sobre el obelisco negro.
-Vaya imaginación, pues entonces yo seré este.- e hice lo mismo apoyando mi mano sobre el blanco.
     Inmediatamente después sufrimos una sacudida y todo se transformó. Los obeliscos, y el lugar entero, giraron a nuestro alrededor y a continuación nos vimos en la misma explanada, con los torsos desnudos, únicamente ataviados por unos cortos faldones de piel. Y portábamos unas enormes y macizas mazas. Un griterío ensordecedor nos rodeaba y cientos de “personas” nos apremiaban a luchar con una única voz: ¡MUERTE! A la que obedecimos con una brutal descarga de nuestras mazas…
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Asun 9 de abril de 2012

domingo, 15 de abril de 2012

La fotografía.

La fotografía.  
     Un nerviosismo imposible de controlar se apoderó de mí. Estaba leyendo un artículo en el suplemento semanal del periódico, y no le prestaba mucha atención, pues a lo largo de toda la semana la noticia  del centenario aniversario, se había repetido en todos los medios. Y esto unido a la reposición en  los cines y televisión de todas las películas que trataran sobre este tema, o se acercaran mínimamente a él, me había llegado a cansar y a aburrir.
     Pero ahora tenía delante de mí aquella foto, con la imagen de esa cafetería, no tan  vistosa como los salones que se reproducían en las páginas posteriores y que hacían gala de la más ostentosa decoración, de la que los ricos de principios del siglo XX gustaban de rodearse.
     Y no cabía duda, era el mismo lugar de la única foto que conservo de mi abuelo,  que había enviado uno de sus socios ingleses, y que nunca supe donde estaba tomada.Creyendo erróneamente que era la terraza  de algún  café de Inglaterra, donde él se encontraba a causa de sus negocios. Y de donde nunca regresó, sin que nadie supiera porqué… hasta ahora.
     Y mi interés por el hundimiento del Titanic cobró una fuerza imparable que me haría llegar hasta el final.

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Asun 15 de abril de 2012

miércoles, 11 de abril de 2012

Mi madre (historia de una enfermedad)



Mi madre.
     Cerré un momento los ojos, a la vez que un enorme bostezo abría mi boca. Volví a pensar, como siempre, que algún día patentaría como somnífero la lectura de un buen manual de derecho. Sobre todo si tienes un examen el lunes siguiente, y con cuyo aprobado te juegas un año de carrera.
     Me levanté del escritorio, ya que, o estiraba las piernas y me movía un poco o me dormiría sin remedio, y perdería toda la tarde.
     Fui hacia la cocina, pero al pasar por delante del salón, a través del cristal de sus puertas me pareció ver que mi madre también estaba parada, no cosía.
     Efectivamente, entré y entonces, como quien es sorprendida en una terrible falta, volvió a incorporarse sobre la prenda que tenía entre manos y a hundir en ella su aguja.
- Mamá ¿qué te pasa?, espera te vas a pinchar.
Y tomé sus manos suavemente, interrumpiendo aquella precipitación por continuar con su tarea.
- ¿Estabas cansada? Yo también, me quedaba dormida- dije alegremente aparentando no darme cuenta de su sufrimiento- Anda vamos a tomarnos un descanso las dos y vemos un ratito la tele.
    Así, con mucho cuidado, había que tratarla.
    Desde que el médico nos confirmó, casi al cien por cien, que padecía esa extraña enfermedad, mi madre en vez de aceptarlo, no dejaba de pensar  que  era culpa suya, y que aquellos malditos dolores parecían fruto de su imaginación, como ese invencible cansancio que se le venía encima, igual que una losa al hacer  hasta el más leve de los quehaceres.
      En lugar de aceptar todo eso, sintió  con más fuerza que ya no valía para nada y que si aún no era del todo un ser inútil, se acabaría convirtiendo en ello sin remedio.
     Y no era así, simplemente padecía una enfermedad, que como todas, es injusta.
     Síndrome de Fatiga Crónica, ¿y eso que es?, repetía mi madre muchas veces, y murmuraba entre dientes, “eso no es ni  una enfermedad, ni nada”.
     Una enfermedad, para ella, era una úlcera, una diabetes, hasta un cáncer, todo esto eran enfermedades comunes, que ella conocía y podía aceptar.
     Pero estaba equivocada, sí que es una enfermedad, y además de las más tristes, pues es muy desconocida para el resto de la sociedad. Y con ésos síntomas, el inmenso cansancio, esa debilidad, y el dolor, ese dolor indefinido, de todas las articulaciones, ¿cómo explicar que no puedes levantarte, simplemente porque no tienes fuerza para hacerlo?
- Anda hija, vuelve a estudiar, no pierdas el tiempo aquí conmigo.
- Mamá ya te lo he dicho, me estaba quedando dormida, no te creas tan importante, no estoy viendo la tele por hacerte compañía, además es la hora del concurso, venga a ver si hoy se llevan el premio. ¿Un café?
    Mi madre nunca ha podido resistirse al café de media tarde, así que aprovecho, antes de que se me venga abajo otra vez y voy a la cocina, preparo esos dos buenos, aunque descafeinados cafés, y vuelvo enseguida con la bandeja y mi mejor sonrisa, a sentarme en el sillón, a su lado.
     Y por unos momentos, olvidamos los apuntes de derecho, las enfermedades con nombres raros, y disfrutamos, de una tarde perfecta y sobre todo feliz.