Este verano de 2012 ha sido así para mí, extraño y diferente.
Diferetne porque ha sido el primero que he estado sin mi hija, y estar
sin mi hija ha sido extaño, extrañísimo.
En este
verano en el que cada día aumenta el número de personas desempleadas y
la famosa prima, se empeña en ser mas de "riesgo" que nunca, mi hija se
ha empeñado en trabajar. Y como casi todo lo que se propone, lo
consigue, porque lo hace a conciencia, haciendo gala de su preparación y
responsabilidad. Por su sentido de responsabilidad, pensó que si las
tasas universitarias subían casi el doble en el próximo curso, ella no
podía quedarse de brazos cruzados ante el doble esfuerzo que sería para
nosotros, sus padres. Bueno eso y que este año tiene el famoso viaje del
paso del ecuador, el que tradicionalmente se hace cuando se ha pasado
de la mitad de la carrera.
Y aquí estamos en la playa como todos los años, con un mes por delante y sin la niña.
Pero no es como todos los años, no es la misma casa ni la misma playa.
En la casa hay una puerta, la de su habitación, que si está cerrada
ofrece una extaña visión, y si está abierta la ofrece aún peor, se ve el
vacío, se toca el silencio.
Y la playa no es la
misma tampoco, no es el mismo agua, no es su sal, ni su transparencia,
no son sus espumosas olas incansables en su ir y venir, dejando a
nuestros pies un rastro de blanco merengue, como si del borde de un
pastel se tratara.
Y no es el mismo viento, brisa
suave que quiere acariciarte y envolverte en su frescor húmedo, y peina
nuestros cabellos haciéndolos ondear delicadamente.
Ni siquiera es el mismo sol, tan claro, amaneciendo como una bolita
anaranjada, y llenando de color elhorizonte en una explosión de vida,
como si todos los días fueran el primero, y fuera la primera vez que el
mar se viste de azules, y las nubes de blancos y a la arena le presta
una suavidad especial, cuando la deja libre de la humedad de la noche,
tan seca y suelta como los finos polvos de talco, cediendo bajo nuestros
pies.
Pero nada es lo mismo, porque en el agua no
juegan sus brazos al nadar, en brazadas suaves, mientras su rostro se
hunde y vuelve a salir, respirando acompasadamente, deslizándose,
arañando apenas la superficie del mar.
No es lo
mismo el viento, porque entre los cabellos que juega a enredar no están
los suyos, que se volvían cada día más dorados, en contraste con su
piel, cada día mas morena.
Y el sol no pone reflejos en sus ojos, para pasar un tono de verde a otro, y dejarlos casi transparentes.
Y la arena espera atrapar una huella conocida, pero que no va a llegar
este año, porque su figura no se dibuja cada mañana en su correr por la
orilla, en un ejercicio breve y elegante.
Nada es igual este verano, tan diferente y extraño.
Asun 14 de Agosto de 2012
mi música
Algo sobre mi
Algo sobre mi:
En lo que yo soy ahora han influido tanto las circunstancias de mi vida, como las personas que han desfilado por ella.
Entre las personas, los primeros mis padres. Mi padre, que por desgracia ya no vive, es la persona más honrada, justa y responsable que he conocido. Parece un tópico, sobre todo porque ya no esta, pero es la realidad, jamás le vi apartarse de lo que era correcto y repito honrado.
Mi madre, pues parecida a mi padre, una persona íntegra y con infinito espíritu de sacrificio hacia los demás y una sensatez y sensibilidad que hace que sea imprescindible pilar de la familia.
Mis hermanos, cuatro, todos chicos, bueno como es normal tenemos nuestros mas y nuestros menos, pero en general nunca llegó la sangre al río y sé que detrás de mi están todos, los cuatro para recogerme si caigo. Y lo mismo para cada uno, siempre estamos, incluso antes de que se nos llame.
Y una tía que es casi mi segunda madre.
Y después mis amigas, las que conservo desde que tenía 11 meses (si, meses) que fue cuando llegamos al barrio de Madrid, allá por los años... me cuesta decir mi edad, no es que me sienta mayor, pero si digo la edad lo voy a parecer.
Y ya solo quedaría nombrar el resto de personas que he ido conociendo y que casi todas han sido buenas y han dejado una imborrable huella dentro de mi. (las menos buenas también dejaron huella, por desgracia)
Me queda por mencionar a mi propia familia, quiero decir la que creé yo misma junto a mi marido, y se compone, de momento de él y mis dos hijos. Digo de momento porque ellos están ya en edad de empezar a vivir su propia vida,el mayor hace tiempo que la comparte con alguien, aunque todavía vive en casa con nosotros y la pequeña ya tiene también un proyecto (y que pena me da que se hagan tan mayores). Pero todo forma parte de un ciclo, que es el de nuestra existencia.
Y a esto añadiremos lo que tengo propiamente mío, que algo habrá también, aunque soy bastante simple e influenciable, con lo cual me acoplo a casi todas las situaciones y no me ha ido mal de esta manera.
Si habéis aguantado este pequeño tostón y os quedan ganas podéis leer algo de lo que escribo, que es como yo sencillo y simple.
En lo que yo soy ahora han influido tanto las circunstancias de mi vida, como las personas que han desfilado por ella.
Entre las personas, los primeros mis padres. Mi padre, que por desgracia ya no vive, es la persona más honrada, justa y responsable que he conocido. Parece un tópico, sobre todo porque ya no esta, pero es la realidad, jamás le vi apartarse de lo que era correcto y repito honrado.
Mi madre, pues parecida a mi padre, una persona íntegra y con infinito espíritu de sacrificio hacia los demás y una sensatez y sensibilidad que hace que sea imprescindible pilar de la familia.
Mis hermanos, cuatro, todos chicos, bueno como es normal tenemos nuestros mas y nuestros menos, pero en general nunca llegó la sangre al río y sé que detrás de mi están todos, los cuatro para recogerme si caigo. Y lo mismo para cada uno, siempre estamos, incluso antes de que se nos llame.
Y una tía que es casi mi segunda madre.
Y después mis amigas, las que conservo desde que tenía 11 meses (si, meses) que fue cuando llegamos al barrio de Madrid, allá por los años... me cuesta decir mi edad, no es que me sienta mayor, pero si digo la edad lo voy a parecer.
Y ya solo quedaría nombrar el resto de personas que he ido conociendo y que casi todas han sido buenas y han dejado una imborrable huella dentro de mi. (las menos buenas también dejaron huella, por desgracia)
Me queda por mencionar a mi propia familia, quiero decir la que creé yo misma junto a mi marido, y se compone, de momento de él y mis dos hijos. Digo de momento porque ellos están ya en edad de empezar a vivir su propia vida,el mayor hace tiempo que la comparte con alguien, aunque todavía vive en casa con nosotros y la pequeña ya tiene también un proyecto (y que pena me da que se hagan tan mayores). Pero todo forma parte de un ciclo, que es el de nuestra existencia.
Y a esto añadiremos lo que tengo propiamente mío, que algo habrá también, aunque soy bastante simple e influenciable, con lo cual me acoplo a casi todas las situaciones y no me ha ido mal de esta manera.
Si habéis aguantado este pequeño tostón y os quedan ganas podéis leer algo de lo que escribo, que es como yo sencillo y simple.
Me habéis visitado todas esta veces...
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martes, 14 de agosto de 2012
jueves, 5 de julio de 2012
Un paseo en moto
- Sube que te llevo a casa.
- Si hombre, que te has creído tu
eso.
Pero me monté, en realidad estaba deseándolo
desde hacía tiempo.
Cerré los ojos un instante
mientras pensaba que si me viera mi padre me mataba. Y si me viera mi madre se
moría. Asique solo me queda esperar que
ninguno de los dos se enterara de que estaba aquí. Abrazada a este chico, a su
espalda, puede que mas pegada a él de lo que sería necesario. Y sintiendo el
viento que se lleva mi pelo hacia atrás, y que mis piernas se comían todo el
sol del atardecer y eran la envidia de los que se cruzaban con nosotros en la
carretera.
Me pareció que si aquello no era la
felicidad, tenía que estar muy cerca.
Pero como todo lo bueno y maravilloso,
este instante no duró más que lo que un municipal tardó en hacernos bajar,
echarnos una bronca de cojones, y llamar a nuestros padres para que pagaran el
multazo que nos acababan de meter y nos llevaran a casa, mientras ellos
inmovilizaban la moto allí mismo, por no llevar casco, ni papeles, ni carnet de
conducir ni siquiera el DNI, ninguno de los dos, siendo además menores.
Cuando mi padre llegó se me caía la cara
de vergüenza, y sobre todo porque llevaba razón cuando me decía que estaba loca
y que nos podíamos haber matado a semejante velocidad, sin casco y mirando mi
pantaloncito que a duras penas me tapaba un poco más que el culete, no hacía más
que repetir, y tu así, así… sin acabar la frase.
Me prometí que jamás volvería a
subir en la moto con ese tontaina.
- Subes?
- Tu eres tonto, o eres tonto?
Pero después de mirarle y ver cómo
me sonreía, cerré los ojos y subí, al menos hoy llevaba pantalón largo…
Asun® 5 de Julio de 2012
martes, 3 de julio de 2012
Carta para mi amor
“Carta para mi amor, mi principio y mi fin”
De repente, te veo aquí en la cocina, preparándome el té y para ti el vaso de leche bien caliente y con miel, de todas las noches. Te miro, te mueves despacio, no tenemos prisa.
No tenemos prisa, precisamente ahora que tenemos tiempo, que estamos solos, y tenemos la certeza de que nadie va a interrumpirnos, ningún niño llorará para que le saquemos de su pesadilla, ni gritará con impaciente urgencia que tiene sed, ni se asomará apoyado en el quicio de nuestra puerta, en el peor de los momentos imaginables para separar a dos personas que no son dos personas sino una, en una confusión de brazos, piernas y bocas que se buscan, con deseo y devoción.
Cuántas maldiciones derramadas por ti, y pensadas por mi, en esos momentos, malditos niños, ¡cuándo serán mayores y se irán de casa!
Y el tiempo detenido, hasta que todo volvía a quedar en silencio, y la magia nos envolvía de nuevo y un roce de pieles hacía volar las manos, que necesitan tocar todo, acariciar, hundir, sentir que ese otro cuerpo está allí, dispuesto para ser principio y fin del otro.
Y precisamente ahora, los niños se han hecho mayores, y se han ido de casa, y no tenemos prisa.
Y te sientas a mi lado, y me ofreces mi taza, y me dices: “cuidado que quema mucho” y no te das cuenta de que es lo mismo que me repites cada noche. Y yo te contesto:” Umm, sí, sí, ¡qué rico!” y no me doy cuenta de que es lo mismo que te digo también cada noche.
Pero te miro, y veo que aunque así en la cocina, y con este repetido gesto frente a mi té y tu frente a tu vaso de leche, la magia nos está envolviendo de nuevo, y está haciendo volar nuestras manos, para rozarse y sentir, así sin prisa, que después de casi medio siglo, nuestros cuerpos siguen siendo principio y fin uno del otro.
Y solo espero que durante mucho tiempo más, aún con una mirada, sigamos bebiendo del hechizo de sabernos tan dulcemente unidos.
Un infinito beso de tu amor, tu principio y tu fin.
Asun®3 de julio de 2012
jueves, 28 de junio de 2012
Historia de un espejo
Hola, aunque parezca raro soy un espejo, ¿Qué los espejos no
hablan?, serán otros, yo sí. Vivo en esta casa hace mucho tiempo, desde que me
trajo la dueña, mi querida amita Marina. Con Marina vive también su novio
Jaime, ambos son muy jóvenes, pero un día decidieron que estando tan bien
juntos, debían dar el siguiente paso y no vivir ni un minuto más separados.
Ella me descubrió en una tienda de esas donde se vende de
todo y casi todo al mismo precio. En realidad no me descubrió ella, sino que yo
la elegí. Se puso delante de mí y miró su reflejo y el que yo le devolví le
gustó mucho. Porque los espejos podemos ofrecer la imagen que queramos de cada
persona que viene a ponerse frente a nosotros.
Tenemos un sentido especial que nos hace ver su interior y
según convenga damos un reflejo amable de cada uno, quizá un poquito más
delgadas para alguna dama preocupada con su cintura. O aumentamos un poco la
sensación de altura en algún caballero apurado, damos una dulzura especial a
unos ojos un poco tristes, o un aire de confianza a los muchachos en esas
edades donde solo ven fastidiosos granos en su rostro.
A Marina le devolví un reflejo aún más radiante del que ella
traía, no me esforcé mucho, la verdad, pues su cara sonriente y sus ojos llenos
de vida me atraparon sin remedio. Y la enamoré, pasó su mano por mi contorno y
decidió que era perfecto para su vestidor. Desde entonces todas las mañanas me
encargo de que su imagen sea perfecta antes de salir a enfrentarse con el
mundo.
De esto hace ya más de cinco años. Y he tenido que hacer muy
poco para mejorar a mi amita, porque ella está siempre preciosa, pues lo que yo
veo en ella es su felicidad, desde su imagen revuelta después de una noche de
pasión, hasta su bostezo de cansancio, cuando vuelve del trabajo con la lengua
fuera.
A veces se viene a ver también Jaime, su amor. El me
desconcierta un poco, yo veo algo detrás de sus ojos de hombretón joven y sano,
es una sombra, que se acentúa cuando la mira a ella. Demasiado posesivo, me
dice mi instinto. Sin embargo Marina refleja una luz especial cuando ve esos
ojos de Jaime fijos en su cuerpo. Y a mí se me derrumban los argumentos en
contra de él, porque solo deseo verla siempre así, brillando.
Hace unas semanas que veo en mi amita, un velo que cubre su
cara, es muy tenue y recuerda al que la envolvía en los días amargos de la
enfermedad de su padre, y que le robaba su alegría hasta el día en que él
falleció, y se volvió tupido y negro, desfigurando su imagen. Luego se recuperó
y volvió a brillar. Pero ahora ese tul oscuro empieza a empañar sus ojos de
nuevo.
Y no hay nadie enfermo, incluso sé que la vida le sonríe en
su carrera, pues se mira con diferentes vestidos, y zapatos, que es algo con lo
que ella disfruta tanto, cambiando su aspecto para resultar más guapa y
atractiva.
Hoy Marina me ha asustado, su maquillaje es excesivo, pero a
mi no me engaña, yo veo por debajo de él y por encima de su forzada sonrisa. Y
lo que veo no me gusta.
Me da miedo ese color violeta que se confunde con la sombra
de ojos, esa que pretende iluminar su mirada, pero solo da un toque más de
oscuridad al profundo abismo que se abre ante ella.
Hace varios días que mi amita no viene a mirarse, se viste
de espaldas a mí. Y aún así noto sus lágrimas quemando mi superficie.
Sin embargo en un descuido he visto su rostro, se miró de
reojo, no puede verse de frente, no resiste contemplar su reflejo, que yo, ya
no puedo suavizar, sus ojos están definitivamente apagados, en una cara que no
reconozco, sus labios hinchados y un profundo corte en la ceja.
Ha cerrado la puerta tras de sí, pero alguien la abre de una
patada fuerte, impresionante. Es Jaime, pero parece otro. Su cara refleja un
desprecio que no soy capaz de devolver. Solo puedo contemplar la escena, ni
siquiera reflejarla.
Marina está desarmada, no ofrece ninguna resistencia,
simplemente espera. Espera convencida de que es su destino, con el mismo
convencimiento que tuvo, cuando esperaba sus besos, de que viviría junto a él
para siempre. Ahora sabe que ese para siempre termina aquí, solo puede esperar
morir junto a él.
Y se deja hacer, deja que la ira de él concentrada en sus
manos apriete su cuello. Mientras su último aliento empaña mi superficie e
intento retener esa imagen cual macabra fotografía de un triste final.
Asun© 28 de junio de 2012
sábado, 23 de junio de 2012
Amor con síndrome
El amor está en sus manos, en sus
sonrisas, en su cuerpo. Está en ellos por separado, pero juntos, están aún mas
llenos.
Mucha gente los mira, ellos caminan
ajenos, nada les importa, ya no tienen miedo.
Y ¿porqué iban a tenerlo?, si
acaso que lo tengan ellos, los que por decirse a sí mismos “normales” se creen
con mas derecho y gustan de llamarles los del
síndrome de esto, o de aquello.
Al
llegar a la esquina se despiden con un gesto tímido, un abrazo tierno y una
mirada que encierra un te quiero. Quizá mañana ensayarán un torpe beso.
Asun© 20 de junio de 2012
sábado, 16 de junio de 2012
Blanco sobre negro, tierra sobre cielo.
Casi a la misma hora bajaba al
metro, ese mundo subterráneo de trenes que van y vienen, que abren sus puertas
impersonales, pero llevan en sus entrañas miles de vidas individuales, que se
despojan de su identidad para formar una masa conjunta. A primera hora veía
rostros maquillados, labios recién pintados, gominas en los cabellos y mezcla
de olores a lavandas, jazmines, aromas de jóvenes a vainilla, cocos y frambuesas,
y entre todos ellos a veces, un olor rancio que se comía a los demás, olor a
sudor primario, que se cuela desde la ventana abierta de la pobreza, la
ausencia de educación o la dejadez.
Y a las tres, la vuelta a casa, podría
hacer el camino con los ojos cerrados, otra vez en el metro. Conocía cada
pintada de las paredes, cada peldaño roto en sus escaleras y cada una de las mercancías
expuestas en esas mantas de vendedores anónimos e ilegales, sin rostro que
nadie identifique o reconozca.
Entre todas estas caras hacía tiempo que
Eva buscaba una, con urgencia y deseo, con la desesperación y necesidad con que
se busca el oxigeno del aire en cada respiración.
Necesitaba encontrarla desde que sin
querer había invadido uno de estos cuadrados de tela cuajados de bolsos y
cinturones, una mañana cuando el ir y venir de los viajeros del metro era especialmente
ajetreado. Recibió un empujón y aunque hizo lo imposible por mantener el
equilibrio, había caído sobre el colchón de falsos Loewes y Cartiers. El alto
africano que lo presidía, la levantó, cogiéndola con sus manos enormes y su
fuerza enorme, murmurando algo en cualquier idioma desconocido, con
inconfundible tono de enfado e indignación.
Ella avergonzada y dolorida en cuanto se vio
de nuevo en pie alisó su falda contestando un casi inaudible “lo siento, perdón”
y señalaba a la gente mientras se frotaba el codo. En realidad se había dado un buen golpe, alguna
hebilla de algún cinturón o bolso había arañado su fina piel dejando un rastro
rojo en su blancura.
De nuevo las manos grandes y oscuras se
acercaban a ella, que hizo ademán de retirarse, asustada, y levantó los ojos,
hasta encontrarse con los de él.
Blanco sobre negro. Tierra sobre cielo.
Fuerza sobre dulzura. Miedo contra miedo.
El miedo de ella a sus ojos
tierra, a su tez oscura, negra. A su fuerza rotunda.
El miedo de él a los ojos cielo
de ella, a esa piel clara, fina, blanca. A su fragilidad de paloma asustada.
Después del breve cruce de miradas Eva se
dejó ayudar confiada y entregada a aquel abismo de fuerza y juventud, del que
era un muchacho como ella y se sintió segura.
El aflojó el ímpetu de su brazo, hasta
ofrecer casi una caricia, rendido ante esa suavidad desconocida en una piel,
que le había conmovido y despertado el deseo de su cuerpo joven, el mismo deseo
que vio en los ojos de ella.
Se despidieron con un torpe adiós, y con
un nuevo roce de manos.
Y cada día se buscaban, hablaban
un poco, se estudiaban, aprendían a entenderse y esperaban que la vida les
ofreciera la ocasión de demostrar que hay un mundo posible por encima de la realidad
del blanco sobre negro, tierra sobre cielo.
Asun®16 de junio de 2012
miércoles, 13 de junio de 2012
Mis lágrimas
A veces quiero llorar y no puedo,
Derrotada,
me siento mecer.
Lágrimas que se quedan dentro,
y nunca dejan de doler.
(*.
*.)
(*.
A veces lloro cuando no quiero.
Manantial,
agua que no cesa.
Lágrimas que vienen y no espero,
y nunca dejan de caer.
~..~..~..~..~..
Asun ©13 de junio de 2012
domingo, 10 de junio de 2012
Mi columna hoy Domingo 10 de Junio
Crónica de un rescate anunciado.
Yo no soy economista. Soy ciudadana de a
pie, pero en cierto modo también soy economista, ya que dirijo (gestiono) mi
casa.
Que nos iban a “rescatar” y que nuestra
gestión económica era un fracaso, lo sabía yo hace meses.
Porque hace meses que los españoles nos estamos
rescatando unos a otros:
-Pensionistas que rescatan a sus
hijos, que desempleados, mantienen a sus familias con la ayuda de la pensión de
jubilación.
-Padres que ven como sus hijos
regresan a casa después de una corta falacia de emancipación y vuelven con el
fracaso de su proyecto personal de vida a sus espaldas.
-Jóvenes que a pesar de todo
estudian en las universidades, sabiendo que tendrán que vivir lejos de su país
si quieren ver el fruto de su esfuerzo.
-Hermanos que se rescatan unos a otros.
En mi caso, hace meses que estoy “al
rescate” de alguien de la familia. Tocó fondo, y hubo que tomar una decisión
rápida y eficaz, como en nuestra querida España.
Y como en España, su fracaso fue
la crónica de una caída anunciada, porque el secreto de una buena gestión
económica pasa por no gastar más de lo que se ingresa, y anticiparse a
acontecimientos futuros imprevistos, por medio de previsiones dotadas de
contenido (económico).
Y como en España, mi rescatado
vivió por encima de sus posibilidades, no supo administrar sus recursos, y
apostó mal, poniendo en peligro todo su patrimonio y arrastrando a los que
dependían de él, su familia. Luego explicó eso sí, que todo fue fruto de las
circunstancias que le rodeaban, pero esas mismas circunstancias me rodeaban a mí
y yo soy la rescatadora.
Por eso sabía yo que nos tendrían
que intervenir.
La diferencia es que mi rescatado
no está siendo humillado, utilizado, ni despojado de su dignidad y soberanía
por mí. Y por descontado no tendrá que devolver lo dado, ni con intereses, ni
sin intereses, pues a mi rescate se le llama solidaridad.
Y
el de mi querida España, no sé qué nombre tendrá, pues como dije al principio,
yo no soy economista.
Asun® 10 de junio de 2012
miércoles, 6 de junio de 2012
Iría y los niños.
Iría y los niños.
Iría estaba muy contenta. Acababa
de terminar su carrera universitaria y había encontrado su primer empleo. Lo
cual no era muy corriente en la época actual. Se trataba de un puesto de
educadora en una escuela infantil. Algunos hubieran pensado que para trabajar
en una guardería no había hecho falta tanta carrera, pero ella sabía que en la
educación estaba el futuro y sobre todo que los pilares que sostendrán a una
persona se generan en la primera edad.
A pesar de no contar con experiencia
laboral alguna, supo que había puesto ella mucho más entusiasmo en la
entrevista que su futura jefa. Esta además no se interesó en ofrecerle una
imagen atractiva del puesto de trabajo que le ofrecía, tuvo que ser ella la que
aportara el deseo y la esperanza de que cristalizara la relación laboral entre
ambas.
Por fin salía de firmar el contrato, y se
despedía hasta el día siguiente, en que empezaría a trabajar. Se propuso que
todo fuera perfecto, no habría esfuerzo que escatimar por su parte para que su
nueva etapa fuera fructífera.
Se moría de impaciencia y nervios al
llamar a la puerta de la escuela en su primer día de trabajo. Saludó a la Directora, y a su
compañera, que con ella misma, formaban la plantilla. Eran las 7 de la mañana,
en solo media hora empezarían a llegar los primeros niños.
Pero no fue ella la que salió a
recibirlos, a pesar de sus ganas por hacerlo comprendió las explicaciones de su
jefa, no los conocía y era mejor que no fuera ella la que les abriera la
puerta.
Le indicaron que fuera a la cocina y allí
empezó con los preparativos del desayuno que tomarían a medida que llegaran.
Tuvo la impresión de que las cosas no estaban debidamente ordenadas, no solo
allí, sino en el gran salón donde los niños debían pasar la mayor parte de su
tiempo. Salió de la cocina y lo observó todo, había juguetes casi por todas
partes, y la zona que supuso era para comer no le pareció muy cómoda.
Volvió a la cocina, y preparó, atendiendo
a su propio sentido común y a unas breves notas pegadas a las puertas de los
armarios superiores, diferentes tipos de desayunos.
Luego no hubo tiempo de nada, los niños
llegaron casi todos en una misma tanda, y se juntaron llantos, toses, y gritos.
Sin embargo una vez pasada esta primera hora, echaba de menos el barullo y sobre
todo las risas, mirando desde la distancia de la cocina se diría que aquellos
niños habían perdido la espontaneidad.
Llegó el final del día, y como al
principio, quiso salir a despedir a los niños y de nuevo la misma excusa, que
no los conocía y no era buena idea. Así que los observó desde la distancia y
vio que no parecían sentir la marcha, no es que esperara que no quisieran irse,
pero no mostrar ni el mínimo cariño en la despedida, le chocó un poco.
Volvió a la cocina, que parecía iba a ser
su sitio natural, ordenó de nuevo lo manchado en la tarde y vació el
lavavajillas, que ella misma había puesto con el menaje de la comida y
desayunos. Después dispuso en la encimera lo necesario para los desayunos del
día siguiente, recordando el desorden encontrado esa misma mañana, y procurando
dejar todo, si no listo, al menos bastante adelantado.
Oyó como se despedía su compañera, y
también echó de menos unas palabras con ella, ¿no debía haberle preguntado que
tal su primer día?
Finalmente vio que también la Directora se ponía su
abrigo y la venía a buscar para que hiciera ella lo mismo, y poder cerrar. Le
preguntó como había pasado ese primer día de trabajo, gracias a Dios, sin
embargo apenas escuchó su contestación.
De camino a casa ordenó todas las
impresiones, emociones y sentimientos que había tenido a lo largo de aquella
agotadora primera jornada de trabajo.
Iría era así metódica y pragmática, pero a
la vez cariñosa, servicial y preocupada por todos los que la rodeaban. Desde el
momento en que conocía a alguien se echaba sobre sus espaladas la
responsabilidad de contribuir a su felicidad y bienestar. Pero este sentimiento
se veía acrecentado cuando se trataba de niños. Por eso estaba deseando que
amaneciera y volver a la guardería para ver a los niños.
Extrañamente recordaba todos los nombres y
era prácticamente capaz de ponerles cara y solo quería ver esas caritas siempre
sonriendo, porque no podía imaginar nada más maravilloso que la franqueza y
sinceridad de esas boquitas dejando ver unos dientes de juguete.
- Los papás de Jaime quieren
verte, y también los de Sara, y los de Paula.
La directora se lo decía con voz
autoritaria y seca, pero Iría sabía que no había nada que temer. Habían
transcurrido dos meses desde su llegada a la escuela, y el cambio en todos los
sentidos era insospechado.
Los niños reían, y también lloraban, pero
con una energía de niños sanos, contentos, con la seguridad de estar atendidos
y ser queridos.
Había cambiado también la disposición de
los espacios, ahora se podían distinguir perfectamente tres zonas: la de los
juegos, la de las comidas y una tercera para el descanso. Y los niños sabían
claramente lo que se esperaba que hicieran en cada una de ellas, y lo que era más
sorprendente después de unos días de metódico orden y horarios, todos lo
respetaban bastante bien.
Con ese mismo método y energía impuso su
criterio en la cocina, las cosas debían estar el menor tiempo posible fuera de
su sitio o sucias, si se recogía todo sobre la marcha y se dejaba listo para el
día siguiente, pronto empezaron a ver que el tiempo cundía mas, y con menos
esfuerzo. Sin contar con la apariencia siempre agradable a la vista de limpieza
y eficacia.
Así ella podía dedicarse mucho más a lo
que realmente le apasionaba, estar con los niños, cuidarles, conocerles, enseñarles,
en definitiva a educarles, llevarles a través de juegos y canciones, a
descubrir sus habilidades, su carácter, conteniendo a los que necesitaban
límites y animando a los que pedían un empujoncito.
No era extraño que todos quisieran sentarse
a su lado, que les diera de comer, que les dijera “sana, sana…” para que
mágicamente sus heriditas y golpes se curaran de inmediato. Y ella encantada
acudía a sus requerimientos, les saludaba a la entrada “buenos días princesa o súper
campeón y ella era la última que les despedía a la salida.
Por ello acudió sin miedo a ver a
los papás de aquellos niños que la estaban esperando y escuchó satisfecha su
pregunta:
-¿Pero qué les das para que te
quieran de esta manera?, Ya podías compartir tu secreto, porque además ¡te
hacen caso!
Asun®6 de junio de 2012
domingo, 3 de junio de 2012
Se veía venir
Que no puede ser,
Que se veía venir
Que tu eres muy tuya,
Y yo soy muy de mí.
Que eres lo que más me
importa,
Y yo lo que más te
importa a ti,
Pero me dejas con cara
de idiota
Cada vez que te lo
quiero decir.
Y luego me buscas,
El remordimiento no te
deja dormir,
Y yo de tus excusas,
Hago un chiste y no
paro de reír.
Mejor cada uno por su
lado,
Sin duda mucho mejor
así,
Cretino, soso,
atontado,
Cursi, ridícula rosa
de pitiminí.
Ahora soy feliz,
De la que me he
librado,
Pero ¿Qué hará ella
sin mí?
Y sin mí ¿qué hará ese
pesado?
Que no puede ser,
Que se veía venir,
Imposible estar
contigo,
Imposible vivir sin
ti.
Asun®3
de junio de 2012
viernes, 1 de junio de 2012
Mi gran secreto
Una nube en tus ojos,
Tormenta en mi
corazón.
Una lágrima tuya,
Mi ahogo, mi dolor.
Una sombra en tu
expresión,
Oscuridad para mi
vida,
Sin tu sonrisa,
Yo no existiría.
El roce de tu mano,
Caricia segura
Tu caminar a mi lado,
apoyo que todo cura.
Tus palabras,
Mi alimento.
Tú, mi gran amor.
Tú, mi gran secreto.
Asun®1
de junio de 2012
martes, 29 de mayo de 2012
La niña España
Nació la niña entre algodones,
hija de la opresión y la vergüenza,
vestida de esperanza y perdones,
tocada de corona su cabeza.
Infancia feliz y caprichosa,
todo era poco para ella,
cabecita loca, juventud impetuosa,
¿Hasta cuándo brillará tu estrella?
Apenas con treinta y cuatro años,
se apagó tu efímera belleza,
haciendo balance de daños,
arruinada y sumida en la mayor pobreza.
Tocó la niña fondo,
la princesa parece muerta,
llanto y quejido hondo,
mira hacia atrás y recupera tu fuerza.
Quiere la niña estrenar nueva ropa,
hecha de justicia, honradez y conciencia,
reconocer a quien la engaña,
apartarse quizá de Europa:
Y ser solo España, ser su propia dueña.
Asun®27
de mayo de 2012
viernes, 25 de mayo de 2012
La pareja más apasionada.
La pareja más
apasionada.
Me vuelves loca, loca, ya lo sabes. Ese
movimiento hacia delante, hacia atrás. Tu cuerpo flexible dominando el mío. Me
haces seguirte a donde quieras llevarme, ajustándome a tu ritmo suave o
frenético.
Así te sigo, jamás imaginé lo que mi
cuerpo era capaz de hacer y estoy segura de que solo lo puedo conseguir junto
al tuyo.
Comprendo que esto ya sobrepasa la pasión y
llega hasta la locura. Rozamos el cielo, o al menos yo.
Ya se que para ti
no soy la única. Y seguramente sientes lo mismo con todas, aunque a mi me guste
pensar que la complicidad y la química que desprendemos, y esa atmósfera que
creamos cuando giramos unidos, no la consigues con ninguna otra.
Porque para mi no hay duda, soy tu más
apasionada e imposible de igualar, pareja de baile.
~-.~-.~-.~-.~-
Asun® 25 de mayo de 2012
lunes, 21 de mayo de 2012
Rap de los 25 años
No me digas más
Esa palabra,
La crisis,
No me interesa,
Tengo 25 años
Y me da pereza.
No hay dinero,
No hay trabajo,
Lo que no hay
Es vergüenza,
Tengo 25 años
Y me da pereza.
Mi padre
Cansado,
Mañana cierra
Su empresa.
Tengo 25 años
Y me da pereza.
Mi madre
Empleada
En la limpieza,
Va a siete casas.
Tengo 25 años
Y me da vergüenza.
Me da pereza
Tener 25 años
La vida deshecha
Sin dinero,
Sin trabajo,
Y con vergüenza.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Asun®20
de mayo de 2012
sábado, 19 de mayo de 2012
Pleagaria maternal (en clave de humor)
¡Ay Señor!
Nada hay que quiera mas yo,
Que a mis dos hijos.
Y por favor te pido
¡Llévatelos pronto!
A vivir fuera de mi domicilio.
¡Ay Señor!
Que se instalen
Cada uno en su casa,
Que ya estoy cansada
De tantas noches en vilo.
¡Ay Señor!
Son muy buenos chicos,
Sanos, alegres y cariñosos,
Pero tienen sus cuartos
Peor que su madriguera los osos.
¡Ay Señor!
Ilumina a nuestros políticos,
Que solucionen la crisis,
A ver si los jóvenes
Pueden de una vez:
¡Abandonar el nido!
Nada hay que quiera mas yo,
Que a mis dos hijos.
Y por favor te pido
¡Llévatelos pronto!
A vivir fuera de mi domicilio.
¡Ay Señor!
Que se instalen
Cada uno en su casa,
Que ya estoy cansada
De tantas noches en vilo.
¡Ay Señor!
Son muy buenos chicos,
Sanos, alegres y cariñosos,
Pero tienen sus cuartos
Peor que su madriguera los osos.
¡Ay Señor!
Ilumina a nuestros políticos,
Que solucionen la crisis,
A ver si los jóvenes
Pueden de una vez:
¡Abandonar el nido!
-.-.-.-.-.
Asun®18 de mayo de 2012
miércoles, 16 de mayo de 2012
Ecos de Lavapies
La mañana está fresca, es 15 de mayo, y aprovechando que es festivo, he accedido a acompañar a mi tía Amelia, hermana de mi abuelo.
Hemos vuelto a Lavapies, su barrio de siempre, hasta que vendió su piso en los noventa, y se trasladó al nuestro, pues se hacia mayor y así la teníamos mas cerca.
Dejamos la plaza y tomamos la calle de la Fe, hacia la iglesia de San Lorenzo, aún recuerdo la imagen imborrable, el pobre santo asándose sin fin en la parrilla, un domingo tras otro, en el fresco del frontal del altar.
- La gente ha cambiado mucho- comentó ella y en su caminar cansado de 84 años vividos, apenas levanta la vista del suelo- pero las calles son las mismas.
Porque reconoce los mismos bordillos, los mismos adoquines de la calzada, y los mismos baldosines de las aceras, los que ella recorría alegremente en su juventud, con un taconeo gracioso, que hacia bambolearse su falda en torno a esas caderas que hacían mas rotunda la cintura de avispa de su impecable vestido de domingo.
Continuamos por Doctor Piga, y encontramos el cierre, viejo y sucio, del local de los fontaneros, sus vecinos y amigos. Allí nos detuvimos. Y apoyadas en su quicio, nos llegaron nítidas el eco de voces de otros tiempos, escenas de ese Madrid castizo, aún mas antiguo que ella misma, y que a mi me gustaría rescatar del olvido.
------------------------
-Buenos días Amelia.
-Con Dios Emilio.
-Ande vas con tanta prisa, cosa guapa.
-Pos donde va ser, a la plaza, por unos limones. Y donde el Paco, por una botella de vino y una gaseosa. Pa que a la tarde te tomes conmigo una buena limoná. Que estás convidao, si se te apetece.
-Gracias rechula, a la tarde voy yo pa las Ventas, pero a la vuelta aquí me ties, como un clavo. Por na me pierdo yo tu limonada. Y luego tenemos que marcarnos un chotís en Argumosa.
-Ea, pos ya está bien de palique, que no ties fin.
-Adios guapaaa!
-Hasta la tarde ¡zalamero!
-------------------------
Como si las dos hubiéramos escuchado este diálogo, mi tía me preguntó:
-¿te acuerdas de Emilio, el fontanero?
-Estaba pensando en él, siempre me tiraba de las coletas y me manchaba la cara con sus manos sucias de la faena y luego me daba un caramelo de limón.
-.-.-.-.-.-.-.-.
Asun© 15 de mayo de 2012
domingo, 13 de mayo de 2012
El milagro del mar
Me gusta mucho el mar. Observar su azul, a veces claro, radiante, intenso, celeste, limpio, tranquilo. No hay nada que transmita más serenidad que contemplar su superficie, ligeramente abultada por la llegada de una ola, que viene ribeteada por una cresta blanca. Merengue que se antoja dulce, y que sorprende al alcanzarnos en una lluvia de gotitas saladas.
Pero no sé por qué acepte hacer aquel viaje, seguramente no quería defraudarte, orgullosa como estaba de tu amistad.
Y llegó el viernes que ambos nos cogimos libre en el trabajo.
Tomamos un vuelo con un destino para mí incierto, literalmente incierto, porque no había oído hablar jamás de de semejante ciudad, Akureyri. Pero existía. Un puerto pesquero al norte de la muy norteña Islandia.
Naturalmente hacía frío allí, y el ambiente me pareció silencioso y solitario. El mar de un color azul rotundo, casi negro, estaba bastante agitado, dándome una sensación poco acogedora que me hizo temblar, tanto que se me notaba a través del grueso jersey de lana y el magnífico anorak, que me habías regalado, en un arrebato de espléndida emoción por mi consentimiento en acompañarte en aquel loco viaje.
Sin embargo a pesar de lo inhóspito y frío que me parecía todo, no había ningún detalle dejado al azar, tenías todo puntualmente previsto y todo estaba pensado. Nos instalamos en una casa alquilada para cuatro días. Hicimos unas compras en un supermercado del pueblo, y hasta me pareció que no era la primera vez que habías estado allí. Durante todo ese tiempo no dejé de temblar ni un segundo, esto te causaba entre ternura y gracia, y de vez en cuando me abrazabas y me apretabas contra tu pecho, fuerte y seguro. Cenamos algo en una especie de taberna y como yo no estaba muy habladora y había caído completamente la noche, nos fuimos a la casa. Afortunadamente contaba con una bonita y práctica chimenea, que creó un ambiente acogedor y me hizo abandonar mi temblor y olvidar un poco lo que nos esperaba al día siguiente.
Pero el día siguiente llegó antes de lo esperado, pues era necesario madrugar bastante para nuestro propósito, propósito que empezaba a parecerme un extravagante capricho: un paseo por el mar en Islandia.
Bien abrigados, pero cómodos, para faenar, en palabras de mi amigo, “faenar”, no quise imaginarme lo que querría decir aquello, nos vimos a bordo de aquel barco. El barco menos fiable y menos seguro del mundo.
Y recordé que el mar me gusta, pero desde la orilla, desde la seguridad de una barandilla en el paseo marítimo de nuestras tranquilas playas mediterráneas, nada parecido a la fragilidad de este cascarón. En él nos esperaba un lugareño, el capitán de navío, y recé para que la relación entre las malas pintas y la experiencia y pericias marinas fueran inversamente proporcionales: a peor apariencia, mayor maestría.
Procurando que se me notara lo menos posible el miedo y la fatiga que estaba sintiendo, me subí y me anclé, término muy marinero y exacto, a un banquito que había en un lateral, babor según mi amigo.
No tenía que esforzarme tanto en disimular, pues mi querido compañero, no veía más allá de su propio entusiasmo y alegría. Me sonreía todo el tiempo, y se acercaba y me hacía algún guiño cómplice.
Una náusea se instaló cómodamente en mi estómago, y no hacía más que crecer y crecer. Hasta que fue inevitable, y tuve que luchar para no recibir la más tierna de sus caricias, con una bonita rociada de mi más tierno vómito.
Su reacción fue rápida y se apartó de mí con un salto, no cabía duda de que estaba en forma. Me sentí avergonzada y estúpida.
Mi estómago estaba empeñado en salirse entero por la boca, y mi cabeza era un caos giratorio, donde no se distinguía cielo o mar. Busqué en algún bolsillo y encontré un patético pequeño pañuelo de papel, con el que pude limpiarme. Ya me daba igual todo, el viaje era un fracaso absoluto y no quería que nadie se acercara a mí en todo el resto de nuestro avatar marino.
Abrí los ojos, al sentir que me secaban la cara con una toalla. Estaba llorando. A través de las lágrimas vi su cara distorsionada pero sobre todo preocupada. Estábamos dentro del camarote interior del barco, no recordaba cómo había llegado hasta allí.
O sí, me había desmayado. Y de ello hacía casi una hora, la mejor hora según parece para contemplar el mar y él la había perdido allí conmigo.
Me miraba enfadado, pero no por eso, sino porque yo no le había contado que el mar me daba pánico, y ese pánico me había vencido. Después de esta confesión pensé que podría descansar durante el resto de la navegación.
Nada más lejos de la realidad, porque repentinamente me vi arrastrada al vaivén infernal de cubierta.
Y allí en seguida lo comprendí todo. Y todo mereció la pena. Tenía ante mis ojos la verdadera razón del viaje, y nunca mejor dicho, su verdadera dimensión.
Ante mis ojos y a muy poca distancia varios seres enormes, majestuosos, imponentes, salían del agua en un saltar de toneladas, con cuerpos macizos y a la vez ágiles.
Ballenas. Ballenas de superficie brillante, negra con alguna mancha blanca, extrañamente esbeltas en su redondez.
Estaba fascinada, apenas podía asimilar tanta belleza y mi asombro y admiración debían dibujarse en mi cara, porque mi amigo me prestaba casi tanta atención como a ellas. Hasta el “capitán” del barco, me miraba con una sonrisa de aprobación.
Aquellas ballenas eran únicas, y así me sentí yo contemplándolas, única y privilegiada por poder compartir el milagro de su existencia.
Asun®13 de mayo de 2012
viernes, 11 de mayo de 2012
El sueño cumplido
Había cumplido su sueño.
Gracias al terrible accidente que partió su cuerpo en dos y a la posterior obligada cirugía, tenía lo que más había ansiado, un físico perfecto.
Siempre deseó ser guapa, poseer la belleza con gracia que veía en otras chicas, para no ser solo la responsable, trabajadora, cariñosa…esa humana compañera y amiga.
Por fin volvió a su vida normal. Haciéndose notar, orgullosa, todos la felicitaban por su “inmejorable aspecto”.
Pero sus amigos apenas hablaban con ella, sentían que estaban frente a una desconocida desapareciendo la confianza de antes. Mientras que los que no la conocían, solo buscaban gozar de la perfección de su cuerpo.
Estaba completamente sola.
Pero había cumplido su sueño.
Asun ® 14 de marzo de 2012
Gracias al terrible accidente que partió su cuerpo en dos y a la posterior obligada cirugía, tenía lo que más había ansiado, un físico perfecto.
Siempre deseó ser guapa, poseer la belleza con gracia que veía en otras chicas, para no ser solo la responsable, trabajadora, cariñosa…esa humana compañera y amiga.
Por fin volvió a su vida normal. Haciéndose notar, orgullosa, todos la felicitaban por su “inmejorable aspecto”.
Pero sus amigos apenas hablaban con ella, sentían que estaban frente a una desconocida desapareciendo la confianza de antes. Mientras que los que no la conocían, solo buscaban gozar de la perfección de su cuerpo.
Estaba completamente sola.
Pero había cumplido su sueño.
Asun ® 14 de marzo de 2012
Mi vuelta: hoy viernes 11 de mayo de 2012
Ya que hice hace tres días una
crónica de despedida, ahora que estoy de vuelta, me toca hacer otra.
Esta va a ser muy breve, ya que para
drama, queda la anterior.
Y
es que se pasan tres días en un hospital y parece que ha transcurrido un siglo.
Y se envejece un siglo también, que solo hay que mirarse al espejo, ay que
penita. Y yo para ayudar a esa imagen, no tuve más ocurrencia que raparme el
pelo el día de antes. Juana de Arco parezco. Menos mal que eso si que se soluciona
con un poco de tiempo.
martes, 8 de mayo de 2012
MI vida hoy Martes 8 de Mayo de 2012
Cada vez que me enfrento a la experiencia difícil como es el paso por el quirófano, me asaltan diferentes sensaciones. Primero esa especie de hiperactividad, la necesidad de dejar toda la casa limpia y reluciente, que todo esté en su sitio, los armarios perfectamente colocados, la ropa limpia y dispuesta para su uso. La cocina impecable, y con varios platos cocinados para mi marido e hijos. La nevera llena y el congelador mucho más lleno. Los baños abastecidos, productos de limpieza, geles champúses, bayetas y estropajos. Cremas corporales, dentales, colonias y desodorantes. El salón preparado para recibir (a quien sea), cortinas, cojines, todo en orden. Así claro cuando llego al hospital, casi se agradece que te digan “usted a la cama”, y estas deseando que te pongan la anestesia para echarte un sueñecito, que llevas una paliza en el cuerpo, con tanto orden y limpieza, y los nervios.
Porque después de la hiperactividad, vienen los nervios. Si pasa algo, que no va a pasar, pero si pasa…Esto no se te va de la cabeza. Y empiezas a pensar en las despedidas. Te acuerdas de todos, de tu familia lo primero, tu madre, tu tía, tus hermanos y tienes ese nudo al pensar en ellos si te pasa algo a ti.
Y revives los momentos tan felices vividos, los amaneceres dulces junto a tu marido, de recién casados, cuando no había niños aún, y no teníamos prisa, y yo sentía que eso tenía que ser la felicidad.
Pero aún había más felicidad, la trajeron los dos hijos, su alegría de niños, sus éxitos escolares, su cambio adolescente, sus primeros sufrimientos de amores. Y mi vida son ellos tres, lo único por lo que me levanto y respiro cada dia.
Y aún hay más felicidad, la traen los amigos, mis amigas de siempre, a las que nunca he nombrado y hoy si, Luz, Marina e Inmaculada (mis entrañables Mariluz, Marini, y Mari-Conchi), y Ángel, y Marisol, y Felipe.
Y más felicidad, me la trajeron mis compañeros de trabajo, siempre cuidándome y ayudándome, y a los que me parece no he sabido corresponder, Pilar, Peña, Emilia, Miguel Ángel, Rosa.
Y los actuales, Angelito, Laura, Sergia, Nieves, Teresa, Silvia, Eugenia, mi querida Ángela, a la que quisiera aliviar ese dolor enorme, y un largo etc.
Agradecimiento también a mi actual jefe, que siempre me da un empujón de confianza, para sacarme de esta maldita inseguridad mía, y que me ha ofrecido, sin apenas conocerme su cariño y apoyo sincero. Mencionar también a mi anterior jefa, la que me “quiso” en aquella entrevista de hace tres años, y a la cual admiro por su seguridad y ambición, dos buenas condiciones para el trabajo. Y a Marisa, que rompe barreras con su voz de “sordomuda”.
Y al resto de compañeros a los que admiro por su dedicación y valía personal y que no nombro por lo muy largo que sería. Gracias a todos porque todos me demostráis un cariño en vuestro trato que me arropa en todo momento.
Y otro granito de felicidad, me lo trajeron otros amigos, los conocidos por casualidad, después de mi última operación hace casi un año. Entonces de la mano de mi hermano Manolo, conocí un sitio donde escribir y leer a otros aficionados a la escritura, y de ahí salté a otro sitio, y de este vine a parar a este blog. Así que gracias también a los amigos estos sí, tan inesperados, amigos de letras, (algo así como hermanos de leche) y que no voy a nombrar porque ellos saben quiénes son, algunos nos hemos conocido en persona, y otros nos seguimos en la distancia.
Ya que el motivo de estos agradecimientos, recuerdos y reflexiones es mi salud y mi paso por el quirófano, es justo nombrar a mi médico, el doctor Ortega, al que desde el principio nos unió algo más que la simple relación médico-paciente, pues siempre me trató con un cariño especial, y espero que mañana en el quirófano haga lo propio…, y me deje como nueva y porfi, que me quite el Tubo....
Y ahora que he dado un repasito a mi vida a través de las personas imprescindibles en ella, debo decir que siento que he sido muy afortunada y podría decir que estoy preparada para abandonar este mundo, si es lo que tiene que pasar. Pero que espero que no pase. Y que en un par de días esté de nuevo en este mi blog subiendo algún relato, poema, o algo de mi columna, que Dios mío, según está mi España, Españita, tengo argumento para rato. Y dicho esto solo me queda despedirme, con:











Porque después de la hiperactividad, vienen los nervios. Si pasa algo, que no va a pasar, pero si pasa…Esto no se te va de la cabeza. Y empiezas a pensar en las despedidas. Te acuerdas de todos, de tu familia lo primero, tu madre, tu tía, tus hermanos y tienes ese nudo al pensar en ellos si te pasa algo a ti.
Y revives los momentos tan felices vividos, los amaneceres dulces junto a tu marido, de recién casados, cuando no había niños aún, y no teníamos prisa, y yo sentía que eso tenía que ser la felicidad.
Pero aún había más felicidad, la trajeron los dos hijos, su alegría de niños, sus éxitos escolares, su cambio adolescente, sus primeros sufrimientos de amores. Y mi vida son ellos tres, lo único por lo que me levanto y respiro cada dia.
Y aún hay más felicidad, la traen los amigos, mis amigas de siempre, a las que nunca he nombrado y hoy si, Luz, Marina e Inmaculada (mis entrañables Mariluz, Marini, y Mari-Conchi), y Ángel, y Marisol, y Felipe.
Y más felicidad, me la trajeron mis compañeros de trabajo, siempre cuidándome y ayudándome, y a los que me parece no he sabido corresponder, Pilar, Peña, Emilia, Miguel Ángel, Rosa.
Y los actuales, Angelito, Laura, Sergia, Nieves, Teresa, Silvia, Eugenia, mi querida Ángela, a la que quisiera aliviar ese dolor enorme, y un largo etc.
Agradecimiento también a mi actual jefe, que siempre me da un empujón de confianza, para sacarme de esta maldita inseguridad mía, y que me ha ofrecido, sin apenas conocerme su cariño y apoyo sincero. Mencionar también a mi anterior jefa, la que me “quiso” en aquella entrevista de hace tres años, y a la cual admiro por su seguridad y ambición, dos buenas condiciones para el trabajo. Y a Marisa, que rompe barreras con su voz de “sordomuda”.
Y al resto de compañeros a los que admiro por su dedicación y valía personal y que no nombro por lo muy largo que sería. Gracias a todos porque todos me demostráis un cariño en vuestro trato que me arropa en todo momento.
Y otro granito de felicidad, me lo trajeron otros amigos, los conocidos por casualidad, después de mi última operación hace casi un año. Entonces de la mano de mi hermano Manolo, conocí un sitio donde escribir y leer a otros aficionados a la escritura, y de ahí salté a otro sitio, y de este vine a parar a este blog. Así que gracias también a los amigos estos sí, tan inesperados, amigos de letras, (algo así como hermanos de leche) y que no voy a nombrar porque ellos saben quiénes son, algunos nos hemos conocido en persona, y otros nos seguimos en la distancia.
Ya que el motivo de estos agradecimientos, recuerdos y reflexiones es mi salud y mi paso por el quirófano, es justo nombrar a mi médico, el doctor Ortega, al que desde el principio nos unió algo más que la simple relación médico-paciente, pues siempre me trató con un cariño especial, y espero que mañana en el quirófano haga lo propio…, y me deje como nueva y porfi, que me quite el Tubo....
Y ahora que he dado un repasito a mi vida a través de las personas imprescindibles en ella, debo decir que siento que he sido muy afortunada y podría decir que estoy preparada para abandonar este mundo, si es lo que tiene que pasar. Pero que espero que no pase. Y que en un par de días esté de nuevo en este mi blog subiendo algún relato, poema, o algo de mi columna, que Dios mío, según está mi España, Españita, tengo argumento para rato. Y dicho esto solo me queda despedirme, con:











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