mi música

Algo sobre mi

Algo sobre mi:

En lo que yo soy ahora han influido tanto las circunstancias de mi vida, como las personas que han desfilado por ella.


Entre las personas, los primeros mis padres. Mi padre, que por desgracia ya no vive, es la persona más honrada, justa y responsable que he conocido. Parece un tópico, sobre todo porque ya no esta, pero es la realidad, jamás le vi apartarse de lo que era correcto y repito honrado.

Mi madre, pues parecida a mi padre, una persona íntegra y con infinito espíritu de sacrificio hacia los demás y una sensatez y sensibilidad que hace que sea imprescindible pilar de la familia.

Mis hermanos, cuatro, todos chicos, bueno como es normal tenemos nuestros mas y nuestros menos, pero en general nunca llegó la sangre al río y sé que detrás de mi están todos, los cuatro para recogerme si caigo. Y lo mismo para cada uno, siempre estamos, incluso antes de que se nos llame.

Y una tía que es casi mi segunda madre.

Y después mis amigas, las que conservo desde que tenía 11 meses (si, meses) que fue cuando llegamos al barrio de Madrid, allá por los años... me cuesta decir mi edad, no es que me sienta mayor, pero si digo la edad lo voy a parecer.

Y ya solo quedaría nombrar el resto de personas que he ido conociendo y que casi todas han sido buenas y han dejado una imborrable huella dentro de mi. (las menos buenas también dejaron huella, por desgracia)

Me queda por mencionar a mi propia familia, quiero decir la que creé yo misma junto a mi marido, y se compone, de momento de él y mis dos hijos. Digo de momento porque ellos están ya en edad de empezar a vivir su propia vida,el mayor hace tiempo que la comparte con alguien, aunque todavía vive en casa con nosotros y la pequeña ya tiene también un proyecto (y que pena me da que se hagan tan mayores). Pero todo forma parte de un ciclo, que es el de nuestra existencia.

Y a esto añadiremos lo que tengo propiamente mío, que algo habrá también, aunque soy bastante simple e influenciable, con lo cual me acoplo a casi todas las situaciones y no me ha ido mal de esta manera.

Si habéis aguantado este pequeño tostón y os quedan ganas podéis leer algo de lo que escribo, que es como yo sencillo y simple.

------Gifs Animados - Imagenes Animadas

Me habéis visitado todas esta veces...

Seguidores

Visita también mi segundo bog: http://rosquillasalpoder.blogspot.com.es/

------Gifs Animados - Imagenes Animadas

POR FAVOR NO OLVIDES NUNCA DEFENDER LOS DERECHOS HUMANOS

POR FAVOR NO OLVIDES NUNCA  DEFENDER LOS DERECHOS HUMANOS
POR FAVOR NO OLVIDES NUNCA DEFENDER LOS DERECHOS HUMANOS

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER
8 de Marzo: LAS MUJERES MOVEMOS EL MUNDO.

Mi otro blog

Mis libros preferidos.

Mis libros preferidos.
Este blog tiene otra página con los libros que me gustan o voy leyendo este año.

sábado, 5 de octubre de 2013

Había una vez... un zoo

El zoo estaba revolucionado. En el aviario las cotorras parloteaban más deprisa y alto que de costumbre. No daban abasto a repetir las últimas noticias que se estaban sucediendo.
     Los monos saltaban velocísimos de un lado a otro, y gritaban de pura indignación Estaban seguros de que cualquiera de ellos habría hecho mejor papel en la realeza que esa pequeña y torpe elefanta. Habrían hecho lo que se esperaba que hicieran,  monerías, y jamás hubieran sacado los pies de ese tiesto amado y seguro que eran sus jaulas.
     Las rechonchas cebras movían la cabeza de un lado a otro, entonando una letanía de “vayapordios”, “loquehayquever”, “adondevamosallegar”, todo en forma de graciosos relinchos, que en realidad eran pura indignación.
     Y todos los animales en general, recordaban el día del nacimiento real, cuando en la rueda de prensaanimal, le preguntaron al orgulloso padre si había nacido una princesa y contestó: “Pueblo mío, animales todos, hoy nos ha nacido UNA ELEFANTA”


     Pasados los años, y pasado también el orgullo, la realeza y la elefantía, la mocita eligió entre sus pretendientes. Vino a fijarse en un atlético antílope. Alto y esbelto, ejemplar único, de muy buena planta, pero de muy mala ralea.

     En muy poco tiempo esta nueva familia, estuvo muy acomodada, se hizo construir una cuadra nueva, donde no cabía ni una brizna más de heno.
     A la vez que en los zoos vecinos empezaba a escasear. Nadie acertaba a explicar semejante fenómeno.
     Hasta que un halcón peregrino, peregrinó de un zoo a otro. Y descubrió el percal. Todo lo que faltaba en casa de unos, estaba en casa de los otros, concretamente en la de Dª Elefanta y Don Antílope.
     Y por primera vez en la zoohistoria, hubo que juzgar a la familia real, y sentar en la rama de los acusados a una elefanta, y decir que esto era complicado, cae por su propio peso.
     El zoo que había tenido la casta más alta y rubia y guapa, de elefantes y elefantas, cayó en desgracia.
     La mayoría de los animales ya no quería pertenecer a él. Después de largos y aciagos días se decidió contratar a un cazador, alguien que pusiera orden y devolviera todo el heno sustraído a los zoos vecinos.

     No fue fácil, el antílope como era muy rápido se adelantaba al cazador y siempre que podía le ponía la zancadilla. Pero con la ayuda de los astutos zorros, que muy astutamente se pasaron de bando, la cuadra real se fue limpiando de lo que no era suyo.
     Y el grueso de los animales que eran de naturaleza bondadosa, una vez apartada la desagradecida pareja, volvieron a aclamar a su viejo y entrañable Rey.
      A pesar de que como viejo que era y viejo que estaba, tuvo un lapsus, y había organizado como diversión una cacería, de… elefantes…que dio nuevamente mucho que cotorrear a todas las aves del querido aviario del zoo.




Asun ©4 de octubre de 2013

viernes, 27 de septiembre de 2013

Música

 Hablemos de música. Yo no puedo decir que tenga oído musical, no sabría distinguir si lo escuchado es un do, o un re, y me perdería entre bemoles, palabrita que francamente me trae a la cabeza otras imágenes (no precisamente musicales). Voz, no tengo, o mejor dicho lo que no tengo es entonación, vamos que si canto o tarareo algo es mejor que no haya nadie a mi alrededor.
     Tampoco se interpretar un pentagrama, a duras penas aprendí su significado en los años de instituto.
     Pero me resulta encantador ver el baile de redondas, blancas o negras por encima o por debajo de las cinco líneas que lo componen.
     Otras veces caprichosas se quedan entre medias, como si fueran tímidas y no quisieran pisar o manchar el escalón, que se me figura a mí que son las líneas del pentagrama.
     Estas figuras, las negras, son por fuerza coquetas, y a veces se adornan con una o varias cintas, cuyas puntas ondean por el soplo de algún viento que solo ven y sienten ellas. Se convierten así en corcheas o fusas. También bailan entre todas ellas unos alegres silencios, diferentes en duración y forma, según a quien acompañen.
     En fin a pesar de mi ignorancia musical, lo cierto es que disfruto y vivo la música con gran pasión.
Me emociona. Me traspasa, y me transporta.
    Me hace viajar más rápido que los aviones, barcos o trenes. Río, lloro, cambio de humor y es la mejor compañera de tardes de paseo. Me aligera los  trabajos pesados, y me trae a la memoria los días felices. Y los más tristes también. Porque todos los acontecimientos de mi vida van asociados a ella, a músicas y canciones.
     En ese baúl imaginario donde voy guardando todo lo importante de mi vida, estas músicas y canciones son el terciopelo que forra sus paredes y suelo.
     De modo que cual caja de música, suenan siempre que con motivo o sin él, lo abro para hacer inventario de mis tesoros.

§§§§§





Asun©27 de septiembre de 2013

sábado, 21 de septiembre de 2013

Premio "Franklin D. Rooseevelt International Disability Rights"

Hoy voy a presumir un poquito de mi trabajo. O de algo relacionado, un poquito, con él.
Los que me habéis leído en más de una ocasión, sabréis que tengo una debilidad, y que de una manera u otra acaba saliendo a relucir en casi todo lo que escribo o hago.
Se trata del mundo de la discapacidad. 
Y es que si para el común de los mortales sobrevivir en nuestra sociedad es complicado, para este colectivo suele serlo aún más. Porque hechos tan corrientes como levantarse, caminar, escuchar, observar, respirar, hablar, mantener la atención, leer, o incluso tareas tan personales como vestirse o asearse, están vetadas para ellos (nosotros).
Y a pesar de ello lo hacen, ganando día a día esa carrera de fondo que supone adaptar sus diferentes capacidades a lo que se entiende por normalidad.
 Los que por unas causas u otras estamos en contacto real con este mundo, pensamos que hay mucho por hacer. Y sabemos que las crisis afectan siempre  más al más débil, y que los gobiernos  no ponen lo que deberían para atender tan graves necesidades. 
Aún así, España parece que no lo estará haciendo tan mal, puesto que ha recibido este premio:

Premio "Franklin D. Rooseevelt International Disability Rights" 

Su Majestad  la Reina, presidenta de honor del Consejo del Real Patronato de la Discapacidad, ha recibido el galardón en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, el 9 de septiembre de 2013

Se trata de algo parecido a los Nobel de la Discapacidad y supone un reconocimiento a un miembro de las Naciones Unidas que haya destacado en esta materia.
Hay que señalar que España fue el primer país del Grupo de Europa Occidental y el segundo en el mundo en ratificar la Convención de Naciones Unidas sobre Derechos de las Personas con Discapacidad. 
Y que actualmente se trabaja en un proyecto normativo de gran importancia, la Ley General de derechos de las personas con Discapacidad y de su inclusión social. 

Debemos tener confianza y esperar que estos pasos conduzcan a una mayor integración y a una mejor atención por parte de los poderes públicos, a todas estas personas, que como he dicho en muchas ocasiones no son tan diferentes, simplemente tienen (tenemos) diferentes capacidades.
Muchas personas trabajamos día a día para que ellos (nosotros) estén debidamente atendidos y todos tengan la oportunidad de ser independientes, autónomos y tener una vida plena.


Asun©20 de septiembre de 2013

domingo, 15 de septiembre de 2013

Feliz... otoño nuevo!!

Muchas veces he pensado que el año debería comenzar en septiembre.
Pues sí, otra de mis raras reflexiones. Pero esperar a leer mis razones, y al final puede que no os resulte tan extraño.

 Septiembre supone una vuelta, volvemos de un período amable, de un largo y perezoso verano. La canícula trae consigo un paréntesis en nuestras vidas. Ese calor que invita a dejarlo todo, a adormecerse en una siesta infinita. A disfrutar de refrescos y refrescantes baños al aire libre, bien en el mar, bien en la montaña o en urbanas piscinas. Vivimos de puertas afuera, en las calles, parques o paseos, porque los días son casi eternos, igualan o superan a las noches en horas de luz, y flota en el aire ese aroma de felicidad despreocupada.
Y aproximadamente a mediados de septiembre se produce un shok una ruptura. El tiempo cambia, no en vano el día 21 comienza el otoño. Los niños vuelven a la escuela, y lo que se gana en tranquilidad, se pierde en economía. Porque la tan traída y lleva “cuesta de enero”, no tiene nada que envidiar a esta cuesta de septiembre. Además no son solo los gastos escolares, a veces suben también precios de otros productos.
Y es también comienzo de nuevas etapas, nuevos cursos, nuevas colecciones de todo tipo, nuevas visitas a los gimnasios y recuperación de hábitos que se relajaron en el estío.
Es época de reencuentros con compañeros de trabajo, y relaciones amistosas y familiares, que quedaron en compás de espera en beneficio de otros nuevos conocimientos que se hacen en los viajes que propicia el buen tiempo y el relajo vacacional.
Tal es el cambio que se avecina, que como pieza visible, renovamos hasta el vestuario, aprovechando que cambiamos de estación, y casi convendría más ahora la famosa frase de Año Nuevo, vida nueva.
Quizá esta creencia mía de que el año debería empezar en septiembre y no en enero, habría que buscarla en mis orígenes, quizá tengo ascendencia francesa, y más concretamente de cierta revolución, esa de 1789.

Eugéne Delacroix, “La Libertad guiando al Pueblo”. Óleo sobre tela, 1830 

Porque aquellos republicanos franceses debían estar algo de acuerdo con mis apreciaciones, pero con un par de siglos largos de antelación. Ellos propusieron y aceptaron un calendario revolucionario en el que el año comenzaba el 22 de septiembre, coincidiendo con el equinoccio de otoño. En él los meses también tenían otros nombres, un tanto pintorescos:
Otoño : Vendémiaire, Brumaire , Frimaire
Invierno: Nivôse, Pluviôse, Ventôse
Primavera: Germinal, Floréal, Prairial
Verano: Messidor, Thermidor, Fructidor
Así pues y resumiendo, no me queda más que desearos un feliz …otoño nuevo.

Asun ©9 de septiembre de 2013

martes, 10 de septiembre de 2013

Las monedas y la fuente

Relato del mes de Septiempre de Esta Noche te Cuento.

     Las monedas tintinearon al chocar entre sí, antes de sumergirse. A su vez las risas frescas y limpias de los jóvenes cesaron hasta que comprobaron que todas las lanzadas, hubieran hecho blanco en las cristalinas aguas de la fuente. Luego volvió a estallar el griterío.
     De fondo la resignación del profesor de historia. No podía con esos muchachos, solo sabían reír, y sacar punta a todas sus explicaciones.
Sin embargo estaba feliz. El viaje de fin de curso terminaba, y había sido un broche perfecto para cerrar su larga carrera. Seguramente sus alumnos no habían aprendido toda la historia del arte que él pretendió enseñarles. Pero siempre recordaría las muchas ocasiones en que le escucharon con la boca abierta, aunque luego soltaran la risotada y gracieta de rigor.
     Así que él también arrojó su moneda.

Y las monedas y la fuente cumplieron su misión: todos volvieron.

     Los alumnos, años más tarde y con diferentes motivos. Lunas de miel, viajes de negocios, importantes reportajes fotográficos, aburridas visitas familiares… y el profesor, aunque nunca había vuelto a viajar, volvió muchas veces más.
Volvía siempre en la memoria y en el corazón de cada uno de sus alumnos.
*i*i*i*i*i*i*i*i*i

Si quieres comentar, hazlo pinchando aquí 



Asun ©9 de septiembre de 2013

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Iluminando el futuro, Madrid 2020.

Madrid candidata eterna a organizar unos Juegos Olímpicos.
Me lleva a recordar una frase que venía a decir algo así como que lo bonito de escalar una montaña no está en llegar a la cima sino en la propia escalada. A ver si lo más bonito de esta ilusión (y lucha) por conseguir los juegos, va a estar en el intento en sí.
Porque llevamos más de una década intentando conseguirlo. A mi particularmente me hizo gracia la primera vez, aquella en la que el logo oficial de la candidatura era un polvorón.

¿Qué no era un polvorón?, Por su puesto que lo era. Era un polvorón de los del pueblo de mi madre, un polvorón de Alcohujate.
En el pueblo de mi madre hacen un dulce al que llaman polvorón y se trata de una especie de galleta con forma de S, igual, igual al logo que eligieron para los juegos de Madrid 2012. Además como vivo muy cerquita del Estadio de la Comunidad de Madrid, (La Peineta), todos los días veía aquel polvorón en el centro de la plaza de Grecia, entre olivos. Hasta estuve a punto de enviar a D. Alberto Ruíz Gallardón, alcalde por entonces, una cajita con una muestra de estos dulces, y de paso a ver si los proclamaba dulce oficial de la campaña, y algo hubiéramos sacado en limpio.
Porque lo único que sacamos de aquellos días fue que el Estadio de la Peineta quedó clausurado e inservible y hasta entonces funcionaba como un polideportivo y abría sus puertas para ejercer lo propio, el deporte.
Eso trajo aquella fallida candidatura: que empezaran unas obras “fantasma” de acondicionamiento de la sede olímpica. Fantasma porque nunca se han acabado, y estadio y alrededores son una escombrera.
Después vino la candidatura de 2016
.

Una mano muy colorida fue su logo. Pero lo que más me gustó fue el cartel, nuevamente en la plaza de Grecia. “Tengo una corazonada”,


Pues yo tenía una certeza.
Y se cumplió, dice mi madre que soy vidente, pero no, yo soy evidente. Porque estaba claro que no nos iban a dar las olimpiadas, y que mi querido estadio seguiría cerrado y sus alrededores abandonados. Y eso que está muy bien comunicado. Nuestro alcalde, que seguía siendo Alberto RG, nos puso una estación de metro, “Estadio Olímpico”, la cual está olímpicamente desaprovechada en medio del campo.


Y hoy estamos en la cuenta atrás, quedan tres días para saber si de nuevo nos vamos a quedar con las ganas de ser olímpicos, y veremos como pasan olímpicamente de nosotros.
Ahora las palabras que acompañan al logo son “iluminando el futuro”.
 Personalmente no me ilusiona en absoluto esta candidatura. Pero voy a rezar para que en el caso de ser elegidos, alguien ilumine a nuestros gobernantes (incluida esa alcaldesa que nos colocaron sin haberla elegido). Y que los ilumine para que piensen en el bien de los deportistas, nuestros jóvenes que son nuestro orgullo y futuro. Y piensen en el resto de ciudadanos, y no nos arruinen más de lo que estamos.
Y ya puestos a ser videntes o evidentes, ruego que no nos despertemos cualquier día dentro de unos años con titulares en todos los medios hablando de los escándalos y corrupción de los JJOO de Madrid 2020.



Asun©4 de septiembre de 2013

martes, 27 de agosto de 2013

Anak nga lalake (El Atropello II)

    Poco a poco se acostumbraba a esa nueva vida. Y se sentía mucho más cerca de su mujer de lo que hubiera imaginado, dadas las circunstancias. Ella seguía sumergida en su descanso y aunque no tan rápido como pensaron, no tardaría en llegar el día en que vería sus ojos de nuevo abiertos.
Sus ojos, deseaba tanto verlos otra vez, tan llenos de luz, con ese color tan especial, tan claros, tan atentos, risueños o preocupados, pero siempre tan vivos.
Se acercó a ella y acarició su mejilla, y no se resistió al impulso de rozar apenas su rostro con sus labios. Un beso leve y a la vez enorme, suficiente.

     Volvió al ordenador. Investigaba las últimas palabras de Marta, esos sonidos se ajustaban a una lengua hablada en una de las principales islas filipinas.Y los caracteres más parecidos eran:
Magtan-aw sa akong anak nga lalake, ang akong anak nga lalake, nga ako nahigugma kaninyo.
    

La traducción supuso un mazazo.
 De manera diferente, pero tan demoledor como la noticia del atropello de su mujer.

     Inevitablemente repasó todo lo que sabía de su mujer, todo, desde el día en que se habían conocido.
Se conocieron hacía 11 años, tontearon durante uno, y ahora llevaban una década viviendo juntos. No se habían casado, nunca lo creyeron necesario.
     Le resultó duro, duro y deprimente, comprobar que apenas sabía nada de ella. Es decir creía saberlo todo, porque no necesitaba saber nada más que la realidad que vivía día a día. Día a día y en presente. Alguna vez habían hablado del futuro, pero no querían tentar a la suerte, si eran felices, ¿para qué pensar más?
Sobre el pasado, nada, muy poco. Eran personas corrientes, con un pasado corriente. Él, hijo único, su padre ya fallecido, y su madre, una mujer muy discreta que les dejaba hacer su vida.
Marta no tenía padres, se había criado con una tía, muy cariñosa, comían con ella al menos dos días por semana, y todo era normal. Comentaban anécdotas de infancia, del colegio. Manías, gustos, todo normal.

     Hoy había descubierto algo nuevo. A veces le venían ideas, como si fueran ráfagas de viento: el pasaporte, ella viajaba relativamente a menudo, a causa de su trabajo en el laboratorio. Así que le asaltó la idea de ver su pasaporte. Le costó mucho abrir el bolso para buscar su cartera. Porque tenía todo lo que su mujer llevaba el día del accidente guardado en un cajón de la cómoda, y no lo había vuelto a tocar.
Otro mazazo. No solo estaba sellado, sino que en más ocasiones de las que hubiera imaginado. De hecho había visados de  viajes periódicos. Y ninguno a Alemania, donde se supone estaba la sede de su empresa.

     Dirigió la vista a la fotografía enmarcada que ocupaba gran parte de la pared, junto a la ventana y le hizo una pregunta, en voz alta, como lo más natural del mundo ¿quién eres Marta?, porque tenía la sensación de que “su Marta” no era la que él creía, y empezaba a tener claro que tampoco era suya, como gustaba ella misma de decir: “Hola cariño soy tu Marta”…
     Tuvo otra idea, otra ráfaga. Sin pensarlo buscó en su teléfono móvil la última llamada de Penélope, la inseparable amiga de Marta y la llamó.
Inmediatamente tuvo la voz agradable voz de la mujer al otro lado.

- No, no ocurre nada malo, no hay novedades. Es solo que quería hacerte una pregunta acerca del último viaje de Marta.
Silencio al otro lado, y precaución por parte de él.
- Ah, ¿el de hace dos meses?
- Sí, justo. Fue como siempre a Alemania, ¿verdad?
- Sí claro, como siempre, ya sabes, los viajes rutinarios de la empresa…
- Pues yo diría que no, que desde luego no fue a Alemania.
- Oye Mario, no sé qué quieres decir, te noto muy nervioso.
- ¿Me notas muy nervioso? Claro es que no tengo motivos para estarlo ¿verdad? Dado que Marta no puede explicarme que está pasando aquí, ¿podrías tú al menos dejar de mentirme?
- Mario, si te parece nos vemos mañana y te prometo que aclararé todo lo que esté en mi mano, pero cálmate, en serio, todo esto es terrible.
- Muy bien comemos juntos, en el Retiro.
Y colgó sin esperar contestación de ella.

1*1*1*1

Juan, el camarero del bar Retiro, terminó de dejar los cafés en la mesa y se retiró discretamente.

- Entonces, ¿no vas a contarme porqué viajabais a esa isla?
- No puedo, tienes que comprenderlo, es ella la que tiene que explicarte todo.
- Si, lo entiendo, pero ella, ya sabes como está.
- Pero cuando mejore te lo dirá.
- ¿Tú crees? no lo ha hecho hasta ahora.
- Pero lo iba a hacer, esto es terrible, lo iba a hacer justo cuando le pasó esto.
- Pues entonces cuéntamelo tú, piensa que no me cuentas ningún secreto de ella, sino algo en lo que tú también tienes parte. ¿Cuántas veces la has acompañado?
- Bueno, no tantas. Me cuesta mucho decirte esto. Espero que Marta me perdone y me comprenda. No creas, para mi va a ser un descanso poder hablarte de ello, porque creo que no mereces tanto engaño.

Mario volvió a tener la sensación de vacío, de mareo, que tanto le visitaba últimamente. Había dejado de escuchar, su cabeza ocupada con las últimas palabras: tanto engaño, tanto engaño.
Pero Penélope continuaba hablando, contando una extraña historia, extraña y sin embargo verdadera.

- Marta es filipina, si claro que no lo parece, su madre era hermana de su tía, como sabes. Su padre, bueno, su padre es alguien, no te lo voy a decir.
- Querrás decir era, su padre está muerto.
- No, no lo está. Vive, vive allí en Cebú, con su hijo.
- Y ¿por qué tanto misterio? Aunque no se llevaran bien, ¿por qué ocultarlo?
- No me has escuchado, vive con su hijo, el hijo de Marta, y… de él.
Otra vez el mareo, mareo y náuseas.

1*1*1*1

     De nuevo corría por los pasillos del hospital, tras recibir la llamada urgente del jefe de servicio de neurología.
Si el médico estaba en lo cierto, todo estaba a punto de terminar.
Marta había salido de su ensoñación hacía unos instantes,  y una vez estabilizada estaba dispuesta a enfrentarse de nuevo al mundo.

La pesadilla estaba a punto de terminar, o de comenzar… Y vinieron a su mente las palabras que ahora sabía de memoria: Magtan-aw sa akong anak nga lalake, ang akong anak nga lalake, nga ako nahigugma kaninyo. (Busca a mi hijo, hijo mío, te quiero)


Asun ©27 de agosto de 2013


domingo, 18 de agosto de 2013

El atropello

     Voló a Madrid en cuanto le comunicaron la noticia. Un agente de la policía le localizó a través de su empresa. Por suerte ya había concluido la feria del automóvil y solo estaba buscando una cafetería donde pasar las tres horas que le quedaban para coger el vuelo de vuelta.
    Con el corazón en la boca paró el primer taxi y en menos de media hora había arreglado el cambio de billetes y estaba tomando asiento en el avión que despegaba de Palma de Mallorca. Acababa de comprobar que había más frecuencia de vuelos con estas islas, que entre los autobuses de su barrio en Madrid. De pronto su mente se quedó en blanco y empezó a temblar pensando en Marta, aunque no era capaz de verla, porque solo podía pensar en el momento del atropello.


Algo húmedo mojó su mano. Abrió los ojos para comprobar que había sido una lágrima. Dios! no podía ser, no recordaba haber llorado desde que dejó de usar pantalón corto y hacía varias décadas de eso.
- ¿Se marea?-preguntó la señora que ocupaba el asiento de al lado y  le miraba con maternal solicitud.
- Si –no se mareaba, no, pero esta excusa le vino bien, volvió a cerrar los ojos y no hizo ademán de querer seguir conversando en el resto del viaje.
.-.-.-.-.
    Recorrió a toda prisa los pasillos del hospital. Y cuando se vio reflejado en el cristal que le separaba de Marta, comprendió lo que los médicos le habían explicado y no acertaba a asimilar. Marta estaba en coma. Un coma inducido y todavía no podían saber el alcance real de las lesiones tanto físicas, como de las  posibles secuelas.
Una enfermera se acercó a él, delicadamente le tocó el brazo para llamar su atención.
- Buenas tardes, soy Antonia, enfermera de urgencias. Atendí a esta paciente a su llegada al hospital.
- Marta, se llama Marta, es mi esposa.
- Sí, claro. Mire su mujer llegó consciente y hablando. Esto es muy buena señal. Me impresionó. No cesaba de repetir unas palabras, y su mirada me hizo pensar que era muy importante. No sé muy bien porqué pero las apunté, y luego no sabía qué hacer con lo anotado. Supongo que a usted le interesarán.
Mario apenas comprendía lo que le estaba diciendo y mecánicamente guardó el papel que esa enfermera le ofrecía, en el bolsillo de la chaqueta y le dio las gracias.
-.-.-.-.
    Había pasado una semana. Solo siete días y su vida era tan diferente como si le hubieran dado la vuelta, cual imagen reflejada en un espejo. Así se sentía, un reflejo de sí mismo, y Marta, esa Marta de la cama de cuidados intensivos, no era realmente Marta era un reflejo de ella.
Como cada tarde después de salir del trabajo había acudido  a esa maldita habitación del hospital. Metió distraídamente las manos en los bolsillos, se había puesto la misma chaqueta del primer día. Y sacó un pedazo de papel, al principio no sabía de que se trataba. Hasta que recordó a aquella enfermera, Antonia, a la que no había vuelto a ver.
Leyó las cuatro palabras anotadas, recordando que ella las había apuntado por lo interesante que le pareció y la urgencia de Marta al repetirlas.
Pero… qué demonios… no entendía nada. Literalmente no entendía que ponía allí, eran una serie de letras sin ningún sentido, no eran palabras españolas, y a decir verdad no parecían de ningún otro idioma.

“Matan alansa akonanad lalake. Gnahan k osa kon ana galalake”

     Marta no podía haber dicho nada parecido a eso, se sintió presa de un enfado descomunal, ofendido, y engañado. Buscaría a esa enfermera, ¿Cómo se atrevía a entregarle semejante tontería y contarle ese cuento chino, con su mujer en esas circunstancias?
No le costó trabajo encontrarla, se acercó y le pidió explicaciones.
- Ya le dije que me llamó la atención, no entiendo lo que quiere decir, lo apunté de inmediato, pues se me habría olvidado y ella no dejaba de repetirlo, y me insistía como si fuera lo más importante en ese momento. Lo siento no quería disgustarle, creí que para usted tendría sentido. Pensé que sabría en qué idioma hablaba, se trata de su esposa.
Si, se trataba de su esposa, pero jamás la oyó pronunciar nada parecido a aquello.
Pasó el resto de la tarde contemplando la suave respiración de Marta. Había mejorado mucho y pronto comenzarían a sacarla de aquel sueño que la mantenía ausente.
Mientras la miraba no dejaba de repetirse mentalmente esas cuatro tonterías del papel. ¿Sería algún idioma realmente?

*-*-*-*-*-

Asun© 17 de agosto de 2013

jueves, 15 de agosto de 2013

Nombres para el recuerdo

Aprovechando que es mi santo, el día de la Virgen de la Asunción, comparto lo que escribí hace casi un año:
*-*-*-*-*-

 Hoy voy a escribir sobre algo que me ronda en la cabeza últimamente. Se trata de los nombres, de cómo nos llamamos. Concretamente la gente que me rodea, y me voy a centrar en mis amigas, y en mi propio nombre. Quiero que el resultado sea como un homenaje en definitiva a las mujeres que conozco, que son mis amigas desde que puedo recordar, y otras que he ido conociendo con el correr del tiempo, que es como lo diría mi madre.
Son nombres muy comunes, muy españoles, y desde luego pronto serán también muy olvidados.

      Me atrevería a asegurar que no habrá niñas menores de 10 años que lleven estos nombres.

     A veces pienso que si tuviera tiempo de sobra para dedicarlo a asuntos que no llevan a ninguna parte, investigaría sobre este tema. Los nombres perdidos, porque hoy voy a escribir sobre el mío y el de mujeres de mi generación, pero está la generación anterior, la de nuestros padres, esos nombres ya pertenecen solo a la memoria y muchos solo están en los corazones de quienes los conocieron y amaron.

     Pero voy a empezar, que de nuevo, como diría mi madre, ¡vamos hija, que no terminas de parir! Ahí van!!!!

-María Inmaculada Concepción. Sí Marías a secas hay muchas, pero se trata de los tres juntos. Para sus amigas íntimas e incondicionales era Mari-Conchi.

-Marina. Bueno esta se salva un poco, hoy todavía se pone el nombre de Marina a muchas niñas. Pero para sus amigas íntimas e incondicionales era Marini, o Marinita.

-María de la Luz. Puede que Luz a secas si exista actualmente, pero para sus amigas íntimas e incondicionales era Mariluz.

-María de la Soledad. No creo que haya actualmente ninguna, en el grupo que sugiero de menores de 10 años. Para sus amigas…. Era  Marisol, y además esta es un caso más extraño, ya que creo que ni siquiera se llamaba Soledad, sino solo María.

-María del Carmen. Bueeeeno,  puede que haya alguna, pero esta era para esas amigas incondicionales Menchu.

-María Sergia. Totalmente segura de que no hay ninguna en la actualidad, sobre todo porque ya era raro en nuestros tiempos.

-Nieves. Muy popular, pero a lo que vamos, ¿habrá alguna niña con este nombre?
-Isidora. Imposible, totalmente a extinguir. Esta es nuestra querida Isi.

-María Antonia. De lo más común, pero igual que las anteriores, no en la actualidad. Yo tengo dos cuñadas, esposas de dos de mis hermanos, para más inri, gemelos ellos.

-Emilia. Común muy común, peeeero ¿en las niñas de hoy?

-María Luisa. Más de lo mismo, actualmente no creo.

-Julia. Si este puede que resista el paso del tiempo, a mí particularmente me encanta. Para nosotras es Juli.

-Magdalena. Nada extraño este nombre, pero si volvemos al dilema, me pregunto ¿habrá alguna Magdalena pequeña?, y no me refiero a las del desayuno.

Y ya para no seguir dando “más vueltas al arroz” termino con el mío:

-María Asunción. Si cabe el más conocido, se conmemora el 15 de Agosto, no en vano es la popular Virgen de Agosto, y patrona de la mayoría de las fiestas de nuestra geografía española, ya que casi todos los pueblos cuentan con una iglesia o parroquia dedicada a ella. Siendo además la capital de Paraguay.
Pero después de mí y unas pocas más se perderá en las paredes de esas iglesias, y en el recuerdo.
Lo cual además sería una pena, pues este nombre suele venir acompañado de su canción:

"El vino que tiene Asunción
no es blanco ni es tinto
ni tiene color.
Asunción, Asunción,
échale media de tinto al porrón."


Asun® 28 de agosto de 2012

martes, 13 de agosto de 2013

Un perezoso paseo veraniego.

Un paseo veraniego
Iba yo paseando por mi playa, en ese largo caminar matutino, en el primer contacto del día con el mar, el sol y la brisa. Este paseo que me despierta el apetito, no solo del desayuno, sino de empezar de nuevo un perezoso día, sin obligaciones, un día más y un día menos, de mis vacaciones.
Un paseo por la orilla, ora pisando arena, ora agua, ora espuma blanquísima, ora una alguita verdosa, ora una despistada conchita nacarada que me obliga a dar un saltito y mientras pienso.
Pienso no por ganas de pensar, sino porque esa vocecita que todos tenemos dentro, no para inquieta de susurrarme cosas. Pero mira que se le ocurren unas cosas... hoy repetía machaconamente una canción, una pequeña estrofa.
"Desde Santurce a Bilbao, vengo por toda la orilla, con mi falda remangada, luciendo las pantorrillas"
Y entonces pienso, ¿se podrá realmente ir desde Santurce a Bilbao, por toda la orilla? No conozco Bilbao, ni Santurce, pero ya me pica la curisosidad, al menos en algún tiempo debió poderse hacer ese camino a pie y como yo en mi paseo, por toda la orilla.
Como una cosa lleva a otra, me vienen muchas otras letras de canciones populares, y me vuelvo a preguntar sobre ellas. Sí, se puede pasear por el Madrid más castizo como la florista, con los nardos apoyaos en la cadera, ("por la calle de Alcalá, la florista viene y va, con los nardos apoyaos en la cadera").. O hacerse tirabuzones como en el tanguillo, con las bombas francesas, "Con las bombas que tiran los fanfarrones, se hacen las gaditanas, tirabuzones".
O nos podemos quedar tan solos como los de Tudela, y por eso cantamos de cualquier  manera. O podemos rondar con mil cintas de colores de una capa estudiantil y esperan que no se enamore la niña compostelana ("Cuando la tuna te de serenata, no te enamores compostelana, que cada cinta que adorna su capa es un trocito de corazón")
O llorar en el alfombrado verde de un prado al pie del caserío por Maitechu ("Maitetxu mía, Maitetxu mía, ya no he de verte más).


En fin que he recorrido la geografía española, y de coplilla en coplilla he cubierto el paseo de hoy.






Asun 6 de Agosto de 2013

domingo, 14 de julio de 2013

África, II parte

    **Continúación del relato, "Tranqula, estará bien (África)

 Desde que habían vuelto de África estaban intentando retomar sus rutinas. Ella iba a trabajar, desayunaba con sus compañeros, comía rápidamente, se obligaba a ir al gimnasio, hacía la compra apresurada y procuraba llegar a casa agotada. Solo disfrutaba un poco con la ducha, dejando correr el agua por su rostro y sintiéndose limpia al menos unos minutos. Porque todo lo que hasta ahora llenaba sus días y le daba la cálida sensación de seguridad, le parecía vacío, innecesario, carente de sentido y sobre todo imperdonablemente superficial y derrochador.
En medio de esta desazón, mezcla de miedo e impotencia, solo veía unos ojos. Los de la niña. Su niña. 

Todo lo que le importaba en el mundo se había reducido a esa personita. Aún siendo consciente de que probablemente nunca la volvería a ver, no podía aceptarlo, no quería resignarse a no saber nada, nunca, de ella.
     Las mismas sensaciones, aunque se negara a admitirlo, tenía él. África, atardeceres rojos y amaneceres limpios que poblaban sus sueños, hasta desembocar en una repetitiva pesadilla. Los más dulces ojos negros de la niña más dulce, se quemaban en el rojo del cielo africano.
    El viaje les había abierto una puerta a otro mundo, otra realidad paralela a la suya, pero mucho más difícil y dura. Al atravesar esa puerta no hubo  retorno ni tranquilidad. No podían estar viviendo una vida tan regalada mientras otros seres tan humanos como ellos, carecían de todo y lo peor, sin tener conciencia de ello.
     Sin embargo el viaje también supuso algo bueno en sus vidas. Había hecho que se volvieran inseparables, ya lo eran antes, pero ahora tenían la seguridad de que estaban unidos por algo muy fuerte, algo que se componía de amistad, respeto, entrega, alegría, y a veces dolor. Desde que volvieron parecían ser una misma persona, no necesitaban más que una mirada para saber lo que sentían. Haber vivido una situación tan límite les había hecho conocer el significado del más mínimo gesto, no solo de su rostro, sino de su cuerpo.

     Se volvió para coger las llaves antes de salir hacia el trabajo y para hacer el gesto de despedida que dedicaba a Juan y que consistía en sacarle la lengua en un cariñoso gesto de burla. Pero no tuvo oportunidad de hacerlo, pues el teléfono sonaba insistentemente, y su chillón sonido resultaba extraño a esas horas.
    Ya tenía la puerta de la calle abierta y estaba a punto de salir, cuando se paró en seco al oír “Si, soy yo, si estuve en Ruanda, en Kigali, si, ¿quién?
   
Cerró de nuevo la puerta y volvió al salón, Juan hizo un gesto con la mano conteniéndola, pidiéndole calma, mientras seguía callado y a la escucha. De repente le apremió a buscar un papel y algo para escribir, anotó un nombre y un teléfono de contacto. Luego sin mediar palabra colgó y se dejó caer en el sillón. Estaba totalmente en estado de shock, cada vez más pálido. 
- ¿Quién era?, ¿llamaban de África?, ¿Qué querían?, ¡vamos dímelo!
- Si, era, bueno…, Marc Cottage, o algo así le he entendido, me llamaba desde Kigali, y me ha dado su número.
- Ya veo, pero quién es?, que quieren?
- Por lo que me ha dicho debe ser el que nos recogió en la carretera  y nos llevó hasta aquel poblado, el de la ONG, me ha dicho que le llame luego, no sé qué quiere, y francamente no sé ni cómo puede tener nuestro teléfono.
- Y qué hacemos?, le volvemos a llamar, pero te habrá dicho algo de porque te llama, es… por la niña?
- No lo sé, me ha dicho que le llame luego, a la una. Mira se te ha hecho muy tarde, es mejor que te vayas, y yo también- se había levantado mientras hablaba, y había recobrado el color y con él el ánimo. Buscó la funda de su portátil, y cogió la cazadora, empujando a su novia hacia la puerta del piso.
- Bueno, pero llámame en cuanto sepas algo. Y por favor ten mucho cuidado, no sé que pueden querer de nosotros.
- Ya, no te preocupes, haré la llamada y después te lo contaré todo. Tranquila, no será nada, quizá quiera que le ayudemos, no era de una ONG?
Sonrió mientras le daba un beso suave en los labios y un pequeño tirón de pelo.


A la una en punto, Luz miró el reloj, esperó unos eternos 15 minutos y con el móvil en sus manos, temblando, dudaba en hacer una llamada a Juan. Finalmente se decidió a esperar, era él el que debía llamarla cuando tuviera alguna noticia.

El teléfono se le resbaló sin querer, los nervios, pero por fin respondía a la llamada. Juan le dijo que cuando saliera del trabajo fuera directamente a casa. No quiso contarle nada más.

A las 5 y media, Luz entraba sin aliento en su pequeño piso. Juan estaba allí, sentado frente al ordenador, y tomando notas. La miró muy serio, pero a la vez excitado, con esa mezcla de alegría y preocupación, esa expectación que solía preceder a la partida a alguno de sus viajes. Pero esto no podía ser, no habían vuelto a viajar desde su viaje a África.
- Bueno qué?
- Te preparo un té mientras te cambias, tengo mucho que contarte. Ha sido un día muy largo, y hay muchas novedades.
Luz no protestó, sabía que era mejor no atropellarse, y un té le vendría estupendamente. Estaba segura de que todo tenía que ver con la niña.
Así era todo tenía que ver con la niña, pero jamás se habría atrevido a imaginar, ni en el más optimista de sus sueños, lo que Juan le estaba contando.
- Marc Cotagge consiguió nuestro teléfono y dirección a través del comisario de Ruanda, aquél al que entregamos la niña. Por lo visto, Marc no quiso perder la pista de ella, porque allí la vida tiene muy poco valor, y menos la de bebés que no tienen ningún futuro. Pero según me ha dicho su labor allí pasa por socorrer a cualquier persona con la que tengan contacto. Y en este caso esta niña tuvo la suerte de cruzarse en su camino.

Siguió dando cuenta de  la conversación y a la vez conteniendo con gestos a Luz que quería replicar airadamente a determinados pasajes del relato.
Hasta que quedó muda ante el cariz de los acontecimientos.

Marc se había hecho con la niña, con la excusa de llevarla él mismo, a los Servicios Sociales, tal y como les dijeron a ellos. Pero estos Servicios Sociales no eran lo que su nombre anunciaba, al menos en lo relativo a la infancia. Allí los niños eran tratados según edades, y la clasificación consistía en si tenían edad para empezar su carrera de soldado, niños soldados concretamente.
Así Marc no entregó a la niña, la llevó con él a la sección de bebés. Allí era más sencillo rescatarla de un futuro incierto, o mejor de ningún futuro.
Tan sencillo como hacer una mínima puja, mínima porque pudo convencerles de que la niña estaba enferma, y no valdría ni para trabajar. Entonces se la dieron, no querían perder el tiempo, ni los recursos alimentando a quien no le serviría para nada.
El final de la historia parecía sencillo comparado con todo lo anterior. Marc, volvía a Europa, el día 1 de julio llegaría a Bruselas.

- Y ahora viene lo mejor, llega a Bruselas, y no viene solo.

Luz abrió los ojos aún más, si es que esto era posible. Y enarcó las cejas en gesto interrogativo.

- Si, viene con la niña.

La muchacha se cubrió la cara con sus manos, en un gesto alegre, pero que en seguida se tornó preocupado.

- Y porque nos ha llamado para contárnoslo?
- Cariño, esto parece un sueño, un descalabrado sueño. Al parecer nos quiere entregar la niña, dice que nosotros la queríamos, y que somos lo único que tiene.
- Pero… cómo, cómo…- no acertaba a concluir la frase, Luz tartamudeaba, y sin saberlo estaba llorando. Juan se había acercado a ella y la abrazaba. Tampoco sabía qué hacer, pero estaba seguro de que el día 1 de julio estarían en Bruselas.
La vida acababa de abrir una ilusionante puerta delante de ellos.




 Asun© 15 de julio de 2013


miércoles, 3 de julio de 2013

SAN FERMÍN Y MICHAEL JACKSON.

-Corre
-Si, si, si…

Sin decir nada más empecé a correr, tan rápido que me tambaleé durante una décima de segundo, suficiente para saber que todo podía acabar en ese mínimo instante de tiempo. Y desobedecí la primera regla de la carrera. No mirar nunca hacia atrás, la segunda ley es correr, correr todo lo que se pueda, pero inteligentemente, poniendo los cinco sentidos en ello, para no caer o llevarse por delante al resto de corredores. La tercera es retirarte a un lado cuando te den la orden acordada.

Yo desobedecí la primera, miré en un movimiento breve hacia atrás, muy levemente pero lo suficiente para ver una cabeza enorme, unos ollares nasales, que se inflaban y desinflaban a ritmo frenético y una lengua inmensa saliendo por un morro rodeado de babas, que se desprendían a un lado y a otro, mojando aún más el suelo ya empapado.

Comprendí, que no era el agua lo que hacía resbaladizas aquellas limpias losas del empedrado de mi calle favorita de España, la calle Estafeta: lo que la hacía endiabladamente resbaladiza eran las babas de los toros.

Por encima de su nariz, boca y ojos, vi sus cuernos. Dos estupendas astas que así, a unos centímetros de mi espalda, me parecieron cobrar unas dimensiones imposibles de asimilar.

Y me acordé de mi madre, mamá adiós, de mis hermanos, os quiero mucho, de mi trabajo, compañeros gracias por todo, de mis amigos, no los podía haber tenido mejores… y entre mis amigos estabas tú, te vi bailando tus pasos favoritos, bailabas la secuencia completa del thriller de Michael Jackson, te vi maquillado y vestido como él, en la fiesta de graduación del instituto hace unos años, estuviste genial y te confieso que fue entonces cuando me enamoraste sin remedio y para siempre.

Todo eso vi en ese segundo interminable en que cometía el error de volverme y ver ese miura detrás de mi tan rápido, que finalmente no me hizo ni caso, no reparó en mi, que me apartaba gracias al tirón preciso que me diste en el momento justo.

Entonces nos adelantó, pasó de largo en su loca carrera, mientras yo conseguí pegar mi espalda al cierre de un comercio. Y juraba que me quedaría allí para siempre, pegada a esa pared o a cualquier otra, y que jamás volvería a ver un toro en mi vida. Ni por la tele.

Y tu mirándome y riendo, con la expresión que te deja en la cara el subidón de adrenalina, como si hubieras visto las mismas secuencias que yo en lo que pensaba era mi último momento de vida, te pusiste a bailar aquellos pasos de Michael Jackson.




Asun® 8 de Julio de 2012

martes, 25 de junio de 2013

Soplo de aire fresco (microcuento)



     Cuando ella llegaba, un soplo de aire fresco invadía la habitación. 




     Siempre se olvidaba de cerrar la puerta.




Asun©30 de abril de 2013

domingo, 16 de junio de 2013

Aquellas historias de Marcelina, Barcelona 1943

-*-*- He releído este capítulo de mis historias de Marcelina, y me ha apetecido compartirlo-*-*-

Aquellas historias de Marcelina, Barcelona 1943

Y Marcelina se vio transportada a la España de 1943, bajando de un tren en la estación de Francia, en Barcelona.
- Marce, y ¿Cómo fue que se marchó a Barcelona?
- Muy sencillo, en el pueblo no había más que miseria, y mi madre tenía una prima en Barcelona. Padre y Madre pensaron que yo podría aprender a coser, ya que de hecho lo hacía para mi casa, cosía la ropa de mis hermanos y la nuestra, a partir de  lo que mi madre sabía y alguna mujer más del pueblo, pero yo me apañaba bastante bien, y me gustaba, pronto lo hice mejor que ellas. Y el campo no era buena salida para una muchacha.
     Así que me vi viajando a Barcelona con una maleta mínima, pues mi vestuario se reducía a lo puesto, en ese momento el mejor de mis vestidos, y a otro más de diario. Y con unas pesetas que mi padre pudo reunir para no mandarme sin nada.
Un día entero tardé en llegar, así como suena, 24 horitas. Salí a las 7  y llegué a las 7 del día siguiente.
     Llegué a la estación de Francia. Una estación grande, ajetreada, gente sobre todo humilde, como yo, bueno como yo no tanto, porque yo era una cría, 14 años. 



Pero ni por un momento me sentí acobardada, desde que el primer día me llevó el tío de mi madre al taller de costura donde  trabajaría y a aprendería corte y confección. Una sola vez y al día siguiente, y todos los demás fui y volví yo sola.
      Pero nunca me perdí, y no solo eso, sino que la modista, esa que has visto en la foto, en seguida me hizo el primer encargo, tenía que entregar tres vestidos acabados en los  correspondientes  domicilios de las clientas.
      Y no vayas a creer que estaban cerca unas casas de otras, no para nada. Pero aunque mi memoria siempre ha sido bastante aceptable, en seguida me hice con una libreta. En ella apuntaba todas las direcciones y los tranvías y explicaciones de cómo ir. Y alguna indicación más sobre la marcha, cosas que a mí me iban a hacer recordar el camino. Que si había que pasar por una fuente grande en forma de concha, si pasaba por la puerta del teatro Apolo, que si un edificio que luego supe que era el Gobierno Civil, todo me valía a mí para recordar el camino.
     Y mi mayor sorpresa vino cuando al entregar los vestidos, y cobrar lo que me había dicho la modista, siempre me daban una propina. La primera vez en cuanto llegué al taller, repasamos las cuentas y di todo correctamente a la señora, y además le dije que me habían dado propina y también se la entregaba. “No, Lina, ella me llamaba así, este dinero es tuyo, tu lo has ganado y merecido por haber hecho el camino y la entrega”.
Esto sí que fue una novedad, porque este dinero podía ser enteramente mío, era independiente del que tenía que cobrar por el trabajo.
     Aunque era muy poco, todas las tardes me compraba un cucurucho de almendras tostadas que me sabían a gloria bendita, por lo ricas y por la satisfacción que me embargaba al poder permitirme semejante lujo. Y para las navidades, tres meses más tarde, había ahorrado para mandar al pueblo un vestido para mi hermana Marga, y varias cosas más para mis hermanos. Cuánto orgullo en aquél primer paquete, orgullo por mi parte y más aún por parte de mi madre y mi padre al recibirlo. Su hija Marcelina, lejos de casa pero siempre con ellos y siempre con el pensamiento en los cuatro hermanos que habían quedado atrás.
Uy se me ha ido el santo al cielo, esta cabeza mía quiere hacer como todos los viejos, solo hablar de sus cosas. ¿Qué pesada estoy verdad?
- Pues no, en absoluto, a mi sus recuerdos de juventud me siguen pareciendo un tesoro. Y cada día me doy más cuenta de lo que vale usted, Marce o mejor dicho, Lina.

     Mientras le decía esto estaba recogiendo las tazas del café y miraba a aquella anciana, que se había quedado con la sonrisa de la niña que comía almendras mientras esperaba el tranvía. Un tranvía pequeño, demasiado pequeño para todos los transeúntes que pretendían subir en él, pero que cumplía a la perfección su labor llevándolos a sus destinos.
   Marcelina recordaba cómo a ella no le molestaba esperar a que llegara, porque así tenía la oportunidad de observar el bullicio de la gente. Grupos de jóvenes que igual que ella habían acabado su jornada de trabajo, y reían de cualquier cosa. Vistiendo sus camisas blancas y sus pantalones anchos y sujetos a menudo por tirantes. Mujeres con cinturas bien marcadas y faldas de vuelo de almidón, las más afortunadas con medias de cristal, pero la mayoría luciendo sus bonitas piernas desnudas, y sus tacones siempre a juego con el bolso, ese único bolso y ese único par de zapatos. Qué guapas le parecían a ella, tan recién llegada y tan ávida de conocer e imitar sus maneras.

De nuevo volvió del pasado al escuchar:

- Adiós, hasta mañana, me subo, que mi hijo debe estar a punto de llegar de la universidad.
-*-*-*-*-*-*



Asun.BH® 26 de enero de 2013

viernes, 7 de junio de 2013

Caperucita roja en el metro.

     De nuevo tenía a caperucita delante de él, en el metro, y como siempre envuelta en su abrigo rojo. Hacía calor, la primavera estaba a la vuelta de la esquina, y ella tuvo que quitarse el abrigo, lo que vino a hacerle pensar que ya no iba a parecer caperucita roja, si dejaba de usarlo.

     Habían pasado tres meses, hacía calor, y de nuevo en el vestíbulo del metro estaba ella.

     Corrió con todas sus fuerzas hasta llegar a su lado. Caperucita sollozaba, tambaleándose. Casi sin detenerse le pasó un brazo por los hombros y la consoló, para en seguida seguir su loca carrera.
     Por fin le alcanzó, y sin reconocerse a sí mismo, le arrebató el bolso. Le costó un fuerte forcejeo, el carterista tenía manos duras como garras, y la destreza y fuerza de un lobo joven, pero él tenía determinación y valor, como un leñador fuerte del bosque.

     Cuando volvió junto a la muchacha, se lo devolvió tiernamente, mientras ella alisaba nerviosa, su brillante vestido rojo.




Asun© 16 de abril de 2013

sábado, 25 de mayo de 2013

Vejez, divino tesoro.

- Aparta chaval, te la estás jugando!!!

     No sabía por qué cuando se topaba con los muchachos de finales de 2084 le salía su lado más chulo y provocativo. Por no decir directamente macarra o quinqui.
Pero no, los provocativos eran ellos, si hubieran vivido como ella en los 80, pero los años ochenta del siglo XX, no habría durado ni medio telediario. Claro que ellos qué saben lo que eran los macarras, ni los quinquis, ni siquiera los telediarios.

     Ay… si es que tener el cuerpo de veinteañera no le quita a una el estar a puntito de cumplir la friolera de 125 castañas. Casi ná.
     Aún recuerdo cuando en la década de 2040 los avances médicos en el campo del retraso del envejecimiento empezaron a ser espectaculares. Hasta el punto de que aunque a mí me pillara ya muy, muy madurita, me hicieron retroceder años y hoy tengo este cuerpo espectacular, tanto que francamente no me reconozco, ni le tengo el cariño de antes, cuando de repente me miraba al espejo y veía una arruguita más o esas ojeras, por no decir las adorables canas, ¡vejez divino tesoro!




®Asun, marzo2013

.-.-.-.-
Relato con el que participé en ENTC en marzo.